2 diciembre, 2021

Revista Rambla Barcelona

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Geriátricos, el gran negocio

¿Alguien se ha parado a pensar que pasaría si los gerocultores ejercieran su derecho de protesta solamente un día, todos a la vez?
Photo credit Matthias Zomer

Miércoles tarde, festivo en el curro. A contracorriente, como el que trabaja en hostelería, por ejemplo. Los turnos rotativos de los gerocultores (como para casi todo el personal sanitario), son los llamados «semana corta, semana larga» en los que se trabaja tres días en una, con horarios de 12 horas seguidas y cuatro en la otra (mañana, tarde o noche). Hay otro que es el turno fijo, pero también casi siempre la alternancia es aleatoria, es decir, te toca cuando te toca y punto.

Los festivos se cobran con un extra que ronda los 18 €, sí…18 € por ir el día en que toda la familia o amigos están de fiesta. El sueldo de un gerocultor es de 978 € aprox. (euro arriba, euro abajo). La persona que cuida de tu abuelo, tu madre o tu tío, haciéndole la higiene íntima diaria, dándole de comer en la boca, poniéndole pasta en las nalgas,
recogiendo su vómito, abrazándole cuando llora, cambiando su sonda, colostomía ó empujando su silla de ruedas, no llega a mil ridículos euros al mes ¿y sabes qué? Casi siempre lo hace con una sonrisa en la cara. Sonríe al paciente/cliente, le insulte o no le insulte, (casi siempre debido a una demencia senil, otras no…), le agreda físicamente o no lo haga, a sus hijos que presos por la culpa, le reclaman que lleva puesta una chaqueta con otro nombre o que se han fijado bien en sus piernas y no llevan crema hidratante… Después de la higiene corporal y antes de ayudar a vestirlos, hay que poner crema hidratante, no les falta razón a estos hijos, lo que quizá les falta es información…

Dos auxiliares gerocultoras para una planta o pasillo en los que puede haber hasta 10 habitaciones con dos residentes por habitáculo (el ‘hasta’ es un decir, casi siempre hay más) y estas dos auxiliares (hombres o mujeres, mayoritariamente mujeres), deben ocuparse además de la cremita, de la ducha, del cambio de pañal, de acompañar al baño o de hacer la cama, todo esto con pacientes que a veces están totalmente rígidos, personas con más de 75 años que tienen los músculos como barras de acero pero con los huesos muy frágiles y todo en un tiempo récord. Sobre los 15 minutos por paciente, han calculado desde las altas esferas.

Convenio actual de los trabajadores en Residencias de mayores, sin cambios desde 2019.

No, no es un caso aislado ni nada ilegal, la Generalitat de Catalunya y el Gobierno español autorizan esta burrada y el salario. Los gerocultores, además, no forman parte del sector sanitario, así que ¡ancha es Castilla!. Las historias que ven y callan dan para quinientos libros (y quinientas noches). Así que pensemos un poco. Alguien que debe estudiar para el cuidado de personas con algún grado de discapacidad y entra a trabajar en un sitio donde sabe que va a cobrar menos que un reponedor de supermercado, ¿por qué será? ¡Bingo! Por vocación…

Por vocación se destrozan las lumbares levantando a personas, trabajan mientras tú te comes las uvas, escuchan con paciencia, rabia y frustración las historias de abandono y limpian todos los culos del mundo, además de otras cosas que quizá no haga falta detallar.

Los contratos son en un inicio parciales, o bien por suplencias (días o a lo sumo un mes) o bien 3 meses y después nueve (no se pueden hacer de un año o pasarías a ser fija en la empresa y eso no interesa mucho, aunque actualmente que alguien me explique la diferencia, muero por saber). Por cada día de baja son aproximadamente 30 € menos en tu mísero salario mensual (día suelto y oficialmente justificado, como en cualquier otro
empleo de mano de obra barata).

Las comidas de los empleados, aunque la empresa suelen hacerles precio, se la pagan ellos (si tienes turno de 12 horas, te llevas el táper de casa o pagas los 3 € por el manjar…). Se comenta en los periódicos la falta de enfermeras en Cataluña, pero en las residencias de ancianos, apenas cuentan ya con curriculums encima de la mesa.

Desde el Covid, muchos abuelos desheredaron a sus hijos, pero ¿a dónde fueron a parar alguna de esas fortunas, terrenos, joyas o inmuebles, que esta pobre gente todavía en su sano juicio se negaban a dejar a los que habían pasado de ellos? ¿A quiénes les habían cuidado o a las empresas para los que estos trabajaban? ¡Bingo!

Por cierto, algunos dueños de cadenas de residencias para ancianos, son los mismos que de otras grandes cadenas de ropa deportiva, por ejemplo. Ningún gobierno hasta ahora ha regulado la situación de los que ni siquiera les pertenecieron los aplausos desde las ventanas, a pesar de ser  los que más personas vieron morir. Ninguno. Ni un extra en el sueldo, nada. A los que arriesgaron su salud, su vida y la de los de los suyos. Recordaros de paso que algunos trabajadores optaron por encerrarse en sus puestos de trabajo, y fue el único sector que lo hizo.

¿Cuántas manifestaciones veis de gerocultores en la tele? Ninguna. Porque nadie es capaz de abandonar su trabajo, porque aquí no se rellenan botes de gel, aquí se les da dignidad a personas en los últimos años, meses o días de su vida. Aunque… ¿Alguien se ha parado a pensar que pasaría si ejercieran su derecho de protesta solamente un día, todos a la vez?

Queridos familiares y amigos de personas residentes en grandes o pequeñas superficies, dirigir vuestras miras a darle prioridad al que cuida de vuestros seres amados, olvidados o imposibles porque os equivocáis de objetivo.

Queridos todos, si dentro de un tiempo se repiten los aplausos, que al menos uno, sea para los empleados de los geriátricos, que aunque no estén en el hospital, no les pertenezcan sobresueldos y ni siquiera se les considere sanitarios, están haciendo por amor y con amor, lo que cada vez menos personas están dispuestas a hacer.

Sociosanitarios, TCAEs, Auxiliares de Geriatría, Gerocultores, Enfermeras……. GRACIAS por vuestra dedicación y buen hacer, por hablar con las personas aunque ni siquiera os dé el tiempo para hacerlo, por cuidar de nuestros mayores con tanto respeto y cariño… hasta el final.

Rocío López
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Redactora de Sociedad en Revista Rambla.