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¿Cuáles son los ejes del programa de CIU?

“Después de 32 años en los que han gobernado los mismos, ofrecemos un cambio en positivo para Barcelona que tenga como prioridad a las personas y que dé respuesta a las necesidades de la gente para convertir la ciudad en un referente mundial en calidad de vida. El primer objetivo es luchar para salir de la crisis manteniendo una obsesión: la creación de puestos de trabajo, trabajar para que no se cierren empresas y pensando en el hecho de que nadie puede quedarse atrás. Y ofreciendo una nueva manera de hacer política que tiene, como ejes principales, escuchar a la gente, colaborar con la sociedad civil sin hacerle la competencia y todo en el marco de una administración que será ejemplar por su austeridad y por hacer cumplir las normas”.

¿El ambiente de crispación generado a raíz de los recortes en sanidad y las posteriores manifestaciones les puede ir en contra o al contrario, cree que todavía se verán beneficiados por la inercia de las autonómicas?

“En Barcelona hay mucho deseo de cambio, deseo de que las cosas sean distintas, de que se gestione el Ayuntamiento de manera diferente. Y creo que la gente quiere personas serias, que gestionen con rigor y sentido común el dinero que es de todos. Eso es lo que ofrecemos nosotros. El Govern de Artur Mas se ve obligado a poner al día las cuentas de la Generalitat, después de que el tripartito haya dejado las finanzas de Cataluña en una situación lamentable. En unos años se han gastado 7.600 euros más de los que tenían. Eso es una gran irresponsabilidad y creo que es una gran osadía que ahora intenten criticar los que intentamos poner un poco de orden”.

Teniendo en cuenta que usted ha sido consejero de Sanidad, director del ICS y vocal de hospitales, a nivel catalán y estatal, y que además es licenciado en medicina, ¿cómo valora las quejas originadas en el ámbito sanitario ante la amenaza de recortes? Habrá especialidades muy afectadas, plantas que van a tener que cerrar, la calidad del servicio puede debilitarse, los profesionales, que ya tienen una presión laboral importante y un sueldo proporcionalmente bajo puede que no aguanten, los interinos no tendrán plaza… ¿No se siente un poco entre la espada y la pared?

“A nadie le gusta tener que hacer recortes. En este sentido, el Govern de Artur Mas tampoco. El problema es que la Generalitat actualmente no tiene dinero. El gobierno del tripartito anterior se gastó un dinero, muchísimo dinero que no tenía, y ahora estamos obligados a cuadrar los números. El peor ataque contra las políticas de bienestar es gastar mal. Ahora hay que aplicar un fuerte ajuste, pero no para desmontar el sistema ni para reducir su calidad sino para salvarlo, fortalecerlo y que pueda crecer en los próximos ejercicios”.

¿Qué aspectos positivos y negativos destacaría de los últimos años de mandato socialista en Barcelona?

“Durante muchos años los socialistas han liderado con éxito el gobierno de la ciudad de Barcelona. La transformación, vinculada a las Olimpíadas de 1992, ha sido importantísima y Pasqual Maragall fue un gran alcalde. Después, las cosas se fueron torciendo. El PSC y los alcaldes que llegaron después han aplicado políticas erróneas, desarrollando una forma de gobernar y unas fórmulas agotadas. Han olvidado a las personas y a su gente y sólo se han dedicado a las piedras, al urbanismo puro y duro, al decorado”.

¿Hace falta un relevo en el Ayuntamiento de Barcelona? ¿Si la Generalitat y el Ayuntamiento estuvieran gobernados por el mismo partido eso ayudaría al país en el sentido de tener un centro de poder más fuerte, unificado y cohesionado a la hora de tomar decisiones importantes?

“Yo soy partidario de la colaboración y el acuerdo. Un alcalde debe ser exigente con la Generalitat para que cumpla sus compromisos con la ciudad, y yo lo seré con el Govern de Artur Mas, pero eso se puede hacer y lo haré desde la lealtad institucional, estando al lado del gobierno de mi país y asumiendo los momentos de dificultad que nos toca vivir. Un error grave del PSC y de Jordi Hereu es que mientras han estado sus compañeros de partido en la Generalitat él estaba callado, sin molestar a nadie, y cuando CIU y Artur Mas han llegado al ejecutivo, entonces se le ha despertado la vena reivindicativa y se ha dedicado a reclamar todo lo que no se había atrevido a hacer hasta ahora. Ningún alcalde, ni el de la capital de Cataluña, debe erigirse en el jefe de la oposición del Govern de la Generalitat, no es su rol. Yo lucharé con Mas y su gobierno para exigir lo que le corresponde a Cataluña pero desde la lealtad. Nos va a ir muy bien”.

¿Qué es lo que le motiva a presentarse en estas elecciones? ¿Lo percibe como su última oportunidad para acceder al poder local después de tantos intentos?

“Estoy decidido a liderar la ciudad de Barcelona desde la alcaldía para asumir los nuevos retos que afrontamos, estableciendo como prioridad máxima las necesidades de las personas. Mi obsesión es cuidar del bienestar de la gente, servirles. Por eso me hice médico y por eso entré en la política y por ese motivo ahora quiero ser el alcalde de Barcelona. Hace ocho años que trabajo para conseguirlo y estoy convencido que ahora los ciudadanos y ciudadanas de Barcelona me van a dar su confianza”.

¿La seguridad es un tema prioritario dentro del programa de CIU? ¿Se plantean poner más cámaras, incrementar la dotación policial?

“Según datos oficiales, uno de cada cuatro barceloneses asegura haber sido víctima de un delito en los últimos años. Es intolerable que tengamos un índice de victimización que hace años que no se registraba. El señor Hereu dice que ha puesto 1.000 agentes de la Guardia Urbana durante este mandato pero eso no es cierto. Sólo hemos aumentado la plantilla en poco más de 300 agentes y actualmente tenemos los mismos efectivos que en 1987. Nosotros implantaremos el modelo de guardia de barrio, que será una persona con raíces en el territorio que hará prevención e interactuará con vecinos, comerciantes y con el tejido asociativo. También exigiremos la dotación de Mossos d’Esquadra que le corresponde a la ciudad”.

¿Qué opina del resto de líderes que rivalizan con usted por la alcaldía?

“Respeto la capacidad de trabajo de todos ellos y valoro como algo muy importante su determinación para defender y hacer avanzar Barcelona; es con esta determinación con la que quiero contar el día después de ganar las elecciones: para construir y superar, todos juntos, la actual de situación de crisis que vivimos”.

Otra cuestión esencial es la del turismo: supone una inyección económica nada despreciable pero tiene la contrapartida del ruido y de los que asocian diversión con alcohol y vandalismo, con el consiguiente estorbo que esto supone para los vecinos. ¿Cómo abordarán este punto?

“Barcelona es una marca de éxito en el mundo y el turismo es uno de los motores de nuestra actividad económica. Este sector genera ocupación y representa el 15% de la riqueza de la ciudad. A pesar de todo, conozco a personas que me dicen que los turistas les sobran. Debemos apostar por el turismo de calidad y que los vecinos perciban que la riqueza que nos dejan los visitantes revierte en la ciudad y, sobre todo, en los lugares que concentran más presencia de visitantes, como por ejemplo Ciutat Vella”.

¿La abstención y la desafección del ciudadano ante la política serán los otros enemigos a batir?

“La actual situación de crisis económica, el gran porcentaje de parados (hasta el punto de que en la ciudad de Barcelona hay más de 108.000), la crisis social que se deriva de eso, con decisiones erróneas tomadas desde la política, han llevado a mucha gente a desilusionarse, a la desafección. Desde la política no nos vale sólo con lamentarnos en época de elecciones o justo después cuando las cifras de abstención se disparan. Es responsabilidad de todos hacer frente a estos problemas, con una gestión pública que destaque por su rigor y solvencia, que sea ejemplar y profundice en los mecanismos de participación ciudadana. Ése es el camino”.

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