La seducción de La Urbana

altLo que menos deseaba Antonio era restarle fidelidad a todas esas ideas que le despertaban, cada vez más, la consecuencia de haber conocido de cerca ese lugar que tenía por nombre La Urbana. Últimamente

 

 

 

 

Texto: Cristian Jara Alvarado ilustración: Evelio Gómez
alt

 

Lo que menos deseaba Antonio era restarle fidelidad a todas esas ideas que le despertaban, cada vez más, la consecuencia de haber conocido de cerca ese lugar que tenía por nombre La Urbana. Últimamente se pasaba largos periodos ensimismado; con las manos atrás daba pasos de un lado a otro, si alguien le dirigía la palabra alzaba la cabeza pero se mostraba poco predispuesto a escuchar. Pronto se resintió la relación con su mujer y dejó de sacar al parque los fines de semana a sus dos hijos; en el trabajo su rendimiento decreció y el director de la empresa le llamó la atención; ofreciéndole si acaso le interesaba, para poner en orden sus ideas, se tomara unos días a cuenta de vacaciones. En la matriz de ese ofrecimiento Antonio creyó encontrar una buena oportunidad para cumplir con el propósito que tenía en mente. Se avocó a sus convicciones para convencer a Amanda, esa noche hicieron el amor con la sed de dos náufragos y el hambre de dos leopardos, acariciándose hasta tarde con ternura elefanta. Antonio le suplicó a su mujer se valiera de su mejor pretexto en la guardería Los Ositos donde ella trabajaba como responsable de la zona amarillo pato y no encontró irresponsable que, en vez de asistir a la escuela, sus dos hijos fueran también con él. Resueltos los inconvenientes lo hablaron con detalle y calma y una vez listo el equipaje marcharon un fin de semana porque querían ver qué efecto les producía.  En  esos tres días lo asimilaron, se dieron cuenta. Como  nada había sido organizado para permanecer del todo, convencidos de su determinación  tuvieron que volver. Antonio dejó el trabajo, no hizo falta inventarse  motivos profesionales para despistar a su jefe pues como entre ellos además de entusiasmo laboral había sinceridad, abiertamente se lo confesó y, al mismo tiempo, le pidió fuera su cómplice para anotar que su salida de la empresa se debía, antes que a una decisión radical, a súbitos motivos personales. Con sus padres, mientras lo conversaban no hubo alteración mayor, nosotros te apoyamos le dijeron, si esa es tu determinación nosotros te apoyamos; aunque después de manera incontrolada los dos se soltaron a lloriquear. En el caso de Amanda fue duro porque para dentro de un mes estaba programada la fiesta de San Eustaquio y en la escuela infantil Los Ositos, se venían haciendo continuos preparativos que incluían viandas, bingos, gincanas y disfraces de papel crepe, titubeando explicó  a todos sus alumnos que debía hacer un viajepero ellos la miraban con ojos comprensivos; en cambio sus padres entraron en una crisis nerviosa que les bloqueó la capacidad del hablar. En relación a los hijos, Antonio y Amanda a primera hora se presentaron en la escuela para dar el cara a cara a los maestros y explicarles la decisión que había ocasionado la ruptura no solamente del año escolar sino de todo un trabajo de educación que podría resultar contraproducente para su futuro, o beneficioso, pensó Antonio. Tuvieron que vender el coche de Amanda, pusieron el piso en alquiler, cancelaron todas sus cuentas, anularon los teléfonos móviles y para cualquier correspondencia dieron la dirección de sus padres. En una cena de despedida intentaron explicarlo a los amigos pero ninguno lo terminaba de asimilar. Eligieron la madrugada de un viernes, cargaron el tanque de combustible, el equipaje necesario y viajaron con una enorme felicidad de espíritu porque después de varios intentos los cuatro juntos, esta vez por fin, abandonaban La Urbana.

 

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*