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Un guitarrista joven de aspecto bohemio, una batería de rizos rubios y un cantante cincuentón de pelo blanco con la serenidad de la experiencia. El peculiar y nada convencional trío responde al nombre de Senyors Tranquil y regalaron una velada íntima y humorística en el ciclo de conciertos de los jueves en el Alfa.

La fecha apocalíptica (era la antesala del fin del mundo según la profecía maya) sirvió en bandeja una actuación desenfadada, cordial, de butaca ante la chimenea. Su pop-folk pausado sin desvaríos eléctricos ni tentación somnífera nos adentró en la “Turista del carrer” (single infalible y carta de presentación del álbum de debut), en “Madrid” (“se puede ser independentista y que te gusta esta ciudad”, como dijo el cantante) o en los rincones del segundo disco, “Gratacels”, como “El cercle i la virtut”. Una hora y cuarto en el que el líder de la formación barcelonesa hizo gala de sus dotes imitativas (Llach, Serrat, Gerard Quintana, Lluís Gavaldà, Albert Pla, Joan Colomo, el cantante de Manel, Delafé y las Flores Azules y Quimi Portet, al que literalmente clavó), todos ellos músicos que según él estaban invitados pero que finalmente no llegaron a tiempo. Una versión de Bowie y un par de bises propios bajaron el telón de una noche que teóricamente iba a ser la última. Como mínimo nos iríamos al garete con una amplia sonrisa (como patrimonio, no como legado).

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