El castillo o “I, Daniel Blake” de Ken Loach

Autor: Juan Colas

Ken Loach vuelve, fiel a su estilo, con una nueva película con contenido social de izquierda y con la Palma de Oro del pasado festival de Cannes bajo el bazo.

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La novedad de I, Daniel Blake es su rabia, la fuerza de sus personajes movidos por la impotencia que generan los organismos del Estado (en este caso inglés pero aplicado a nivel diría que mundial) empeñados en no salirse de su papel de funcionaria burócratas y que en ocasiones o se muestran insensibles, cuando no inmorales, o atados a su silla por los órganos estatales.

Daniel Blake no es más que un anciano con problemas de corazón a quien su minusvalía no le llega para recibir ayudas estatales pero al que prohiben trabajar.

Rápidamente vemos que es un hombre fruto de la brecha informática y del socialismo bien entendido: no conoce un ordenador ni smartphone, se sigue enfrentando a la injusticia o a las absurdidades de la burocracia y ayuda al prójimo. Entre ellos a una mujer soltera y sin recursos, con dos hijos y sin ninguna ayuda.

Y así, Loach crea un nuevo superhéroe en épocas de Capitan America y Vengadores. Un superhéroe que quiere salvar a la sociedad antes que él, o al menos despertarla de su letargo. Daniel Blake se enfrenta al sistema y todos los burócratas y liberales habidos y por haber con un corazón enfermo pero enorme… de los que quedan pocos (si es que existen).

Ken Loach ya lo ha hecho más veces, cierto, pero así como en otras ocasiones trató de ponerle escenas entre familiares y cómicas, aquí uno solo se sonríe, por escándalo, de las absurdas pero reales situaciones que ha de vivir. La rabia, la furia ante una lucha por ser escuchado está presente en todos los planos y acciones de los personajes trasladándolo al espectador.

El problema principal es que la rabia del cineasta y la urgencia de la situación lo empuja a territorios sensiblones que a veces rozan el culebrón de tarde inglés y hasta asoma una ligera intención de hacerle caer la lágrima al espectador. I, Daniel Blake es una película donde los buenos no tienen aristas y los malos son execrables. Un vicio que ya ha cometido el cineasta en varias ocasiones y que acaba desdibujando el mensaje.

Así, su Daniel Blake se torna en un superhéroe de las causas sociales contra los malvados del estado. Un Daniel Blake: Social War para los de Marvel. Espectáculo de emociones cercano al telefilme de tarde para contar una situación real, alarmante y urgente. Situación que, si bien no resta importancia al mensaje, llena aún más de rabia al espectador que vive realmente esta situación. Si al menos sirviera para que surgieran personajes así…

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