“Un Soul Man luchando por sus derechos”.

altEn el año 2.004, una serie de artistas con pocos problemas económicos puso el grito en el cielo para defender sus intereses y quejarse por los royalties que estaban perdiendo por culpa de la piratería. Bruce Springsteen y Madonna, entre otros, marcaron el primer paso para defender los derechos de autor.

 

 

 

Por Alex M. Franquet.

Ilustración Alex Gil

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En el año 2.004, una serie de artistas con pocos problemas económicos puso el grito en el cielo para defender sus intereses y quejarse por los royalties que estaban perdiendo por culpa de la piratería. Bruce Springsteen y Madonna, entre otros, marcaron el primer paso para defender los derechos de autor. Al leer las noticias en la prensa, no pude más que echarme a reír en un primer momento. Luego, al meditarlo, vino la indignación.

         Y es que si estos multimillonarios se habían de quejar, ¡qué pensarían los cientos de artistas negros que forjaron el rhythm and blues y el soul en los años 50 y 60! Los pioneros de la música negra fueron simple y llanamente estafados por la industria discográfica de su época.

         Si hasta los mismos sellos discográficos dirigidos por afroamericanos les trataron mal, ¡qué llegarían a hacer las multinacionales dirigidas por ejecutivos blancos!

         Sam Moore es uno de los miembros del duo Sam & Dave. 40 años de carrera. En su mochila carga con algunos de los hits más recurrentes de la música soul. Se han utilizado hasta la saciedad en anuncios televisivos o películas. Y han sido versioneados en todas las épocas y por músicos de todo tipo.

         Cuando estaba a punto de cumplir los 65 años, quiso saber cuánto cobraría de pensión y descubrió que sería la bonita cifra de 67 dólares mensuales. No hubo tiempo para el sudor frío. Se fue directo a los tribunales.

         Resultaba que su compañía discográfica de toda la vida, Atlantic, no había cotizado por él nunca al sistema de pensiones que tienen derecho los músicos en Estados Unidos. Si eso pasaba con la pensión, era imposible conocer el dinero que había dejado de ingresar por el concepto de derechos de autor.

         Su batalla legal comenzó con una audiencia ante un comité judicial en California. Su abogado calculó que los sellos discográficos habían dejado de pagar, por sistema, entre un 10 y un 40 por ciento de cada royalty a los artistas. Lo comparó a la magnitud del fraude de la multinacional Enron.

         El resultado es que Sam Moore se ve obligado a seguir actuando para mantener una vida digna y para financiar a sus abogados.

         Hay muchos caballos de batalla en pugna en estos pleitos. Primero, las compañías discográficas alegan que los derechos de autor derivados de hace 30 o 40 años son muy difíciles de auditar. Después, que los directivos actuales de las discográficas no tiene porqué pagar los pecados que cometieron otros ejecutivos tiempo atrás.

 

Cálculos y preguntas.

 

Y la batalla es dura. Para recibir una pensión del sindicato AFTRA (American Federation of Television & Radio Artists) y tener derecho a seguro médico, un artista debe recaudar un cierto nivel de royalties anuales. La cantidad debe estar entre los 7.500 y los 15.000 dólares.

Pero, ¿cómo mantienen ese nivel de ingresos los músicos si las discográficas no pueden, o no quieren calcular con exactitud los derechos de autor? ¿Y quién tiene en cuenta los cientos de recopilaciones que se han hecho desde los años sesenta hasta la actualidad de los viejos éxitos? ¿Y cómo reciben los artistas de Estados Unidos los derechos de autor si no hay convenios de reciprocidad con los países europeos, por ejemplo? ¿Se imagina alguien los derechos de autor atrasados que debe tener Sam Moore por las veces que sus canciones han sonado en las radios de toda Europa?

 

Caso extremo: Mary Wells.

 

Desde Billie Holliday o Bessie Smith, la música negra ha ido produciendo casos dramáticos de artistas que han ido cayendo hacia el abismo. El caso de la cantante de soul Mary Wells fue todo un ejemplo porque abrió los ojos de muchos de sus colegas contemporáneos. ¡Y de qué manera!

         A los 48 años, a Mary Wells le habían diagnosticado cáncer de garganta. Lejos quedaban los años en Motown y aquel inmoral “My guy”. También quedaba lejos su decisión de abandonar Motown demasiado pronto. Vio antes que nadie las maniobras extrañas de Berry Gordy y, aprovechando que era menor de edad cuando firmó su contrato, dejó plantado al mandamás del soul de Detroit, a Berry Gordy. No es ningún secreto que Berry Gordy boicoteó la carrera de Mary Wells siempre que pudo a partir de ese momento.

         Sin seguro médico de ningún tipo ni pensión para mantener a sus cuatro hijos, Mary Wells acabó sus días más cerca de la caridad que de la abundancia.

         Su muerte despertó la conciencia de Sam Moore, y de las familias herederas de otros grandes nombres del soul como Jackie Wilson y Curtis Mayfield. Demandaron a la AFTRA por no haber asegurado que las compañías discográficas cotizaran a sus fondos de pensiones. También las casas de discos recibieron una demanda.

Las discográficas ofrecieron acuerdos que no convencieron a nadie. Y Sam Moore fue de los que no aceptó compensaciones para salir del paso. “Voy a luchar hasta mi ultimo suspiro. Nos quieren dar un dinero para que callemos pero yo voy a ir hasta el final”. Su lucha iba para largo. Tanto, que aún no ha acabado.

 

Nombres propios.

 

altGracias a estas presiones judiciales y a la labor de una fundación que se creó, la Rhythm and Blues Foundation, las compañías discográficas han reaccionado. Sony Music y Rhino Records eran de las que peor trataban a los pioneros del blues y del soul, pero han tenido que rectificar. También pasó lo mismo con EMI o con MCA (que tiene en su poder el valioso catálogo de blues de Chicago de Chess Records). Atlantic Records, donde grabaron tantos y tantos cantantes de soul, también se puso al día.

         La Rhythm and Blues Foundation fue creada en 1993 por la cantante Ruth Brown para proteger los intereses de los pioneros del blues y el soul. Ofrece desde seguros médicos hasta cobertura judicial en caso de pleitos. Tiene hasta programas de emergencia para artistas que rozan el desastre personal. El objetivo es que no se repita nunca más el caso de Mary Wells y de tantos otros que se quedaron en el camino.

Siguiendo el ejemplo de muchas fundaciones americanas, la Rhythm and Blues Foundation recibe aportaciones de Warner, Universal, EMI, BMI, BMG, MTV, House of the Blues, MCA and Polygram. De alguna manera, devuelven a los artistas lo que les quitaron hace un tiempo y les compensan.

         El presidente que dio un impulso definitivo a la Rhythm and Blues Foundation fue el cantante de soul Jerry Butler. Cuando le entrevistamos hace unos años, Jerry Butler se mostró satisfecho por los avances que han conseguido en cuanto a los derechos de autor.

Pero con cierta amargura también reconoce que si hubiese sido por la presión que han ejercido, las compañías discográficas hubiesen seguido estafando, sin demasiados remordimientos, a toda una generación de artistas. A la generación que forjó un estilo que ahora tiene imitadores de segunda fila en cada esquina, en cada edición de Operación Triunfo. Duffy o Amy Winehouse nunca llegarán a saber de esta lucha de los pioneros del blues y el soul. No todos los aspirantes a ser Marvin Gaye son John Legend. Por desgracia.

 

Un experto en demandas.

 

Lamentablemente para él, Sam Moore es todo un experto en demandas. Recientemente, hasta Obama utilizó su canción “Hold On, I’m Comin” como uno de los ganchos de su campaña para recaudar fondos. A Sam Moore no le gustó y reclamó que se dejara de utilizar. Claro que poco después, el mismo Sam Moore cantó “Soul Man” en una de las celebraciones de la toma de posesión de Obama.

         Otro político, Bob Dole, había utilizado ya esa canción (“Soul Man”) en las presidenciales de 1996, pero Sam Moore tuvo que reclamar otra vez que dejaran de usarla.

         Pero quizás la más queja más dolorosa fue la que tuvo que interponer contra la película “Soul Men” que produjo Hollywood el año pasado. Samuel L. Jackson era en esa cinta miembro de un duo sospechosamente parecido a Sam & Dave y que se habían basado en su carrera para inspirarse. Sin compensarle con nada. Como casi siempre. Como por costumbre. La demanda todavía no se ha resuelto.

 

El Museo del Soul.

 

Para acabar este primer capítulo no todo han de ser problemas ni noticias negativas en el mundo del soul. También hay quien se preocupa por conservar el pasado. Y es que uno de los grandes avances para la preservación del legado negro se produjo en 2003, con la inauguración del Stax Museum of American Soul Music en la ciudad de Memphis.

Donde antes se habían levantado los estudios de grabación del sello Stax se restauró el viejo teatro de la avenida East McLemore para todo tipo de actividades. Además, en el mismo emplazamiento se creó un museo interactivo y se levantó un equipamiento cultural de primer orden con una escuela para jóvenes músicos incluida.

         Una cibervisita al su página web www.soulsvilleusa.com es suficiente para darse cuenta de que el legado del soul sureño está a buen recaudo.

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