EL BANCO DE ALIMENTOS DE BARCELONA, EN LUCHA CONTRA LA POBREZA

altLa pobreza no es una realidad exclusiva del Tercer Mundo. Habita también en nuestra sociedad, en lo que se conoce como el Cuarto Mundo. Personas sin hogar, drogadictos, ancianos desamparados. Gente que invierte su vida en sobrevivir, que no tiene medios para cubrir sus necesidades básicas.

 

 

 

Texto; Blanca Mendiguren Gomila  Foto: Francesc Sans

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La pobreza no es una realidad exclusiva del Tercer Mundo. Habita también en nuestra sociedad, en lo que se conoce como el Cuarto Mundo. Personas sin hogar, drogadictos, ancianos desamparados. Gente que invierte su vida en sobrevivir, que no tiene medios para cubrir sus necesidades básicas.

 

Muchos de los que se encuentran en esta situación se han visto siempre atrapados en la pobreza.  Muchos otros, por distintos motivos, se han topado de repente con ella. Todos necesitan lo mismo: ayuda. Los Bancos de Alimentos, entre otras organizaciones no lucrativas, se encargan de prestársela. En España existen cincuenta y dos. Son asociaciones provinciales que nacen con la finalidad de ayudar a los que pasan hambre. Reciben alimentos de diversas empresas solidarias con su causa y los entregan a las entidades benéficas con las que colaboran, para que éstas los repartan a quienes lo necesitan.

 

La crisis económica ha sumido a más gente en la pobreza. Ana Sancho, directora del Banco de Alimentos de Barcelona, nos explica cómo afecta esta situación a la entidad, así como la labor de ésta fundación en la sociedad.

 

El Banco de alimentos entrega a entidades benéficas los alimentos que recibe de una serie de empresas que se solidarizan con su tarea. ¿Desde 2008, año en que comenzó la crisis económica en la que aún se ve sumergida España, hasta ahora, en qué grado ha aumentado la demanda de ayuda alimentaria?

Hay varios parámetros que podemos analizar. Por una parte, desde enero de 2009 hasta el día de hoy, hemos pasado de atender 57.381 personas a 103.736, en la provincia de Barcelona, que es nuestro ámbito de actuación.

 

Los beneficiarios de vuestra labor pueden dividirse por sectores de población en familias, inmigrantes, jóvenes, etc. ¿Qué sector ha aumentado más?

El grupo que más ha crecido, y multiplicado por tres desde 2008, es el de las familias y personas autóctonas. Los de aquí. A finales de 2008, lo conformaban 14.369 personas. A junio de 2010, un total de 43.806.

 

El de los inmigrantes también ha crecido, pero mucho menos, un 16%. Te hablo de la tipología de personas que han acudido a nosotros (aclara). Los inmigrantes se han estabilizado, ya no hay tantos porque hay crisis. Es un grupo importante, como ves, pero el que ha aumentado significativamente es el otro.

 

Puede afirmarse que actualmente mucha más gente necesita una ayuda para cubrir sus necesidades básicas. ¿Estaríamos hablando del surgimiento de un nuevo perfil de solicitante?

Obviamente. Son grupos de familias cuyos progenitores han perdido su trabajo y, sobretodo, tienen muchas cargas hipotecarias y crediticias.

 

En relación con esto, hay que destacar que todas las personas vienen a recibir ayuda para salir de la pobreza, pero hay perfiles que son muy difíciles. Las personas mayores, jubiladas y que se quedan sin pensiones siempre serán dependientes o necesitarán ayuda. A las personas de aquí, de casa, que acaban de perder el trabajo y que tienen una hipoteca a su cargo de la que no se pueden liberar, hay que ayudarlas de otra manera. Hay que animarlas a que salgan cuanto antes de esta situación de pobreza.

 

Algunas entidades benéficas condicionan la ayuda alimentaria a estas personas a la búsqueda de trabajo. Les hacen un seguimiento que también hacen los servicios sociales. Cada perfil necesita una ayuda psicológica diferente. En este caso, se les ha de animar y se ha de entender la situación desde el punto de vista hipotecario.

 

Y este trabajo, este seguimiento, es el que se realiza en nuestro departamento de distribución, que está en continua relación con las entidades benéficas. De hecho, el día 6 celebraremos una reunión con las de L’Eixample y Les Corts. También hemos invitado al Ayuntamiento de Barcelona, con quien también trabajamos muy estrechamente. Reuniones como ésta sirven para que las entidades de cada barrio se conozcan entre ellas, hagan sinergias, y aprovechen transportes y demás.

 

Son muchas las empresas, como Carrefour o Coaliment, que os ceden excedentes alimentarios. A raíz del incremento de la demanda por parte de la población, ¿han aumentado su generosidad para con el Banco de Alimentos?

No la han disminuido. Es importante que se sepa. No quisiera transmitir que el sector de distribución no es solidario, porque no es cierto. No es cierto. El mensaje que queremos transmitirles es: ¡por favor, seguid ayudándonos! Apelamos mucho más a su responsabilidad social corporativa, que no sólo nos den alimentos excedentarios sino también alimentos porqué sí.

 

En el Banco de Alimentos estamos en buenos niveles en comparativa con el año pasado. Porcentualmente, casi estamos un poco por encima. Más o menos igual, que ya es una gran noticia. Sin embargo, el incremento de demanda no nos deja tranquilos, porque al menos querríamos llegar a repartir la misma cantidad por persona que dimos el año pasado. Así que tenemos que hacer mucho más trabajo, ser más creativos, fidelizar más a nuestros donantes, mejorar la comunicación, etc., etc.

 

Pero lo importante es que la generosidad de las empresas no ha decaído, que conseguimos mantenerla. Para nosotros la relación con el sector agroalimentario y de distribución es clave y buena. A partir de ahí, cada uno tiene su realidad. Pero nos apoyan. ¿Qué siempre se puede mejorar? Por supuesto, ¡sólo faltaría!

 

Atendéis a entidades. Entonces, a raíz de la crisis, ¿son más las que solicitan vuestra colaboración por tener que ocuparse de un mayor número de solicitantes?

Sí, claro. En Junio teníamos treinta y cinco nuevas entidades que nos pedían ayuda. Aprobamos a veinticinco. O sea, de un día para otro, teníamos casi seis mil personas más, porque son las que ellas atienden.

Para que una entidad forme parte de la red del Banco de Alimentos tiene que ser homologada desde un punto de vista oficial, proceso que se lleva a cabo desde la Generalitat, y por nosotros. Hay unos compromisos que tiene que firmar, como el de no reventa y el de absoluta gratuidad.

Por lo tanto, no aprobáis todas las peticiones.

Hay muy buena voluntad y ahora surgen muchas iniciativas. La gente se junta y dice: “vamos a ayudar a la gente a dar alimentos”, y vienen al banco. Pero no, esto no va así. Repartir alimentos no es sólo: “toma, aquí tienes tu paquete”. Hay un trabajo de asistencia social muy importante. Tú no te constituyes en asociación porque tienes muy buena voluntad y quieres ayudar, y tienes el Banco de Alimentos que te va a dar alimentos. No. Si tienes ganas de ayudar, seguramente hay treinta asociaciones en tu barrio a las que puedes echar una mano. Aunemos fuerzas, porqué sino surgen asociaciones a tutiplén.

 

¿Hay gente que os llama para ayudar a título individual?

Sí. En una ocasión, me llamó una chica que había hecho una compra de carne muy grande. Y yo: “ahhh! Pues no te preocupes, ¿dónde vives?”. En estos casos, ponemos directamente en contacto a la entidad benéfica con esa persona. Nosotros no recogemos esos alimentos, sería un coste muy elevado por un paquete de carne. Ahora, tres o cinco kilos de carne para una entidad que tiene veinte beneficiarios… ¡pues qué bien!

 

También surgen iniciativas solidarias. Una chica que tiene una floristería el día de Sant Jordi puso una parada en Rambla Catalunya con el lema “Una rosa y un kilo de arroz”. El precio de la rosa era el kilo de arroz. Fue una magnífica idea.

O la mona solidaria. Una pastelería que repartía un trocito de mona gratis, con su platito y su historia a todos los que iban allí a donar alimentos. Fue una gran manera de ayudar.

 

Veo que funcionáis de una forma más industrializada, como una empresa.

Tenemos que funcionar con criterios de eficiencia empresarial, pero somos una empresa no lucrativa. Estamos organizados para ser eficientes. Gestionamos muchos proyectos. Un aspecto importante a destacar es que nosotros pedimos alimentos, no dinero. Evidentemente, tenemos unos costes fijos y hay que financiarlos, está claro, pero si tenemos dinero la excepción es la compra de alimentos. Lo hacemos si es necesario, pero no es nuestra vocación. Recordad que se tira mucho alimento, así que lo que tenemos que hacer es aprovechar lo que se tira. Hay que buscar las maneras de descubrirlo.

 

Tenemos también otros proyectos. Por ejemplo, con la financiación que recibimos de las personas privadas y empresas que nos apoyan compramos neveras y congeladores para que las asociaciones y entidades diversas tengan capacidad de frío. También explicamos a la gente temas muy sensibles como la caducidad y el consumo preferente.

 

En relación con este aspecto, ¿podéis repartir productos caducados?

 El Banco de Alimentos no da nunca ningún alimento caducado. Punto. Esto es inapelable. Pero sí que hay una serie de productos que tienen fecha de consumo preferente (enfatiza en esta palabra), que se pueden consumir incluso pasada esa fecha.

No son productos caducados. Seguro que todos nosotros nos hemos tomado un yogur caducado alguna vez, ¡pero es nuestra elección! ¡Yo lo hago! (ríe – ¡todos lo hemos hecho!-), pero otra cosa es que una persona necesitada reciba algo caducado. Esto no puede ser. Es por ética. Por una cuestión de respeto. No damos basura. Entonces, cuando tenemos partidas con consumo preferente a punto de caducar, acompañamos esta mercancía con una carta de la empresa que dice: “esta pasta aún se puede consumir un par de meses más”.

¿Qué otros proyectos impulsáis?

En el banco de alimentos también cumplimos una función medioambiental. Evitamos la producción de CO2. Recuperamos los alimentos que se van a tirar y, en este sentido, por segundo año consecutivo hacemos zumo concentrado a partir de fruta de retirada. La Generalitat nos ha ayudado económicamente y nosotros hemos contribuido a través de los donantes que tenemos.

Está prohibida la venta de estos zumos, son sólo para distribución gratuita. A veces, vienen las entidades y dicen: “es que claro, esto pesa mucho, -pensad que ellos piensan en términos de transporte- ¿no lo podríais hacer en tetrabrik?”. Pues por poder, podríamos hacer cualquier cosa, ¡pero es que es bastante más caro!

A día de hoy, ¿desde el Banco de Alimentos se consigue satisfacer a toda la población que necesita ayuda?

Bueno, nosotros tenemos la política de no cerrar la puerta a nadie si cumple los requisitos. Por eso, estamos un poco estresaditos. Cubrimos toda la demanda que nos llega por parte de las entidades benéficas.

 

Así, ¿podéis proporcionar a las entidades todo lo que os piden?

Lo que hay que entender es que no somos un supermercado. Todo lo que aprovisionamos, lo que nos da el sector, lo distribuimos. No damos todo lo que la gente quisiera. Damos todo lo que podemos. Pero no cerramos la puerta a nadie. Podríamos, ¿eh? Para que a los solicitantes que tenemos les llegase a 200 kilos al año, podríamos atender a menos gente. Otros se quedarían sin nada y eso es lo que no queremos.

 

El año pasado, repartimos 84 kilos de alimentos por persona. ¿Es eso suficiente para alimentar a alguien? No, obviamente no. Es una ayuda. Una persona necesita como mínimo 220 kilos al año. Por eso, yo digo que ojalá nos dieran más, pero también hay que tener en cuenta que la media de los bancos norteamericanos es de 40 kilos por persona al año. En Europa creo que la cantidad está en 70. Por lo tanto, 84 kilos para un banco con tanta gente está muy bien. Está muy bien. Hay bancos en España que dan más alimentos a sus beneficiarios, pero tienen muchos menos. Las cifras siempre se han de leer con relación a los beneficiarios.

 

Intentáis repartir a todo el mundo…

Seguimos un criterio de justicia distributiva y por eso nos incrementa también la presión, el trabajo para lograr más alimentos.

 

Pero sigue siendo muy duro ver a gente rebuscar en los contenedores…

Sí, y por eso estamos trabajando mucho con las distribuidoras para que se animen todas ellas a donar las mermas. Y va creciendo la sensibilidad. No está bien que la gente remueva en las basuras, ya por dignidad.

 

Pero hay que entender también la realidad de las cadenas distribuidoras. Donar alimentos no es tan fácil. La empresa tiene la responsabilidad mientras el alimento está en su superficie. Si tu vendes un producto caducado, vienen a ti; si lo donas, también. Una vez que tú ya lo has tirado, lo has tirado. Hay un elemento ahí de responsabilidad. El Banco de Alimentos también es responsable de lo que dona a las entidades. Y no estoy excusando a nadie. Quiero un trabajo constructivo. Hay que montar las cosas. Hay que colaborar para dar facilidades, para que se conciencien.

 

El Banco de Alimentos no trata directamente con los destinatarios finales de los alimentos. Son las entidades benéficas las intermediarias, las que los atienden. ¿Algunos solicitantes intentan recibir más alimentos de los que les tocan?

Hay cierta picaresca. Hay personas que pasan de una entidad a otra a recoger alimentos. Y esto no puede ser. Tú tienes una entidad asignada, pues vas a recoger allí.

 

Un truco que hacen algunos inmigrantes es volver a ponerse a la cola tras recoger los alimentos, pero con un pañuelo diferente. Y uy, ¡circulan unos pañuelos!

 

Al fin y al cabo, es hambre, lo que tienen….

Claro, claro. Hay hambre y hay listillos. Hay en todas partes listillos, los hay.

 

Pero creo que los menos.

Yo también lo creo. Absolutamente. Yo también. Sin embargo, conozco la preocupación social.

Tampoco debe ser fácil venir a pedir comida…

Por eso. También es verdad que una vez hecho la primera vez, luego cuesta menos. Eso también es verdad. Pero sí, sí. Nosotros trabajamos con la buena fe de las personas. Corre este bulo de que hay mucha gente que abusa, pero no.

Por nuestra parte, hemos de vigilar. Es muy importante para nuestros donantes que no encuentren mercancía tirada en una calle, ya que la dan para que llegue al destinatario.

Hablando de la mercancía, ¿cómo es la que recibís?

Son productos de promociones ya pasadas, con errores de etiquetaje o abolladuras,  excedentes de producción… Muchas cosas, muchas cosas.

 

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¿Y las entidades benéficas que reciben vuestra ayuda?

Tenemos, por ejemplo, las misioneras de la caridad, las Teresas de Calcuta. Es maravilloso ir a visitarlas. Están en el Raval. Unas 400 personas al día comen ahí. Es impresionante lo que trabajan. Es muy bonito, muy bonito. Y hay muchos otros comedores sociales, residencias…

 

Y, como organización que sois, además de mercancía, necesitareis subvenciones. ¿Se mantienen?

Todo el mundo nos apoya. Está claro que con la crisis hay más demandas por todas partes. Sí que hemos notado un cierto descenso por parte de algunas de las ayudas. Pero seguimos colaborando con todas las entidades. Departamentos, Generalitat, Ayuntamiento y demás. Pero sí, bueno, claro, nos afecta, desde luego, ¡no podría ser de otra manera! Pero somos un partner importante para el Ayuntamiento. Damos un servicio social básico. La comida es lo primero. Si no hay comida, el resto da igual.

 

Teniendo en cuenta que el Banco de Alimentos ha tenido que ampliar su actividad, ¿los gastos derivados de la acción diaria y de operaciones como la transformación de fruta de retirada en zumos consiguen ser sufragados por los ingresos obtenidos de las subvenciones?

Sí, sí, sí. Nuestra economía está saneada. Nunca hay que dejar de buscar recursos, es nuestra vocación como fundación. Es importante que seamos capaces de difundir todo lo que nuestros donantes nos apoyan. Es nuestro compromiso. La mejor manera que tenemos de pagarles por su ayuda. Estamos bien, pero no dejamos nunca de buscar dinero ni alimentos.

 

El voluntariado es una parte vital de toda organización de estas características. ¿Ha aumentado?

Sí, sí. Vamos subiendo. De hecho, somos ocho personas contratadas y 95 voluntarios para mover toda esta cantidad de alimento. Además, ahora aumentará el número porque estamos planteando la gran colecta de noviembre. Necesitamos entre 5000 y 8000 voluntarios para toda Catalunya para esta campaña. Son la clave.

 

Explícanos en qué consiste esta colecta…

El nombre de la campaña es El Gran Recapte d’Aliments a Catalunya, el 12 y 13 de Noviembre. En esta campaña, que se hace por segundo año consecutivo, trabajamos para que la ciudadanía se acuerde de que una vez al año hay que ayudar a las personas que pasan hambre aquí. Es un llamamiento, una acción para la colecta de alimentos.

 

Pero tan importante como esto es la difusión del problema alimenticio de casa, de la gente de aquí. Entonces, este año, mejorando la experiencia del año pasado, nos centraremos en poner puntos de recogida en todas las cadenas de distribución que han querido participar en esta acción, en toda Catalunya, y el vehículo que hará que los potenciales donantes se enteren de esta campaña será el voluntario. Es decir, pondremos puntos de recogida de alimentos en los supermercados y mercados, en los que estarán también los voluntarios. Es una campaña de personas a personas. Queremos que el voluntario, formado por nosotros, sea el que, de una manera amable y educada, ayude a donar a la persona que quiera colaborar.

 

La campaña se desarrolla en mercados y supermercados porque es allí cuando todos pensamos en la comida. Si lo hiciéramos en una escuela, claro que habría gente que vendría, desde luego, pero creemos que el mejor lugar es allí donde está el alimento. La experiencia en otros países también nos lo ha mostrado.

 

En esta campaña, ¿haréis algún acto especial?

En el Banco de Alimentos vamos a celebrar una clasificación de alimentos el sábado 13. Habrá entre 100 y 200 voluntarios. Será todo un día de celebración en el que iremos recogiendo y recibiendo alimentos. Se pesarán y clasificarán, y al final del día se podrá visualizar todo lo que ha ido llegando al almacén. Es algo muy bonito.

¿No podríais hacer campañas como ésta más a menudo?

No, ni se te ocurra (se ríe). No es porque no queramos. Es porque estas campañas funcionan bien si hay personas que las animan. Un punto de recogida sólo pum, pum, pum… Además, no puedes estar molestando a la gente cada día. Todos tenemos problemas. Hay que pedir educadamente a la gente si quiere ayudar a los que pasan hambre aquí. Que tomen conciencia de que es aquí, que no es en Haití, que es aquí.

 

El próximo 16 de Octubre es el Día Mundial de la Alimentación. ¿Haréis alguna actividad  para fomentar la concienciación social respecto a la importancia de contribuir?

Estamos planificándolo. Estamos decidiendo si haremos una jornada de puertas abiertas o no. Aún no te lo puedo confirmar.

 

Más campañas de concienciación, más ayuda de particulares o de instituciones… ¿qué sería necesario para mejorar la situación de pobreza en la que viven tantas personas?

Las campañas, como te decía, no se pueden hacer constantemente.  

 

Pero quizás la población no sea realmente consciente de la situación. No todos sabemos que hay tanta gente que necesita ayuda en Catalunya. Sabemos que hay que ayudar a otros países pero la realidad de aquí…

Bueno, es que hay realidades que se explican más por la tele. Pero bueno, considero que nosotros salimos bastante en los medios de comunicación. Desde 2009, el Banco de Alimentos ya es una institución conocida, y cada vez más. Poco, claro, pero todo el mundo sabe lo que cuesta hacer conocida una marca. Es un tema de branding, pero social: escoger los mensajes adecuados en los momentos adecuados, no molestar a la gente, etc. ¡Pero yo entrevistas no dejo de dar! (sonríe). Considero que sí que hay una preocupación social. Pero siempre hay que seguir trabajando.

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