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Hace unos días el Juez Baltasar Garzón instaba al Tribunal Supremo español a que lo juzgue ‘cuanto antes’ por su presunta prevaricación en la investigación de los crímenes del franquismo. En el proceso abierto en el Tribunal Supremo, organizaciones de ultraderecha acusan a Garzón de haber ignorado intencionadamente la Ley de Amnistía cuando se declaró competente para investigar la desaparición de más de 100.000 personas durante la Guerra Civil (1936-1939) y la dictadura franquista (1939-1975). Dicha Ley, del año 1977, establece que nadie puede ser juzgado por crímenes del franquismo. Y yo me pregunto, ¿un crimen deja de ser un crimen sólo porque se le adjunte la palabra ‘político’? ¿Los ‘crímenes políticos’ son los mismo que los ‘daños colaterales’? Las respuestas quedan a su cargo, lector. El que sí que ha emitido sus propias conclusiones es Joan Busquets, ex maqui, que minutos antes de celebrarse en la Plaza Urquinaona una concentración en pro del reconocimiento moral, jurídico y económico de aquellos que lucharon contra el fascismo, nos mostraba claramente su postura sobre este ‘debate’: ‘La Amnistía fue para olvidar el pasado y tapar a los criminales.  Ahora el Juez Garzón dice que esta Amnistía fue ilegal ¿ahora se da cuenta?’

Punto de encuentro: Plaza Urquinaona

El comunicado que informaba de la manifestación del pasado jueves comenzaba así: Desde la CGT y otros colectivos, estamos apoyando la lucha que se está llevando a cabo para que se reconozcan derechos a quienes participaron en el maquis. Derechos que se le han reconocido a otros colectivos que lucharon contra crímenes del franquismo’. Y para ello qué mejor que contar con la figura de uno de los principales impulsores de esta iniciativa de recuperación y de reparación de la historia, el ex maqui condenado a muerte, que tras serle conmutada, cumplió 20 años en las cárceles franquistas, Joan Busquets.

Mientras estamos en la plaza agudizamos el oído y escuchamos: ‘en cuatro minutos nos vamos’ ¿Cómo? Sí; así fue como tras unos minutos las decenas de personas allí congregadas, pancartas en mano, se dirigieron sin perder un segundo hacia el edificio del Departament d’Interior, Relacions Institucionals i Participaciò. Una vez allí, y haciendo alarde de ese corazón guerrillero que todavía tiene, Joan Busquets irrumpía junto con los demás asistentes en la sede gubernamental con pancartas en las que se podían leer frases como: ¡Reconocimiento para los vivos, los muertos y para los anónimos!

En guerra contra el olvido

Busquets participó en la guerrilla de Ramón Vila Capdevila y en la de Marcelino Massana y es uno de los pocos Maquis que quedan con vida. Un ex maqui al que, pese a superar los 80 años de edad, no descansa en la lucha por el reconocimiento de los que, como él, lucharon contra el fascismo.

¿Qué pretenden conseguir con esta manifestación?

Demandamos un reconocimiento moral, jurídico y económico. Pero no esperamos nada. Solamente que se hable y nada más. Que no se olvide.

En Francia a los maquis han sido reconocidos, ¿por qué cree que en el país galo sí lo han hecho y en España no?

En Francia ganaron la guerra y aquí la perdieron, esa es la diferencia.

No es la primera vez que demandan esto, ¿verdad?

Lo hemos pedido antes pero por escrito. Manifestaciones también se han hecho algunas. Pero no muchas.

Se dieron casos de maquis que, tras haber sido reconocidos por el estado francés, bajaron a España y acabaron en las prisiones franquistas o fusilados.

Si, varios. En mi expediente hubo dos que fusilaron, Manolo Sabaté y Saturnino Culebras.

Usted también fue condenado a muerte.

Si. Yo fui condenado a muerte con otros dos. En aquel expediente éramos siete. Cuatro fueron condenaron a 30 años y 3 condenados a muerte. 20 días después ya estábamos condenados, fue un consejo sumarísimo de guerra. A Saturnino Culebras lo condenaron porque, en aquel momento, todo delegado o jefe de grupo era condenado irremediablemente y fusilado. A Manuel lo condenaron, aunque no tenía nada el pobre, por el renombre de sus hermanos Quico Sabaté y Pepe Sabaté. A mí al final me conmutaron.

Hay quien asegura, incluso a día de hoy, que los maquis eran grupos independientes, incluso personas independientes, que actuaban y luego se escondían en los montes. 

Esto es lo que decían los fascistas, que éramos bandas incontrolables. Y hay mucha gente que creyó esto, pero no es así. La prueba es que cuando nos exterminaron, en octubre o septiembre del 49, España dejó de estar en estado de guerra. Hasta ese momento el país estaba en estado de guerra y cuando nos exterminaron suprimieron el estado de guerra.

Entonces, ustedes estaban perfectamente organizados.

Estábamos apoyados por la organización. Yo pertenecía a la CNT. Estaba todo organizado. No eran bandas incontroladas como decía Franco. Aunque sí que es cierto que cuando le convenía lo reconocía, porque en cierta ocasión dijo: ‘fue una verdadera guerra la que tuvimos con las guerrillas’.

Nosotros éramos grupos volantes. Bajábamos de Francia, hacíamos nuestras acciones y regresábamos.

Pero usted no llegó a luchar contra las fuerzas de ocupación alemanas.

Yo no luché contra los alemanes. Yo era muy joven. Pero hubo otros. En mi grupo estaba, por ejemplo, RamónVila Capdevila. Eran gente fogueada, porque habían hecho la Guerra Civil, luchado contra los alemanes… En la División Leclerc había muchos españoles refugiados. Leclerc prometió que vendría a España pero cuando llegó el momento dijo: ‘nanai, no te embales’. Entonces se formaron aquellos grupos de la Vall d’Arán. Un pequeño ejército pero mal organizado.

¿Cómo conseguían las armas?

Nosotros las armas las teníamos de los maquis franceses. Nos daban las armas. Durante un tiempo nos apoyaron los franceses. Llegaban las armas por mediación de gente que tenía contactos. Esto era fácil. En aquella época esto no era un problema, y hoy tampoco es un problema.

Usted era muy joven cuando entró a formar parte de los maquis ¿Qué lo lleva a formar parte de las guerrillas?

Ocurrió de una manera paulatina. Con 8 años oía a Franco decir: ‘Yo mataré a media España, si es necesario, para suprimir a todos aquellos que no piensen como nosotros’. Esto lo oías de pequeño. ‘Mataré a mi padre si es necesario’, decían. Gentuza así. Unos golfos, empezando por Franco. Y cuando ves que son ellos los que van a gobernar, te revelas. Mi familia también era de izquierdas; mi padre era de la CNT, aunque no tenía responsabilidades. Era un sindicalista corriente y moliente.

Cuando ibas al cine, con sólo 11 años, al principio te hacían cantar el ‘Cara al Sol’ con el brazo levantado. Y si no lo hacías te pegaban bofetadas los falangistas. Esto no es inventado, es una realidad. Cuando ves todo esto se te revuelven las tripas. Además, si hablabas el catalán te daban reales palizas. Decían: ‘habla como los cristianos’.

Cuando fui creciendo tuve contacto con otros compañeros, leía libros, cambiaba impresiones. Entré en la HispanoSuiza (empresa española de automóviles de lujo y competición) en donde se produjo la primera huelga. Los promotores de la huelga, que eran de la CNT (12 personas), fueron detenidos por la Brigada Social  y condenados a 10 y 12 años de cárcel ¡por pedir un duro de aumento, cinco pesetas a la semana, una cooperativa y un economato! La huelga, al final, se ganó pero ¿a qué precio? Entonces a los más jóvenes, como yo que tenía 15 años, nos dijeron que recogiésemos dinero, que hiciésemos recolectas en cada sección para la familia de los detenidos, para ellos, para pagar los abogados… Y nosotros, que no teníamos miedo (porque a esa edad no piensas en nada), íbamos recogiendo dinero y se lo dábamos a los responsables. Y esto fue, podríamos decir, mi primera acción social. Y esto me hinchó mucho, yo estaba orgulloso.

Después, ya cuando tenía 17 años, no podía seguir viviendo en aquel ambiente podrido y decidí marcharme a Francia. Me cogieron en la frontera y me enviaron a la prisión de SAU (Gerona) un mes y medio.

Pero después lo volvió a intentar.

Regresé a Barcelona e hice amistad con otro que pensaba como yo y con él, un año después, nos marchamos. Y en esta ocasión sí conseguimos cruzar la frontera.

Y una vez allí, ¿qué hizo?

En Francia entré en contacto con los refugiados españoles. Allí, dando varios tumbos, pues llegué a una cuenca minera de un pueblo que se llamaba Creyssac.

En las minas entré en contacto con los refugiados, con la CNT, con las Juventudes Libertarias… Tenía allí mis actividades, organizábamos bailes y tómbolas para recaudar dinero para los que estaban luchando y en las cárceles… Y recogimos mucho dinero porque, en aquella época, la solidaridad estaba por encima de todo. Esto hoy no se conoce. Aunque los que estaban en las cárceles eran tantos que no dábamos abasto.

¿Y cuándo empezó usted a entrar como guerrillero en España?

Allí, en Creyssac, empezaron mis primeras armas porque entré en contacto con las Juventudes. Una vez vino por allí Marcelino Massana para apoyarnos en estas organizaciones de festejos. Entonces yo quise probarme a mí mismo y le dije que quería bajar con él. Él me dijo que era muy joven; me faltaba poco para cumplir los 20 años.  Entonces, otro que estaba allí, también se apuntó. Había sido expulsado de Francia por haberse saltado el toque de queda (impuesto sólo a los extranjeros que trabajaban allí) y como era refugiado le preguntaron a que país quería marcharse y él dijo que se iba a las guerrillas. Así, nosotros dos, nos fuimos a Toulouse y bajamos con Marcelino Massana.

¿Toulouse era uno de los sitios donde se organizaban las guerrillas?

Si, era uno de los sitios.

En una de estas bajadas, le cogieron.

En el 49. Aquí, en la calle Trafalgar, mataron a Pepe Sabater y encontraron la dirección del taller de mi padre. Cometió el error de apuntarlo, pero él tampoco pensaba que lo iban a coger ni a matar. Y entonces me detuvieron a mí.

¿Y cuánto tiempo estuvo encarcelado?

20 años y 6 días. Entré en el 49 y salí en el 69.

Y después de tantos años en la cárcel, sale a la calle y ¿se queda en Barcelona?

Me quedé a trabajar aquí en una editorial, un año. Pero yo no me encontraba bien. Me costó mucho integrarme de nuevo.

Imagino que, después de tanto tiempo, es difícil.

Es muy difícil. Yo tardé 6 o 7 años en integrarme bien.

Finalmente, después de un año, decide marcharse a Francia ¿Por qué?

De aquí me marche porque me hacían la vida imposible. Yo salí con la total y la Brigada Social no paraba de llamarme. Hubo quien me llamó a la cara asesino, criminal, ladrón… Y como mi madre ya había muerto decidí irme a Francia. Allí conocí a una francesa y tuve un hijo.

Actualmente continúa viviendo en Francia, pero ¿ha pensado alguna vez en regresar a España?

No. No me dice nada, sinceramente, porque he sufrido mucho.

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