¡SALUD Y ÁGAPE!

altContinúan los conciertos. Continúa la fusión poético-gastronómico-musical. Continúa el dispositivo de música experimental LEM de otoño, con el barrio barcelonés de Gracia como laboratorio principal. Cada actuación es única y completamente diferente a la anterior, aunque todas consiguen lo mismo:

 

 

Texto: Blanca Mendiguren Gomila Foto: Francesc Sans

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Continúan los conciertos. Continúa la fusión poético-gastronómico-musical. Continúa el dispositivo de música experimental LEM de otoño, con el barrio barcelonés de Gracia como laboratorio principal. Cada actuación es única y completamente diferente a la anterior, aunque todas consiguen lo mismo: sorprender al espectador. Ya sea haciéndole participar en el experimento musical, con recitales poéticos poco convencionales, mediante la utilización de instrumentos un tanto extravagantes… O produciendo todo tipo de sonidos para ambientar historias que improvisa la voz, como hizo la propuesta del proyecto multisensorial Ágape, animando lo que habría sido un aburrido mediodía de domingo. Los protagonistas de la actuación, Enric Cervera, Joana Brabo, Pere Pina y Ramón Solé. El lugar escogido, la Casa Almirall, taberna en el corazón del Raval de Barcelona que aprovechó para celebrar sus ciento cincuenta años de vida.

 

Sentados en línea tras una mesa de madera, bajo una tenue luz de focos parpadeantes, sobre una tarima encarada a un público intrigado. Los protagonistas, naturales unos de l’Alt Empordà y otros de las Islas Baleares, rindieron un pequeño homenaje musical a un personaje que a todos ellos les es muy familiar. La Tramuntana, ese viento que sopla (y con mucha fuerza) en sus tierras. Ayudándose de guitarras eléctricas y de todo tipo de instrumentos caseros, el grupo puso ritmo a las palabras de Joana Brabo, que hablaban del campo menorquín y de anécdotas improvisadas.

 

“Un día me encontré una vaca en Menorca. Nos miramos durante mogollón de rato, la vaca y yo. Yo sabía que me entendía. A las vacas les encanta la música. Se movía al ritmo de lo que yo iba tocando…”. Las historias de Joana Brabo casi se podían tocar. Xilófonos, campanas, tambores, platillos y maracas representaban las escenas a partir de melodías alegres, misteriosas o relajantes. A ratos, parecíamos estar frente al mar. Otras veces, envueltos por el viento. Pero en todo momento, viviendo cada escena como si estuviera sucediendo. Viviendo, y saboreando. Durante toda la actuación, se pudieron degustar cocas de tomate, de espinacas con piñones, de higos con queso fresco sobre un cojín de membrillo y de muchas otras clases. Una exquisita selección de pastas típicas para multiplicar el placer de los sentidos y acabar de condimentar una cita con el gusto musical, gastronómico y artístico.

 

  {morfeo 88}  

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