VIDOCQ: DE LADRÓN A POLICÍA El primer detective privado

altMujeriego, duelista empedernido, militar precoz, desertor y pirata, ladrón y presidiario experto en fugas, todo esto fue Vidocq antes de dar un giro copernicano a su vida y ponerse al servicio de la ley. Creador de la primera oficina de policía secreta e inventor de muchas

 

 

 

 

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Mujeriego, duelista empedernido, militar precoz, desertor y pirata, ladrón y presidiario experto en fugas, todo esto fue Vidocq antes de dar un giro copernicano a su vida y ponerse al servicio de la ley. Creador de la primera oficina de policía secreta e inventor de muchas técnicas criminalísticas, su biografía discurre entre la leyenda y la realidad en los años más convulsos de la historia de Francia.

 

PARÍS SIGLO XIX

 

A mediados del siglo XIX, París rebasaba el millón de habitantes. Su rica vida urbana llena de contrastes, asombraba a los provincianos y emigrantes que llegaban a ella en busca de oportunidades. Era el centro intelectual y cultural de Francia, y también su centro político. En ella convivía la aristocracia más rancia y la alta burguesía, con la mediana y pequeña burguesía contestataria. En los barrios del este y del centro de la ciudad, se hacinaba una superpoblación compuesta por tenderos, artesanos, pequeños funcionarios y obreros, así como jóvenes emigrantes que llegaban de toda Francia y del resto de Europa. Era el foco de los disturbios y las revoluciones, y donde la miseria y las enfermedades se cebaban. En sus bajos fondos, el París de los placeres y de la delincuencia se mostraba de la forma mas descarnada, los criminales campaban a sus anchas por un territorio que los policías de la época no osaban traspasar.

 

CAMINO A LA REINSERCIÓN SOCIAL

 

Cuando el jefe del Departamento Criminal de la Gendarmería monsieur Henry recibió aquella visita, no podía imaginar que su misterioso interlocutor pasaría a la historia de la criminalística. Ante él había un hombre corpulento, de pelo largo y ojos profundos que, pese a sus 34 años, había visto y sufrido mucho, y también había hecho sufrir. Aquel hombre le dijo al inspector: “Monsieur, yo soy Vidocq y quiero ser un hombre honrado, quizás usted pueda ayudarme”. La insólita propuesta hizo pensar al funcionario, tenía ante sí a un delincuente fugado que solicitaba el perdón a cambio de trabajar para la policía, y que mejor informador que un personaje que se movía como pez en el agua por los bajos fondos, que era un maestro del disfraz y de audacia probada. Además, las Guerras Napoleónicas (1799-1815) habían dejado al cuerpo sin jóvenes policías.

 

Pero el gendarme no podía pasar por alto que era un delincuente condenado que tenía que pagar su deuda con la sociedad, así que prometió estudiar la propuesta junto con su superior el prefecto Dubois, pero el reo debía volver a presidio. En la conducción a la cárcel, Vidocq dio esquinazo a sus guardianes y volvió a la gendarmería para demostrar su buena voluntad, al final ingresó en la prisión de Bicêtre, pero ahora como informador, un simple soplón para algunos, corría el año de 1809. Pero ¿quién fue este curioso personaje?

DELITOS EN LA FRANCIA REVOLUCIONÁRIA

 

Eugène-François Vidocq nació en Arras (Francia), el 23 de julio de 1775 en una casa vecina en la que, diecisiete años antes, había nacido el mismísimo Robespierre. Su primer delito lo cometió a los 15 años robando a su propio padre, a los 16 años mató a un adversario en un duelo por el honor de una doncella. Huyó con unos contrabandistas con los que aprendió el oficio y pronto fue encarcelado. Se fugó y partió como voluntario al ejército. Por aquel entonces, 1791, el rey Luis XVI intentó dejar Francia junto con su familia pero fue arrestado, miles de nobles y sacerdotes huyeron. En 1792 fue derrocada la monarquía y se estableció la I República francesa; la Revolución Francesa había comenzado. Fue en ese año cuando la Asamblea Nacional Constituyente declaró la guerra a Austria y Prusia, Vidocq participó como soldado en las batallas de Valmy y Jemmapes. En 1793 guerreó en la campaña de los Países Bajos, fue el año en que Luis XVI y su esposa María Antonieta fueron guillotinados. El jacobino Robespierre, para terminar con el caos y la contrarrevolución, inició la represión conocida como el Reinado del Terror que transcurrió entre abril 1793 y julio 1794.

 

En la milicia nuestro personaje siguió envuelto en duelos sangrientos y su rechazo a la autoridad pronto chocó con la disciplina militar. La agresión a un superior estuvo a punto de costarle la vida, fue expulsado del ejército. Entre 1794 y 1795 se casó, se separó, y volvió a la cárcel por riñas amorosas. Liberado, se alistó en el Batallón de los Voluntarios del Pas-de-Calais y terminó desertando. En 1794, el Reinado del Terror terminó con la ejecución de Robespierre. En las colonias francesas fue abolida la esclavitud. En 1795 Vidocq visitó París, un altercado propio de su carácter pendenciero lo llevó tres meses a la cárcel de Lille. En esta prisión ayuda a un agricultor que había robado para comer y es cuando sus dotes artísticas se hicieron patentes, al falsificar una cédula de libertad para su amigo; el prófugo fue detenido y delató a Vidocq. Le cayeron cinco años más de cárcel, que no llegó a cumplir porque se fugó disfrazado de funcionario.

 

La vida de prófugo le hizo vagar por París buscándose la vida como pudo, unas veces robando y otras montando negocios con identidades falsas. Las aventuras comerciales de Vidocq fueron una constante en su vida, se hizo sastre y mimo en una compañía teatral, todo ello con el ánimo de dejar su vida bohemia y delictiva, pero siempre fracasó en sus objetivos. Fueron años de entradas y salidas constantes de la cárcel, algunas veces fue acusado injustamente, incluso  llegó a entregarse para salvar a un inocente. Las fugas y los disfraces que usaba en ellas, llegó a vestirse de cura y monja, le hicieron famoso entre el pueblo. En el año de la muerte de su padre, en 1799, él estaba enrolado en un barco corsario en Dunkerque, donde fue detenido con la identidad falsa de un marinero llamado Duval. Su vida sentimental también fue muy tormentosa; se casó varias veces y otras tantas se separó, y al parecer tuvo un hijo. Esta es, muy resumida, la experiencia vital de Vidocq antes de presentarse en el despacho de la gendarmería para solicitar el perdón. 

 

DE CONFIDENTE A DEFENSOR DE LA LEY

 

Como dijimos, Vidocq volvió a la cárcel de Bicêtre como informador policial en el año 1809, durante mucho tiempo estuvo a prueba con la promesa verbal de absolverle de sus deudas con la justicia, al cabo de un tiempo ya se le consideró como un agente más. En 1811, monsieur  Henry pensó que Vidocq sería más útil en la calle y, para no desenmascararlo, organizó su fuga de la cárcel. De esta forma  sirvió como espía a las órdenes directas del nuevo prefecto, el Barón de Pasquier. Vidocq pasó a la clandestinidad con el nombre de Jean Luise y, para mantener la impostura, los gendarmes daban batidas periódicas buscando al “evadido” entre los rufianes de la ciudad. 

 

Fueron asignados los fondos necesarios, y Vidocq organizó un grupo de agentes de paisano, algunos de ellos eran exconvictos. En París las brigadas de la gendarmería estaban asignadas a un distrito, el cual no podían abandonar, los malhechores sólo tenían que pasar de un distrito a otro para eludir la persecución policial. Vidocq propuso que su grupo tuviera jurisdicción en toda la ciudad, la Brigade de Sûrete había nacido y Vidocq, exrecluso y hijo de un panadero, fue su primer jefe.  

 

EL REY DE LOS DISFRACES

 

La brigada empezó a cosechar éxitos, principalmente en la persecución de asesinos y estafadores, la fama fue tanta, que ya no se pudo mantener el anonimato de su jefe. Como maestro del disfraz, el propio Vidocq participaba en las investigaciones infiltrándose entre los sospechosos; fue en una de estas ocasiones cuando le comunicaron que se estaba preparando el asesinato de un tal Vidocq, “un chivato traidor”, le dijeron. Conocedor del plan, puso a sus autores a buen recaudo. Pero los principales enemigos de Vidocq estaban en la propia policía. Los jefes tradicionales del cuerpo no podían consentir que un vulgar rufián realizara en poco tiempo lo que ellos tardaban años en conseguir y llamaban a la Sûrete la “Banda de Vidocq” despectivamente. Pero Vidocq podía ser cualquier cosa menos un hombre vulgar, en poco tiempo había entrenado a los policías que mejor conocían la ciudad y a exdelincuentes para crear su brigada. Creó una red de informadores que se extendían por toda Europa, fue el primero en llevar un fichero de delincuentes y en tomar moldes de escayola de las huellas del calzado y el precursor de la ciencia balística. Cuentan que, embozado, visitaba las cárceles para memorizar los rasgos físicos de los presos que luego plasmaba en fichas.

 

MAESTRO DE INVESTIGADORES

 

Cansado de las intrigas internas, Vidocq dejó la policía en 1827 y montó una fábrica de papel empleando a exconvictos. En esa época patentó uno de sus inventos, la tinta indeleble. Se dedicó a recoger sus vivencias y contrató a un “negro” para escribirlas. Al “entusiasmo” de este escribiente le debemos que algunos aspectos de su biografía se muevan más en la leyenda que en la historia. En 1828, se publicó el primer volumen de sus memorias con dibujos de Cruikshank, el ilustrador de Charles Dickens; se convirtieron en un bestseller. Vidocq fue amigo de Balzac y éste se basó en la vida de su amigo para crear a su personaje Vautrin, lo mismo hizo Víctor Hugo para crear a Jean Valjean y al inspector Javert. También Allan Poe se fijó en Vidocq para su investigador Auguste Dupin, aunque Vidocq era más un hombre de acción que de deducción. Dickens y Herman Melville también siguieron de cerca las peripecias de este personaje.

 

En aquella época, Carlos X (1757-1836) reinaba con el apoyo de la iglesia y de la aristocracia. El nombramiento del ultramonárquico Polignac como Presidente del Consejo produjo el rechazo de los diputados liberales y de la prensa. Carlos X disolvió la Cámara y no aceptó los nuevos resultados electorales. Los decretos contra la libertad de prensa y por restringir el derecho al sufragio universal, produjo los sucesos de 1830 que entronizaron a Luis Felipe, la Revolución de Julio había comenzado.  En 1832, una epidemia de cólera mató a diecisiete mil parisinos y Vidocq volvió a la policía, dejándola definitivamente en noviembre. Así terminaron dieciocho años de servicio en la Francia de revoluciones, restauraciones monárquicas y proclamaciones republicanas.

 

LA PRIMERA AGENCIA DE DETECTIVES

 

En su época como policía Vidocq llevó algunos casos privados, esto le dio la idea para fundar en el año 1833, el Bureau de Renseignements Universels dans l’Intérêt du Commerce (Oficina de Información Universal por el Interés del Comercio), la primera agencia de detectives privados de la historia. En 1850, se fundaría en EEUU la segunda, la mítica agencia Pinkerton. Los cambios económicos de la época, hicieron que proliferaran los delitos financieros y las estafas. Como hiciera en la Sûrete, Vidocq contó con antiguos estafadores entre sus detectives. En pocos años la agencia se hizo grande y ganó mucho prestigio, tanto que la gente ya no presentaba las denuncias en la policía, lo hacía directamente en la agencia de investigación. Se cuenta que hasta el propio hermano del jefe de la Sûrete acudió a Vidocq cuando su banco sufrió un desfalco. La oficina también destacó en la búsqueda de personas desaparecidas, pero el éxito volvió a provocar las envidias de sus antiguos enemigos de la Prefectura y esta vez pasaron a la acción.

 

Las acusaciones contra Vidocq, por entrometerse en investigaciones policiales, fueron continuas hasta que, en 1842, mientras trabajaba en el caso de un estafador llamado Champaix, fue acusado de hacerse pasar por policía, también por detención ilegal y por inducción al robo. Un anciano y achacoso Vidocq fue encarcelado y pasaron muchos meses sin tener siquiera la oportunidad de saber los cargos por los que, la gendarmería y su testigo de cargo Champaix, le acusaban. En mayo de 1843, se celebró el juicio que, en primera instancia, condenó a Vidocq a cinco años. En el juicio de apelación, que siguió una muchedumbre, se demostró que el tal Champaix mintió para implicar a Vidocq. A la mañana siguiente la agencia abrió con un gran letrero: “Resurrección”.

 

PRECURSOR DE LA NOVELA NEGRA

 

Con 70 años, Vidocq se retiró de la primera línea y, con ayuda de algunos amigos literatos, se dedicó a escribir la novela “Los nuevos misterios de París”, diez años antes ya había escrito “Los ladrones” y un diccionario de argot. Estas novelas son un claro precedente del relato policial. Su vida fue llevada a los teatros y a los folletines tan en boga en aquella época.

 

Los años de 1846 y 1847, fueron años de gran depresión económica para Francia; Luis Felipe I de Orleans (1773-1850) y sus ministros cada vez estaban más acosados por los partidarios de la república que se veían como alternativa. En febrero de 1848, estalló la Revolución, en junio la insurrección de los obreros de París fue reprimida por la Guardia Nacional causando 4.000 muertos, así dio comienzo la guerra civil entre la burguesía y el proletariado. Como hombre de acción y a pesar de ser un anciano, Vidocq ofreció sus servicios a los bonapartistas. En febrero, Luis Felipe abdicó y se proclamó la II República, el viejo policía se puso al servicio de Alphonse de Lamartine (1790-1869), ministro de exteriores del gobierno provisional establecido tras el derrocamiento de Luis Felipe, aunque Vidocq no obtuvo ningún cargo. En diciembre de ese año, Luis Bonaparte, Napoleón III (1808-1873) fue elegido por sufragio universal presidente de la república, transformada después en el Segundo Imperio.

 

François Vidocq murió con 82 años de edad, al funeral asistieron personalidades de la cultura, la política, gente sencilla y hasta viejos delincuentes.

 

LA VIDOCQ SOCIETY DE FILADELFIA

 

En 1990, un agente especial, un psicólogo y un escultor forense, fundaron una asociación sin ánimo de lucro con el objetivo de investigar los llamados “casos fríos”, los casos sin resolver. La Sociedad Vidocq rinde tributo al que considera el padre de la criminología moderna, François Vidocq. Todo comienza cuando estos profesionales se plantean abordar uno de los casos paradigmáticos de la historia criminal de EEUU, un crimen sin resolver y que aún hoy es uno de los principales casos de esta asociación filantrópica. En 1957, en los arrabales de Filadelfia, apareció el cadáver de un niño en una caja de cartón, más de 46 años después, se desconoce aún la identidad del pequeño y del asesino o asesinos. El caso pasó a llamarse como “El chico de la caja”.

 

Hoy, la Sociedad Vidocq agrupa a 82 forenses, uno por cada año de vida de Vidocq, de 12 países y que cuentan con 150 colaboradores entre detectives, químicos, psicólogos, y diversos especialistas forenses. Colaboran con organismos oficiales y con los familiares que se lo solicitan y publican sus casos en un boletín llamado “El Diario de Vidocq”.

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