NACE LA FUNDACIÓN LLUÍS LLACH, UNA AYUDA PARA ÁFRICA

Hace ya dos años, Lluís Llach fue de vacaciones a Palmarin, una comunidad rural de Senegal, y regresó a España con una idea en mente, la de crear una fundación con la que poder ayudar a los habitantes de esa región. El cantautor catalán ha querido contribuir así a acortar el largo camino que África ha de recorrer hasta llegar a su completo desarrollo. “No iba con intenciones de empezar un proyecto, pero tener el corazón abierto te lleva por caminos inesperados”,

 

 

 

Texto: Blanca Mendiguren Gomila Fotos:  Francesc Sans

 

 

Hace ya dos años, Lluís Llach fue de vacaciones a Palmarin, una comunidad rural de Senegal, y regresó a España con una idea en mente, la de crear una fundación con la que poder ayudar a los habitantes de esa región. El cantautor catalán ha querido contribuir así a acortar el largo camino que África ha de recorrer hasta llegar a su completo desarrollo. “No iba con intenciones de empezar un proyecto, pero tener el corazón abierto te lleva por caminos inesperados”, explicaba Llach durante la presentación de la fundación. El azar le llevó a un puerto del que vio salir pateras mar adentro. Al volver al mismo lugar diez días después, se dio de bruces con la realidad, apareció el cayuco repleto de cadáveres. “Me impresionó, pensé que debía ayudar”, decía. Reunió un grupo de amigos y decidió crear la Fundación Lluís Llach que, en palabras del cantautor, “me hace sentir humano”.

 

Son dos los proyectos que la fundación ha iniciado. El primero de ellos ha sido bautizado como Yayoma-Maremar, madre y mar en Serèr, la lengua de Palmarin. Su objetivo, crear sesenta y seis lugares de trabajo, dando prioridad a los jóvenes, para sesenta y seis familias diferentes. En definitiva, intervenir en la economía de cerca de 1200 personas. ¿Cómo? Convirtiendo las pateras en piraguas para la pesca, evitando así que la emigración sea el único horizonte posible. Hace seis meses se financió la primera piragua, explotada por diez trabajadores. Pasados dos años, esta piragua capitalizará otra y así sucesivamente hasta que, dentro de cuatro años, la iniciativa se convierta en una cooperativa que los propios trabajadores gestionarán de forma autónoma y de la que la fundación dejará de hacerse cargo. Palmarin tendrá su propio negocio.

 

El segundo proyecto de la fundación, que se titula como una de las canciones de Llach, “Anem més lluny”, pretende ayudar en el terreno de la educación facilitando herramientas para enseñar informática a los niños. Los alumnos de la escuela de Palmarin no tienen libros, ni tampoco material escolar. Por eso, la fundación ha creado un aula de informática en la que ahora descansan veinte ordenadores, que tienen la finalidad de convertirse en una herramienta pedagógica. Cada mañana, un grupo de alumnos van turnándose para tener contacto con esas máquinas tan desconocidas para ellos. Además, la gente de cierta edad que lo desee también puede utilizar el aula. En esta línea, la fundación quiere crear un ciber que permita a los habitantes de Palmarin informarse y comunicarse con el resto del mundo.

 

Estos son los proyectos que la fundación ha puesto en marcha y que Lluís Llach explicó durante la presentación de los mismos, momento que también aprovechó para protestar contra la actitud del Consulado Español. Como explicó el cantautor, el Presidente de Palmarin estaba invitado a la rueda de prensa pero “increíblemente, no le han dejado pasar, querían saber el estado de sus cuentas bancarias”. Les daba miedo que quisiera emigrar. “No ha podido venir porque al consulado no le ha dado la gana”, decía Lluís, indignado. Sin embargo y a pesar de este incidente, el cantautor acabó la presentación con una sonrisa. “Como decía en una de mis canciones, hay otra manera de vivir, y es ésta”, comentaba. “Estos proyectos a mí me hacen vivir”.  

 

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