SAMUEL ARANDA: “El día en que la fotografía se convierta para mí en sólo un oficio, lo dejaré de hacer”

Como fotoperiodista, Samuel Aranda ha cubierto conflictos y problemáticas sociales en escenarios como el Sahara Occidental, China, Palestina o Cachemira. Pese a que confiesa no acodarse de por qué comenzó a dedicarse a la fotografía (“Cayó una cámara en mis manos y comencé a hacer fotos en Santa Coloma sobre okupas y movimientos sociales que luego vendía a El País, a El Periódico…”, asegura), lo cierto es que este barcelonés de apenas 30 años cuenta a día de hoy con una larga trayectoria profesional.

 

 

 

 

Estefania Pérez

Como fotoperiodista, Samuel Aranda ha cubierto conflictos y problemáticas sociales en escenarios como el Sahara Occidental, China, Palestina o Cachemira. Pese a que confiesa no acodarse de por qué comenzó a dedicarse a la fotografía (“Cayó una cámara en mis manos y comencé a hacer fotos en Santa Coloma sobre okupas y movimientos sociales que luego vendía a El País, a El Periódico…”, asegura), lo cierto es que este barcelonés de apenas 30 años cuenta a día de hoy con una larga trayectoria profesional. Una trayectoria ligada inevitablemente a la temática social ya que Samuel asegura levantarse cada mañana pensando que las fotos que realizará para uno u otro trabajo pueden cambiar las cosas. “Todavía lo pienso”, confiesa sonriendo Aranda. “El día en que la fotografía se convierta para mí en sólo un oficio, lo dejaré de hacer”, asegura.

Con 19 años su primer destino fue Gaza. Un lugar especial para Samuel, que se ha desplazado hasta la mayor y principal ciudad de la Franja de Gaza hasta en seis ocasiones. “Con el tema de Gaza empiezas un poco porque es donde pasa algo, un sitio muy de actualidad, pero al final te acabas vinculando tanto con la gente de allí que ahora vuelvo cada año o cada dos años. Tengo muy buenos amigos allí”, confiesa. De su última estancia son las fotografías que hoy recogemos en Revista R@mbla. Instantáneas realizadas para la agencia France Presse en 2002 en las que se refleja la última y más fuerte operación israelí. Diez meses fueron los que Samuel Aranda estuvo en Gaza. “No nos dejaban salir. Cerraron las fronteras y lo convirtieron en una cárcel. No podía entrar ni salir nadie. Ni comida, ni electricidad, ni medicinas, ni gasolina… casi nada. Si eres extranjero lo vives sin mucho problema porque, al estar con una agencia, siempre tienes una serie de gente que trabaja para ti: un traductor, un conductor… No teníamos ninguna necesidad sin cubrir. Siendo extranjero tienes esa ventaja. Vivíamos en un apartamento y no teníamos problemas ni a nivel de comida ni nada. Eso sí, la gente con la que yo trabajaba, los palestinos, no podían encender ni la luz de casa”, relata. Cuando le preguntamos cómo es la convivencia con los palestinos, Samuel asegura que son inusualmente hospitalarios. “Están al límite del desastre y, por ejemplo, no ves ningún vagabundo en la calle. Son cosas que te chocan. La gente tiene un sentimiento de comunidad, de ayudarse unos a otros, el rollo ese musulmán que a mí me gusta mucho; hacen piña. Si uno tiene un poquito, ese poquito lo divide entre los otros 10 para que ninguno tenga nada. No ves ni un disminuido mental en la calle. No es como aquí, en Barcelona, que te das un paseo por la Rambla, que es una de las calles más caras de Europa, y está llena de vagabundos y la gente ni los mira o pasan por al lado y los miran mal. Eso allí no existe”.

Otra de las preguntas que hacemos a Samuel es cómo es la relación de los lugareños con los periodistas y, para nuestra sorpresa, Aranda confiesa que “en Gaza no existe ningún problema con los periodistas. A nivel personal son gente que te lo da todo. Cuando llevas allí dos semanas te sientes parte de la familia. Los compañeros fotógrafos de otras agencias, palestinos, te invitaban a casa a comer o a cenar con sus familias. Hay un trato muy personal desde el principio. También esto es causa un poco por vivir tan al límite siempre, eso hace que las relaciones humanas sean siempre más intensas. No es lo mismo que te vayas a tomar un café aquí con un amigo, que que estés con un tío currando en un coche blindado y estén pegando tiros y bombardeando y ese día salís vivos de ahí los dos juntos”. Este fotógrafo barcelonés también asegura que los gazatíes son conscientes de lo que se transmite de ellos a nivel internacional pero que confiesan no entender por qué se transmite eso e ellos. “Luego llegas allí y no es la situación real. Por ejemplo, lo de Hammas ahora. Hammas no deja de ser un partido político que tiene unas milicias o brigadas, que nosotros llamamos grupo terrorista, y que esta gente a parte de lanzar cohetes contra Israel monta hospitales, tienen universidades, escuelas, se encargan de los familiares afectados por los bombardeos… hacen un montón de trabajo social. No ganaron unas elecciones porque sí”, argumenta Aranda, que continúa diciendo: “Yo creo que todo efecto tiene una causa. ¿Por qué existe Hammas y se va radicalizando? Porque la gente está hasta los cojones de no poder ir a comprar. De hecho, ahora el conflicto que hay en Gaza es mayoritariamente entre Hammas y Al Qaeda. El día que continuemos puteando a Hammas y Hammas caiga, los que van a coger el poder allí será Al Qaeda, y será mucho peor”.

 

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