LA MANIFESTACION CONTRA LA REFORMA LABORAL ACABA CON 418 PERSONAS OCUPANDO LOS ANTIGUOS CINES DE VIA LAIETANA.

El sábado a las cinco de la tarde se reunieron en Pza. de Sants alrededor de unas 700 personas para protestar contra la reforma laboral y con la intención de animar a la convocatoria de una segunda huelga general, prevista para el 27 de enero. El acto fue convocado por la agrupación Asamblea de Barcelona, y a pesar de contar con la presencia de CNT, CGT i otros sindicatos alternativos, se hizo notar bastante la ausencia tanto de Comisiones Obreras como de UGT.

 

 

 

 

Texto: Veronica Encinas Fotos: Francesc Sans

 

Lo que comenzó siendo una manifestación tranquila contra el recorte de las pensiones y la reforma laboral, acabó con altercados en pleno centro de Barcelona y culminó con el desalojo de más de 400 personas del edificio de los antiguos cines de Via Laietana, pertenecientes al Grupo Balañà.

El sábado a las cinco de la tarde se reunieron en Pza. de Sants alrededor de unas 700 personas para protestar contra la reforma laboral y con la intención de animar a la convocatoria de una segunda huelga general, prevista para el 27 de enero. El acto fue convocado por la agrupación Asamblea de Barcelona, y a pesar de contar con la presencia de CNT, CGT i otros sindicatos alternativos, se hizo notar bastante la ausencia tanto de Comisiones Obreras como de UGT. La manifestación, que cubría varios kilómetros entre Pza. de Sants y Pza. Sant Jaume (punto donde teóricamente debería haber finalizado), se fue animando a medida que transcurría la tarde.

El número de personas llego a engrosarse entorno a los 1000 participantes y a lo largo del recorrido se fueron sucediendo distintos altercados. Grupos de varios jóvenes se dedicaron a pintar con spray y a empapelar con carteles diversos lugares del camino, llegando a causar enfrentamientos con algunos de los comerciantes. Varios de los puntos más destacados que sufrieron las tropelías de los manifestantes fueron la sede de Parcs i Jardins en calle Tarragona, la Oficina del Treball en calle Sepúlveda y el Corte Inglés de Pza. Catalunya. Cabe destacar que también hubo ciertos momentos de tensión entre los participantes de la manifestación y los medios de comunicación, al no dejar los primeros que se tomaran fotos de aquellas personas que pintaban o enganchaban algún cartel.  Por otra parte, a medida que la marcha se aproximaba al centro de la ciudad, se empezó a correr la voz de que había miembros de la policía secreta infiltrados, lo que exaltó aun más los ánimos de los manifestantes.

Finalmente, la manifestación desembocó en Via Laietana, justo a la altura del número 55; donde los representantes de la Asamblea de Barcelona detuvieron la marcha y anunciaron que el edificio de los antiguos cines se convertiría en la “Casa de la Vaga”, lugar en el que se llevarían a cabo los preparativos de la próxima huelga general del 27 de enero. Sorprendentemente, según han declarado los propios miembros de la asamblea, el edificio se encontraba ocupado desde el martes 18 de enero, hecho que por lo visto ha pasado totalmente inadvertido para los propietarios y la policía.

Desde la fachada del edificio se desplegó una enorme pancarta y se abrieron las persianas metálicas para que entrara todo aquel que quisiera. Manu Simarro, miembro y representante de la Asamblea de Barcelona, explicaba a los periodistas que la Casa de la Vaga se iba a destinar a acciones de asesoramiento y apoyo para personas en situación de paro, cuando los Mossos de Esquadra anunciaron que se produciría la intervención policial si no se dispersaban los manifestantes. A partir de ese momento se iniciaron una cadena de altercados tanto en frente del edificio ocupado como en las calles colindantes.

Lejos de hacer caso a las advertencias de la policía los ocupantes cerraron las puertas y se parapetaron durante más de tres horas en el antes llamado Palacio del Cinema. En las calles de alrededor se produjeron varias cargas policiales contra los manifestantes que se habían quedado fuera y que daban gritos de apoyo al resto de sus compañeros encerrados.

Con el fin de evitar que se produjeran altercados similares a los del edificio de Banesto de Pza. Catalunya durante la pasada huelga general de septiembre, el conseller de Interior, Felip Puig, ordenó el desalojo inmediato del inmueble. No tardaron en llegar los furgones especiales de los Mossos con los aparejos necesarios para echar las puertas abajo. Casi dos horas estuvieron estudiando cómo entrar y llevar a término la operación, dado el elevado número de personas que se encontraban dentro. Varias calles fueron acordonadas, impidiendo la circulación normal de coches y peatones, que se veían obligados a desviar su ruta. Mientras, desde las ventanas, los “okupas” lanzaban gritos de resistencia e improperios a los agentes de la ley.

Por fin, al filo de la media noche, la policía empezó a forzar las puertas de metal a golpe de martillo, y luego con una sierra radial hasta que se abrieron paso haciendo un agujero. A penas unos minutos después salieron, primero los dirigentes de la Asamblea de Barcelona puño en alto, y un poco más tarde, uno a uno, todo el resto de ocupantes. A pesar de que los altercados iniciales pronosticaban una salida poco pacífica del edificio, no hubo ninguna detención ni heridos. Los 418 okupas fueron identificados, salvo unas pocas personas que fueron llevadas a comisaría por no tener en su disposición el documento de identidad.

Uno de los miembros del comité de huelga y representante de CGT de Catalunya, Armengol Gassiot,  declaró a su salida que la irrupción de la policía se había ejecutado de forma ilegal, ya que en ningún momento se presentó a los ocupantes la orden judicial de desalojo que les fue solicitada reiteradamente. También afirmó que muchos de los manifestantes encerrados habían sido o bien agredidos, o bien arrastrados para forzar su expulsión del edificio, cuando nadie había mostrado resistencia.

El domingo, las declaraciones del conseller Puig no dejaban lugar a duda  “a partir de ahora se ha acabado la impunidad para los que piensan que ocupar propiedades privadas y alterar el orden público forma parte del paisaje de Barcelona y de Cataluña”. Por otro lado, la Asamblea de Barcelona manifestó que la intervención de los Mossos de Esquadra se produjo de manera “totalmente injustificada y desproporcionada”.

Parece ser que después de lo ocurrido este fin de semana, los manifestantes no tienen intención de cesar en sus reivindicaciones y la convocatoria de huelga para el día 27 de enero se mantiene en pie. Solo cabe esperar que ante las nuevas medidas “disuasorias” del nuevo gobierno de CiU los acontecimientos de este fin de semana no se repitan…

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