MUSEOS DE CARTÓN PIEDRA

Todos hemos imaginado, alguna vez, como sería la casa de nuestros sueños. Las paredes vestidas en crema, el suelo de un parqué color miel, la chimenea de leña en el corazón del comedor. De pequeños, la habremos dibujado mil y una veces. Qué divertido habría sido poder construirla también. La mañana del domingo, fueron muchos los niños que pudieron hacerlo, crear una mezcla de la casa ideal y del museo perfecto.

 

Todos hemos imaginado, alguna vez, como sería la casa de nuestros sueños. Las paredes vestidas en crema, el suelo de un parqué color miel, la chimenea de leña en el corazón del comedor. De pequeños, la habremos dibujado mil y una veces. Qué divertido habría sido poder construirla también. La mañana del domingo, fueron muchos los niños que pudieron hacerlo, crear una mezcla de la casa ideal y del museo perfecto. El Museu Nacional d’Art de Catalunya prestó, por cuarto año consecutivo, su sala oval para realizar la iniciativa Construint a la Sala. Tijeras en mano e ideas en mente, un total de seiscientos participantes de entre siete y doce años crearon sus propios museos, pequeñas maquetas de 40 cm x 40 cm con ladrillos de cartón y Super Glue a modo de cemento.

¿La finalidad de la construcción? Destapar el lado más creativo y la capacidad de dar forma tridimensional a una idea. Antes de empezar a cortar y recortar, cada niño escogía la fotografía de la pintura o escultura que más le gustaba de entre las propuestas, todas ellas presentes en marco y tela entre las colecciones del MNAC. Una vez la imagen entre las manos, tocaba poner en marcha los engranajes de la imaginación para idear un diseño original que materializar en cartulina. ¿Y por qué el de un museo y no el de un rascacielos? Porqué es éste el hogar ideal para toda obra de arte. De este modo, con la excusa de albergar un cuadro de Ramon Casas o de Caravaggio, la iniciativa pretendía que los participantes descubrieran la estrecha relación entre arquitectura y arte.

Cápsulas de café, tapones de corcho, rollos de papel higiénico, pajitas de plástico, hueveras de cartón, tarrinas de queso de Burgos. Una infinidad de materiales, la mayoría reciclados, y todo tipo de herramientas inundaban cada mesa, auténticos talleres de creación espontánea. Todo cortesía de la asociación Construint a la Sala, encargada de la organización del evento. Convertidos en diseñadores y constructores por un día, los pequeños fueron dibujando, montando, pegando y despegando piezas, con la ayuda de los monitores, gran parte de ellos auténticos arquitectos. Los organizadores de la actividad, que empezó a realizarse  en el MNAC en 2007, tomaron la idea de Ámsterdam, dónde hace catorce años que el edificio de la bolsa acoge esta iniciativa. La mejor manera de hacer amigos a la vez que manualidades y de aprender a dar volumen a una idea con la ayuda de los expertos.

Blanca Mendiguren Gomila

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