SANIDAD Y EDUCACIÓN PÚBLICA A LA DERIVA.

altAmbos tuvieron acceso a una educación pública que no les costó casi nada y, sin pagar casi nada también; complementaron su formación en el extranjero. Para mayores detalles, ella se llama Alicia

 

 

 

Texto: Cristian Jara Alvarado Fotos: Francesc Sans

“A este paso llegará un momento en el que solo podrán estudiar los ricos”.

“La privatización conceptualmente es fácil de explicarla, pero cuando te vas al bolsillo de la gente no hay privatización porque no hay dinero para pagar servicios privados”.

 

 

 

 

 

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Ambos tuvieron acceso a una educación pública que no les costó casi nada y, sin pagar casi nada también; complementaron su formación en el extranjero. Para mayores detalles, ella se llama Alicia García Ruiz (1974) actualmente es investigadora en filosofía contemporánea en la Universidad de Barcelona,  obtuvo el grado de  PhD por la Universidad John Hopkins (Usa) y es  candidata a doctora en filosofía por la universidad de Barcelona. Alicia cuenta que  algunos años atrás, cuando estudiaba en la universidad John Hopkins “me llegué a sentir parte de esa universidad pero también como una mercancía; una inversión”, no está en contra de eso pero  piensa que “la universidad pública es un bien que no se le debería negar a nadie”. Hace unos días,  Alicia presentó en la librería TAIFA de Barcelona un interesante libro titulado: Contra la privatización de la universidad, editado por editorial Proteus y que pone sobre la mesa el debate de la educación superior en España. Ese día también, la misma casa editorial,  presentó los libros: Te puede pasar a ti y El Médico Social  del doctor Albert Jovell, (Barcelona 1962), especialista en Medicina preventiva y Salud Pública, doctor in Public Health – Harvard University, Doctor en Sociología, por la Universidad de Barcelona, Master of Science in Health Policy and Management – Harvard University, Master of Public Health in Epidemiology –Harvard University, Doctor y licenciado en Medicina y Cirugía – Universidad de Barcelona.  Actualmente es presidente del foro Español de pacientes y director de la Universidad de los Pacientes; Albert dice que  de no haber pasado por la universidad pública de aquí, no habría logrado especializarse en Harvard, una de las mejores universidades del mundo.  A su juicio, no sólo  en temas de salud y educación, sino en general, la situación en España, de cara al futuro pinta muy mal. “La estrategia es preocupante. Ahora, la gente que necesita sanidad no tiene trabajo ni paga suficientes impuestos.  La sanidad pública tiene un problema  de demanda, en cambio,  el problema de la universidad es el exceso de oferta, hay muchas universidades, muchas facultades,  muchas cátedras. Una cosa es el derecho a la educación superior, que existan igualdad de oportunidades, y la otra es la universidad pública en España. Yo como estudiante de dos facultades diferentes y como profesor de otra facultad, luego de 23 años de experiencia y cuatro años en una universidad norteamericana, entiendo que la universidad pública aquí funciona mal;  me hace recordar al mundo feudal.

 

Para Alicia “existe una estrategia de desmantelamiento de la educación superior” y agrega que “la educación pública universitaria siempre ha tenido acusaciones por producir licenciados que no están adecuados a puestos de trabajo, pero claro, aunque haya  muchas burlas acerca de titulados ignorantes, mucha gente antes no habría podido tener acceso a la educación superior… eso ha tenido un fuerte impacto porque también  se ha formado una masa crítica  que, sin duda, saben leer e interpretar”. Por otra parte aclara que debería haber una racionalización de los recursos, castigar internamente desviaciones, excesos. “Hace varias décadas  aquí hubo un proceso de regularización masiva de Penenes y eso fue un coladero,  se hizo funcionario a magníficos profesores como a tipos ágrafos que no han escrito nada. Se debería evaluar a esas personas, si están ganando un sueldo que den unas clases, publiquen que para eso se les paga, pero el caso es que ahora  se está cargando sobre el estudiante todo el coste de servicio, y eso es inasumible por muchas familias”.  

 

En lo referente a la estrategia de privatización de la universidad de la que Alicia habla, Albert  está en desacuerdo, pues él no considera que exista dicha estrategia de privatización de la universidad pública. “Yo creo que lo que hay es una estrategia de desesperación. Muchos universitarios no tendrán un trabajo y marcharán fuera.  España y Cataluña están viviendo  una situación de desesperación económica. Por otra parte, la universidad pública está muy  desconectada de la sociedad, enfatiza y aclara: “nadie discute el concepto de universidad,  pero aquello  no significa no discutir las formas, la  universidad pública no rinde cuentas, es un sistema arcaico, asambleario.  Lo que tiene que hacer la universidad y no está haciendo,  es proveer intelectuales que opinen sobre un tema.  Y en  Cataluña y España hay una serie de personajes pintorescos que opinan de una cosa u otra pero que no aportan ideas científicas sino que son unos leídos. En Estados Unidos por ejemplo las cadenas de televisión  ABC, o CBS aportan profesores universitarios para discutir de los temas, es gente preparada.

 

Alicia cree sin embargo, que si es posible transformar la universidad pública en una universidad que rinda cuentas, que goce de capacidad de autocrítica y voluntad de situarse en unos niveles óptimos en lo referente a la calidad de la enseñanza; pero  lo que se está haciendo es dejar morir a la universidad,  languidecer hasta que todos esos servicios se vayan colocando de tal manera que los propios titulados se vayan ubicando en una especie de mercado superior por la cual algunos títulos dejarán de valer porque procederán de universidades devaluadas en términos de calidad educativa mientras otros irán ascendiendo; yo creo que eso es una estrategia bastante medida. Estamos ya conectados a la sociedad, otra cosa es que haya o no una fluidez en la comunicación. La universidad no debe restringir su  comunicar con la sociedad en función de lo que dicten determinados sectores. Ahora lo que no nos pueden decir es que las humanidades no son útiles en términos económicos. Dentro de lo que es el llamado  Horizonte 2020, de la unión europea,  se está haciendo una llamada directa a los agentes sociales y universitarios implicados en el hecho educativo, para que puedan participar en la definición de por qué la universidad es útil y qué tipo de competencias puede dar y cómo  puede enriquecer, digamos su contexto social.  No hace falta renunciar a todo diálogo con quienes están a cargo de esas políticas públicas, alguien puede querer ser útil pero también tiene el derecho de participar”.

 

Albert Jovell aclara que de lo que están hablando es un poliedro en el cual él y Alicia ven lados diferentes de la misma situación, dos caras de una misma moneda. Fortalece su punto de vista poniendo énfasis en un ejemplo muy concreto. “En Cataluña hay  nueve departamentos de economía en universidades públicas si sumamos,  dirección de empresas, tenemos catorce o quince departamentos.  En los cuatro años previos a la crisis todos estos tipos ¿qué hacían? La conexión con sociedad significa que estos departamentos de economía tendrían que haber advertido de esta crisis. Ahora salen en la tele explicando lecciones. Esta  burbuja inmobiliaria  no ha sido  diferente a otras burbujas en la historia de la  economía. Voy a poner un caso de médicos, cuando surgió el  virus nuevo de la gripe comenzamos a hacer números y dijimos: si se junta este virus con el virus de la gripe aviar… podemos llegar a una mortalidad de un 40 %  afortunadamente no sucedió, y el virus fue delicado entre comillas porque murieron 400 personas, las UCIs estaban llenas, fue una suerte que los nacidos antes de 1953 estuvieran protegidos por un virus parecido; pero la gente joven que ha tenido la gripe se nos ha muerto, hay  muchas cosas que no hemos explicado pero actuamos como profesión, como colectivo público. Hemos tenido departamentos de economía que  realmente han estado desconectados de la realidad y que ahora nadie les rinde cuentas, ¿donde estaban cuando se estaba gestionando esta crisis?, porque ¿acaso no eran funcionarios públicos con derecho a libertad de opinión, sin depender de ningún gobierno?, yo creo que ha habido un  fallo enorme,  cuando hablamos de desconexión de la sociedad no nos referimos que un profesor de universidad pueda investigar en aquello que crea útil sin dar explicaciones,  porque eso es la naturaleza de la universidad. Ahora bien, la privatización; conceptualmente es fácil de explicarla pero cuando te vas al bolsillo de la gente: no hay privatización porque no hay dinero para pagar servicios privados. Este es un país que se empobrece. Hay mucha gente en el paro  y el salario medio de una familia está en 20 mil euros. Y una universidad que está por debajo del Rankin no la va a querer comprar ningún inversor.  Le sale mucho más barato montar una de nuevo. Por lo tanto esto de que se habla de la privatización, puede que alguien tenga la estrategia de privatizar pero a mí los números no me salen, no hay dinero, ahora las pólizas de seguro sanitario algunas están en 35 euros mensuales,  ¿que se cubre con eso?, el que no la utilices, en cuanto  utilizas mucho o por algo muy sofisticado, te van a mandar a la pública. ¿Y por qué están en 35 y no en 150 euros como llegaron a estar en su día?, porque  la gente no tiene ese dinero, los salarios o los has perdido porque te has quedado en el paro o no han bajado mucho. Y la gente que tiene dinero ya envía a sus hijos a universidades privadas. Lo que yo he conseguido por beca los estudiantes ahora lo consiguen por financiación. Por lo tanto yo insisto, entiendo que la universidad tendría que ser capaz para conectarse con la sociedad y dar una solución para su actual problemática, cosa que tampoco está haciendo, es decir: su solución es la protesta, la queja continuada, el malestar,  pero no está dando una solución, hay un informe que ha aparecido del rector de Luxemburgo que decía que se tenían que fusionar universidades, es una tarea pendiente, si hay muchos departamentos similares repartidos por el mismo territorio.  

 

Para Alicia si la gente no puede acceder a un servicio público de calidad y cada vez se está cargando sobre los estudiantes el coste del servicio, “llegará un momento en el que solo podrán estudiar los ricos. Una serie de mecanismos de corrección de desigualdad que estaba en manos del Estado se derivarán al campo privado, porque los estudiantes tendrán que pedir créditos con intereses, ¿esa financiación será el mecanismo de corrección del mercado?, no, eso será una actividad lucrativa de los bancos, a eso es a lo que me refiero, esa privatización no es la compra de una universidad pública, es algo que es productor de dinero, de beneficios, en términos de rentabilidad de las investigaciones, todo eso va a generar dinero y acabará en manos privadas, volveremos, regresaremos a una situación injusta y absurda como la de que haya gente joven que tenga la curiosidad y ganas de estudiar y que no pueda por dinero, que te tengan que decir me guardas la matrícula porque no puedo pagarlo…

 

Una de las grandes diferencias que existe entre universidad y sanidad, para Albert Jovell es que en los hospitales el médico es un orgulloso de lo que hace y en algunos casos, orgulloso de la institución que representa; en cambio en la universidad eso no se produce, pues todo pasa más bien por un ejercicio pugilístico, hacerte amigo de tal, etc. Es un sistema diseñado para que engañes a todo el mundo.  La universidad pública no tiene competitividad ni recambio. El nivel de absentismo es alto. El problema está en las formas. Una serie de personajes acaban acumulando poder.

 

—También hay libertad, —dijo una señora del público

 

—O libertinaje, —contestó el doctor Albert.

 

Y enseguida pasó a ejemplificar su primera clase en la facultad de medicina del Hospital Clinic, cursaba la asignatura bioquímica, “prestigioso docente que ha recibido muchos premios de la Generalitat  en cuanto acaba la clase nos dice: ustedes están aquí porque han tenido suerte, son un número, mañana vengan, —eran los años ochenta,  había una huelga de Penenes— y sabrán donde se han metido.

 

Primera clase de la universidad de Harvard:

 

“tiene una invitación para ir a casa del decano que lo invita a una comida”.

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