Joan Tugores: el apetito por el riesgo, la combinación letal que nos ha llevado a la crisis.

Joan Tugores es catedrático de la Universidad de Barcelona. Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas, ha publicado varios manuales sobre economía y colabora periódicamente con medios de comunicación especializados. En su entrevista concedida a Revista Rambla, explica a grandes rasgos los cómos y porqués de la crisis del sistema financiero.

 

 

 

 

 

Texto Veronica Encinas Texto Francesc Sans

 

Joan Tugores es catedrático de la Universidad de Barcelona. Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas, ha publicado varios manuales sobre economía y colabora periódicamente con medios de comunicación especializados. En su entrevista concedida a Revista Rambla, explica a grandes rasgos los cómos y porqués de la crisis del sistema financiero.

 

Algo que nos repiten continuamente nuestros políticos es que hay que salvar el sistema financiero… ¿de qué hay que salvar a este sistema exactamente?

Cuando se habla de salvar al sistema financiero se utiliza a los clientes con pocos ahorros y poco capital como rehenes por parte de las cúpulas de los sistemas financieros. Por tanto, es cierto que quien ha fallado clamorosamente son estas cúpulas financieras, lo que merecería sanciones importantes, pero al final, a quien están utilizando para pagar todo este problema es a la ciudadanía, que somos los rehenes que utilizan para pedir a los poderes públicos estos “rescates”. De esta manera, la excusa que esgrimen es que están en riesgo los ahorros de millones de personas con el fin de ser rescatados, pero finalmente quien consigue impunidad con todo esto son las cúpulas, que son las culpables de las decisiones que se han tomado y que nos han llevado a esta crisis.

 

Aunque esto ya se veía venir desde antes… sobretodo aquí en España, más de una vez se había hablado de la burbuja inmobiliaria.

La dinámica pre-crisis fue que “mientras la música suene, nosotros seguiremos bailando”. Y así fue, había comportamientos individuales de cada entidad muy poco razonables. El premio nobel Joseph Stiglitz ya advirtió en su momento de los bonos que se les otorgaba a los altos ejecutivos por vender mayor número de hipotecas. Esto era una prima a la irresponsabilidad y se daba en cada entidad de manera individual. Pero también a escala global, ya que el lobby financiero de Estados Unidos había ido consiguiendo desde los años 80 que todas las regulaciones que limitaban los comportamientos irracionales de la banca se fueran eliminando. Se confiaron en el hecho de que disponían de instrumentos de control de riesgo que les ayudaban a controlar el sistema. Simon Johnson, consejero económico del FMI, designó esta tendencia como el “golpe de estado silencioso”, ya que el lobby financiero cada vez era más potente e inmune. Esto llevó también a que con la caída de los mercados muchos Estados se vieran arrastrados debido a las interconexiones que existían entre la cúpula financiera y la cúpula reguladora de los propios Estados. Por otro lado hay que constatar que esto no es la primera vez que pasa, ya ha habido otras crisis debido al endeudamiento excesivo…

 

Sí, pero esta vez ha sido más grave.

Sí, porque ahora los instrumentos financieros son mucho más complejos y se han extendido con más facilidad, gracias al fenómeno de la globalización. El elemento común que ha existido en todas las crisis financieras siempre ha sido el sobre-endeudamiento, que es una moneda de doble cara: endeudamiento y exceso de concesión de créditos; también se conoce como “lending boom and over borrowers” en vocabulario financiero. Lo que sucede es que siempre que ha pasado algo así se ha olvidado muy rápido el pasado. Parece que las tanto las cúpulas financieras como las políticas siempre se autoengañan diciendo “esta vez es diferente”.

 

¿Y no lo es?

No. Lo que es diferente son  los modelos matemáticos de gestión y control de los riesgos que han mejorado y son mucho más sofisticados; pero en cambio el error que se comete es el mismo que se cometió ya en el pasado.

 

¿Cómo se pasa de un sistema más o menos controlado y restrictivo a otro que no se preocupa de conceder tales cantidades de crédito?

La concesión de crédito siempre se ve con buenos ojos a corto plazo porque los intereses son muy tentadores. Se acaba cayendo en la dinámica de pensar que cuanto más se preste mejor, porque los ingresos de intereses aumentarán. Lo malo es que el volumen de deudores capaces de devolver estos préstamos es finito, y una vez se pasa de ciertos límites es cuando nos encontramos con los problemas de recuperación de las deudas. Los sistemas financieros no aprenden, o no quieren aprender, a diferenciar este límite y aplican lo que viene siendo “el apetito por el riesgo”. Esto se fomentó durante los años anteriores a la crisis a nivel global, debido a que había una gran cantidad de ahorro y mucha abundancia. A esto hay que añadirle que los tipos de interés estaban históricamente bajos, lo que impulsaba a la gente a pedir más préstamos. Por otro lado, aquellos que tenían algo de dinero ahorrado quisieron invertir en factores que dieran rendimientos muy elevados, sin querer conformarse con la bonificación que obtenían con los productos tradicionales de ahorro e inversión. La gente no se conformaba con ganar solamente un 1 o 2% con sus inversiones y se lanzaban a contratar productos financieros complejos sin entender su funcionamiento, aunque la verdad es que ni aquellos que los comercializaban los llegaban a entender. Psicológicamente la gente tendió a infravalorar el riesgo de los productos más rentables.

 

Y también a creer ciegamente en los banqueros…

Bueno, la gente cree en lo que quiere creer… Más bien la gente no creía cosas que no le convenía creer. Los tipos de interés artificialmente bajos generaron este apetito por el riesgo. Esto ha pasado muchas veces en la historia. También es cierto que todo esto estuvo acompañado de comportamientos poco éticos de los banqueros que comercializaron estos productos financieros tan complejos que ahora se conocen también como “activos tóxicos”.

 

¿Qué pasará con las cajas? ¿Se acabarán convirtiendo en bancos?

Pues parece que sí. Las que no superen el “test de solvencia” se verán obligadas a hacerlo, y otras en cambio, lo harán voluntariamente, como La Caixa.

 

¿Es que acaso molestaban a los otros bancos?

Bueno, en realidad las cajas empezaron a comportarse como bancos ya hace mucho tiempo. Pero sí, molestaban por la asimetría entre unos y otros: una caja podía comprar a un banco pero no a la inversa. Esto era así porque las cajas no tenían títulos de propiedad que cotizaran en bolsa. Por tanto, eran competidores que no se podían comprar.

 

¿Esto nos supone una pérdida grave como usuarios?

Yo creo que como usuarios ya habíamos perdido porque las cajas se estaban comportando como bancos. La proximidad al cliente, que era lo que las distinguía, ya había desaparecido en gran medida.

 

Por otro lado también es preocupante pensar en cual será el futuro de la obra social de las cajas. Es probable que se establezcan mecanismos de salvaguarda para mantenerla, pero eso ya dependerá mucho del proceso de conversión que realicen, ya que se necesita una inyección de capital  muy importante para rescatarlas. Esto, por tanto, estará en manos de aquellos que acaben comprando las actuales cajas o nacionalizándolas, en el peor de los casos.

 

¿Cómo se proyecta la salida de la crisis?

Yo creo que hay dos modelos para salir de la actual crisis. Uno es el modelo de la “national champions”, que solo tiene en cuenta las 10 empresas más grandes de un país y considera al resto elementos complementarios. El otro modelo es el de los “hidden champions” (campeones ocultos) que da más importancia al tejido conformado por las pequeñas y medianas empresas del país. La cuestión esencial es saber qué priorizaran los nuevos dueños del sistema financiero. Sospecho que finalmente se decantarán por el primer modelo

 

Pero nuestra economía se sustenta sobre todo en la pequeña y mediana empresa.

Ya. Pero la pequeña y mediana empresa está presente en nuestra economía de forma muy discreta, alejada de los canales mediáticos y del entramado institucional. Las pymes están maltratadas.

 

Pienso que la reactivación de nuestra economía tendría que pasar precisamente por nuestro principal activo, que es esta masa crítica de empresas que tiene tantos problemas de visibilidad. Evidentemente tiene mucha más repercusión mediática un ERE de una gran empresa que despide a 2000 personas que el cierre de una a una de cientos de pequeñas empresas.

 

Entonces, la salida a la crisis todavía se ve lejana. ¿Podríamos llegar en España a casos tan extremos como el de Grecia, Islandia o Argentina?

Quiero pensar que no… Aun así, en el pasado también se descartaron situaciones políticas y económicas que al final llegaron a pasar, como en el caso de Argentina. Lo peor de estas crisis es que acaban afectando al terreno político y facilitan mucho la entrada de gobiernos populistas. Unas clases medias empobrecidas y atemorizadas que no ven futuro ni para ellas ni para sus hijos son fácilmente capturables por argumentos demagógicos de primer orden. Esto sucedió el siglo pasado en Europa y ahora en España tenemos todos los ingredientes necesarios para que vuelva a pasar. Sin duda, el problema de un deterioramiento económico aun más grande sería una inestabilidad política muy preocupante.

 

Sin embargo Alemania parece que ya ve la luz…

La principal diferencia entre España y Alemania es la composición de su PIB. En el año 2009 el PIB de Alemania llegó a caer aun más que el de España, pero ellos, a diferencia de nosotros, tienen inversiones mucho más competitivas que se han reactivado junto con la demanda mundial. En cambio en España, el sector inmobiliario tenía entre 5 y 7 puntos del PIB, por encima de la media europea. Este exceso ha caído y seguramente para siempre.  Lo que significa que hemos perdido como mínimo un 5% de nuestro PIB de forma definitiva. Esto implica que solo para recuperar la normalidad necesitamos nuevas fuentes de generación de riqueza que representen este 5 por ciento y que ahora mismo no existen. No hay creación de nuevas empresas porque tampoco hay concesión de créditos y, por tanto, no hay reactivación económica.

 

¿Tal vez sea porque no sabemos fomentar la riqueza propia que tenemos?

Ese también es un factor bastante influyente. Pero aun así creo que la reactivación económica de España pasa por la convergencia de tres factores: la confianza en la creación de nuevas PYMES, que siempre han sido nuestro principal motor, buscar nuevos sectores de inversión, desarrollo y fomentar las exportaciones. Evidentemente para conseguir esto es necesario volver a abrir (de forma razonable) el grifo del crédito a las empresas.

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