Fútbol dentro del armario

Autor: Raquel Vilella

La homosexualidad sigue siendo un tabú en el mundo del fútbol y casi ningún jugador se atreve a salir del armario.

“Quiero dejar de ser una vergüenza para mis amigos y familiares”. Así empezaba la nota de suicidio que la policía de Londres encontró en un garaje abandonado el 3 de marzo de 1998. Esa carta contenía las últimas palabras de Justin Fashanu, el primer jugador de fútbol que hizo pública su homosexualidad. Hacía ocho años que lo había explicado en una entrevista a The Sun y, desde entonces, su carrera cayó en picado. El público se mofaba de su condición sexual, muchos de sus compañeros de equipo y familiares lo menospreciaban y algunos entrenadores se negaban a darle una oportunidad. Uno de los muchos rumores sobre sus escándalos sexuales fue la gota que colmó el vaso, llevando a Fashanu a colgarse.

Este exjugador del Nottingham Forest fue el primero en salir del armario, pero los casos confirmados en el fútbol se pueden contar aún con los dedos de la mano. De hecho, una década después de su muerte, Fashanu seguía siendo el único futbolista de Primera División en revelar su homosexualidad. El siguiente en dar el paso fue el francés Olivier Rouyer el año 2008. Rouyer lo hizo público a los medios estando ya retirado y aseguró que ser gay le había costado el cargo de entrenador en el AS Nancy Lorraine. En los últimos años, Robbie Rogers, jugador americano de Los Ángeles Galaxy, ha seguido los pasos de Fashanu y ha salido del armario estando aún en activo. Por su parte, el alemán Thomas Hitzlsperger, como Rouyer, prefirió explicarlo el año 2014, una vez retirado del mundo del futbol.

Que conozcamos tan pocos nombres de futbolistas profesionales abiertamente gays no es una coincidencia. Según José Benito, presidente del Grup d’Amics Gais (GAG), “el fútbol es el deporte donde la homofobia es más latente. Ningún jugador se atreve a salir del armario por la presión que ejercen los vestuarios, el club y la afición”.

GOLES CONTRA LA HOMOFOBIA

“Quien no haga esto es un maricón”. Es una de las frases con la que los jugadores de Panteres Grogues llevan encarándose toda su vida. El club Panteres Grogues nació el año 1994 de la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya y tiene por objetivo hacer visible la homofobia en el deporte y luchar contra ésta. Actualmente el club consta de unos 800 socios y socias que practican 23 deportes distintos. Jacques Schoofs, presidente de Panteres Grogues, recuerda que hace falta “demostrar que no importa la condición sexual para practicar un deporte, por eso en nuestros equipos también juega gente heterosexual”. Entre los deportes de la asociación encontramos, evidentemente, el fútbol. Hoy, un grupo de jugadores del equipo, todos ellos homosexuales, nos explican antes de jugar un partido qué significó para ellos esto de salir del armario.

Vince Pasta y Andrea Fiaccadori, los dos italianos, recuerdan con crudeza su etapa de adolescencia en Italia. Vince sufrió insultos y comentarios despectivos de compañeros que sospechaban que podía ser gay. La presión hizo que no se atrevieran a reconocer su homosexualidad en los vestuarios de sus respectivos equipos por el ambiente homófobo que se respiraba. Andrea resalta especialmente las situaciones incómodas que vivió como espectador en los grandes estadios, donde los comentarios racistas y homófobos eran constantes. “La homofobia que se vive en Milán, la ciudad más progresista de Italia, no se puede comparar con la de Barcelona ni la de las grandes ciudades españolas”, afirma. Lo que nos explican Vince y Andrea, sin embargo, no es para nada un hecho desconocido. Recordamos las palabras del futbolista italiano Antonio Cassano: “espero que no haya homosexuales en el equipo. Si los hay, el problema lo tienen ellos”. El exjugador también italiano Nicola Legrottaglie, en la misma línea, afirmaba que “la homosexualidad es un pecado y una moda inexistente en el fútbol”. Otro nombre italiano lo encontramos en Fabio Cannavaro, que se mostró contrario a la ley española que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Màrius Tomé, coordinador de la sección de fútbol masculino de Panteres Grogues, vivió una experiencia muy diferente a la de los italianos. “Salí del armario en un equipo de fútbol y prácticamente lo sabía todo el mundo. No tuve ningún problema dentro del vestuario, pero creo que si lo hubiera explicado a los otros equipos sí que habría sufrido discriminación”. En relación con esto, recuerda los comentarios despectivos que sufrieron algunos de sus compañeros de Panteres Grogues por parte de un equipo rival que, a raíz de una discusión meramente futbolística, aprovecharon su condición de homosexuales para atacarlos duramente.

En Panteres Grogues hay una persona que se encarga de recoger todos los casos de homofobia en el deporte para denunciaros y, si alguien les explica que ha sido discriminado por el hecho de ser homosexual, miran de intervenir para ayudarlo. Además, también realizan conferencias en las escuelas para educar en igualdad y respeto.

CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO

La homosexualidad dentro de los vestuarios es el gran tema tabú del fútbol. De hecho, en toda la historia del fútbol español profesional, ningún jugador ha salido del armario públicamente. “En España no hay futbolistas gays, por eso no salen del armario” se atrevió a decir Joaquín Caparrós cuando entrenaba al Athletic Club. Las cuentas, sin embargo, no cuadran. Nos encontramos ante 20 clubes con sus 25 jugadores correspondientes, es decir, 500 jugadores en total. Solo por estadística, y teniendo en cuenta que el porcentaje de homosexualidad en España se encuentra alrededor del 5%, algún jugador de primera división española tendría que ser gay. El mismo Gerard Piqué aseguró que tenía compañeros que eran homosexuales pero que no se atrevían a dar el paso. Esto nos lleva a preguntarnos, ¿qué temen estos futbolistas?

El entrenador Paco Jémez lo tiene claro, “en España aún no estamos preparados para que un futbolista reconozca su homosexualidad. Si lo hiciera tendría que retirarse. Sería motivo de burla para las aficiones rivales, le harían la vida imposible y esto, muy probablemente, se repetiría cada semana”. Eugeni Rodríguez, portavoz de Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), está completamente de acuerdo con Paco Jémez y denuncia que ningún profesional sale del armario a raíz de la homofobia interiorizada que hay en el Estado español, un estado donde “hay una invisibilización total y absoluta del mundo LGTB”. Estas afirmaciones son, si más no, curiosas teniendo en cuenta que, según un estudio de Pew Research, España es el país del mundo con más aceptación de la homosexualidad, un 88%. Joaquim Roqueta, secretario general de la Coordinadora Gai-Lesbiana de Cataluña, sin embargo, asegura que el caso del fútbol es “una isla a parte” en España, un país que aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo pero que, a la vez, ve como los futbolistas homosexuales temen por sus carreras profesionales.

Los jugadores de Panteres Grogues también se muestran preocupados por la invisibilización de los homosexuales en el fútbol profesional. Para Màrius, tiene que haber algún motivo muy importante, más allá de los insultos, que tire para atrás a los jugadores gays. Nosotros lo desconocemos pero seguro que su carrera debe estar en juego”. Los Panteres tienen diversas hipótesis acerca del tema. Según Andrea, uno de los motivos es que los clubes quieren que sus futbolistas se casen rápido y formen una familia para mantenerlos a raya. Vince va más allá y plantea que una de las razones sea el interés económico del club. Un club que lucha para dar buena imagen a ciertos países donde existe un gran rechazo hacia el colectivo gay. Sin ir más lejos, el F.C.Barcelona lleva en su camiseta las letras de “Qatar Airways”, un país donde la homosexualidad es penada con cinco años de prisión. ¿Permitiría el Barça que uno de sus futbolistas cometiera un “delito” a ojos de sus patrocinadores?

Lo que no dudan todos ellos es que las presiones e insultos que recibirían como personajes públicos es un motivo indiscutible para esconder que se es gay. El estereotipo del futbolista como “hombre viril” aún persiste en las sociedades machistas. De hecho, la imagen pública preocupa hasta tal punto que muchos jugadores llevan dos vidas paralelas. En Alemania, se destapó hace cuatro años la existencia de unas agencias especializadas en contratar mujeres de compañía para que los jugadores gays “disimulen” en público evitando así polémicas.

SALIR DEL ARMARIO

“Tenéis que saber que vivís en un país donde ya no hace falta tener miedo”. Son las palabras que Angela Merkel dirigía a los futbolistas gays que aún no han manifestado su homosexualidad. La Federación Alemana de Fútbol elaboró una serie de medidas a los clubes alemanes para hacer más sencilla la vida de los jugadores gays. El secretario general de la Coordinadora Gai-Lesbiana aplaude la canciller y cree que aquí se tendría que impulsar alguna iniciativa parecida ya que, “para eradicar la homofobia se tendrían que implicar los clubes privados, que también la fomentan con su manera de actuar. Se necesitan campañas educativas y medidas de fomento de la diversidad”. Además, Pepe Rodríguez, jugador de Panteres Grogues, cree que “la manera más eficaz de conseguir que la situación se normalice es que un futbolista dé el paso”. El presidente de Panteres, Jacques Schoofs, aplaude “los que deciden hacerlo, sobre todo si después siguen compitiendo, ya que es un síntoma de normalidad”:

Cada paso que se atreva a dar un jugador gay será un paso contra la homofobia. El fútbol siempre ha sido el reflejo de la sociedad y, como explica Schoofs, “es buenísimo que cualquier ídolo de masas salga del armario. Esto hará que cambie la visión de las nuevas generaciones, que verán que su referente, la persona que quieren ser de mayores, es gay”.

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