CRÓNICA DE UNA HUELGA

altMiércoles 29 de Septiembre. Primera hora de la mañana. Barcelona está inquieta. Se ha despertado rebelde. Sus ciudadanos tienen ganas de decir lo que piensan, de hacerse escuchar. Se manifiestan en contra de la nueva reforma laboral. Su forma de protesta, no ir a trabajar. Los piquetes de diversos movimientos sociales, entre los que se encuentra la Assemblea de Barcelona,

 

 

 

Texto: Blanca Mendiguren Fotos; Francesc Sans

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Miércoles 29 de Septiembre. Primera hora de la mañana. Barcelona está inquieta. Se ha despertado rebelde. Sus ciudadanos tienen ganas de decir lo que piensan, de hacerse escuchar. Se manifiestan en contra de la nueva reforma laboral. Su forma de protesta, no ir a trabajar. Los piquetes de diversos movimientos sociales, entre los que se encuentra la Assemblea de Barcelona, intentan que así sea. Seguidos de cerca por los Mossos d’Esquadra, peinan Vía Augusta en busca de comercios abiertos. Silban a sus trabajadores. Les acusan de esquiroles. Algunos establecimientos cierran tras la insistencia, los gritos de “cierra la persiana” y algún que otro empujón.

 

Los piquetes sindicales también actúan. Su manera de hacerlo es algo diferente. Se paran enfrente del negocio y hacen sonar sus silbatos. No gritan. No tanto. “No forzamos a nadie a cerrar, nuestra acción es pacífica. Nos limitamos a silbar y a informar a la gente de nuestras ideas” explica una afiliada a UGT. Según ella, “lo cierto es que la mayoría de los que están trabajando se alegran de vernos porque, en realidad, quieren manifestarse. Muchos negocios han prohibido a sus empleados secundar la huelga”.

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2.00 h. del mediodía. Las calles cada vez están más sucias. Se han vaciado bolsas de basura. Hay infinidad de folletos esparcidos por el suelo. Plaça Catalunya se convierte en el epicentro de la protesta. Son muchos los ciudadanos que han acudido a la llamada de los sindicatos. Su objetivo, unir sus voces en un solo grito de inconformismo con intenciones de ser tan alto y claro como para que llegue al Gobierno central.

 

CGT es uno de los organismos que insta a tomar las calles, a luchar con la palabra como arma. A medida que pasan los minutos, la multitud congregada ante Portal de l’Àngel engrosa sus filas. Hoy, todos los caminos convergen aquí. Los simpatizantes del sindicato van peregrinando hacia el punto de encuentro. A pie, pues el transporte público también está de huelga. Alzan puños, protestan a viva voz, izan pancartas con lemas como “Contra el estado y contra el capital, huelga general”. Una huelga que sus miembros califican de exitosa.

 

Según Carlos Navarro, activista de CGT y responsable de la relación con los medios de comunicación, “éste es el principio del fin, ha de ser el inicio de una movilización social contra la reforma laboral y contra el decretazo. Se ha de ir hacia políticas sociales y no seguir los dictámenes del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial”. La de CGT es una movilización al margen de CCOO y UGT, ya que estos sindicatos “son parte del problema y han participado activamente en la domesticación del movimiento obrero”, explica Navarro.

 

13.00 h. Los activistas deciden ponerse en movimiento. Banderas rojas y negras al viento. Dirección, Plaça Universitat, donde Comisiones Obreras está también de concentración. Canciones de ska conforman la banda sonora de la marcha. Pasan por delante de la antigua sede del Banco Español de Crédito, aún ‘okupada’ y de la que cuelgan nuevas pancartas. Algunas poco tienen que ver con la protesta de la reforma laboral. Se puede leer “Llibertat detinguts d’Askapena. Solidaritat amb Euskalerria” en una de ellas.

 

13.30 h. La cosa se desmadra. Se suman a la marcha los antisistema. Empiezan las pintadas. La calle Pelai está bañada en espray. “Vaga revolucionària, ara i sempre”, “Tourist you are the terrorist” o “El capital apesta” son algunos de los eslóganes. También se ve algún símbolo anarquista. Estrellan globos de pintura en la fachada de los bancos. Vuelcan contenedores de reciclaje, que colocan en medio de la calzada para bloquear el paso de los furgones de los Mossos. Se llega a Plaça Universitat. Tiran petardos. Los manifestantes se desorientan ante tanto alboroto. La gente corre. Alguien ha prendido fuego a un coche de la Guardia Urbana. El humo se extiende y el sonido de las sirenas resuena por toda la plaza. Dos helicópteros de la policía sobrevuelan la zona. La concentración se disuelve. La violencia de unos pocos ha impedido a los activistas pacíficos manifestarse.

 

15.00 h. – 18.30 h. Los Mossos desalojan a los ‘okupas’ instalados en la antigua sede del Banco Español de Crédito. La huelga continúa. Los intentos de los antisistema de boicotearla, también. Las bicicletas del servicio público de Bicing, así como el mobiliario urbano, sufren las consecuencias. Los sindicatos condenan rotundamente todos los actos de violencia y vandalismo. Y consiguen manifestarse. Comisiones Obreras, UGT, USOC, CSIC y multitud de asociaciones recorren las zonas principales de la gran ciudad seguidos de sus simpatizantes. Según los sindicatos, la manifestación central ha concentrado cerca de 400.000 personas en Barcelona.

 

{morfeo 72}

00.00 h. Fin de la jornada. Fin de la huelga. Principio de la lucha sindical, de la movilización social, de una nueva etapa de protesta.

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