POR LA SUPERVIVENCIA DE PÚBLICO

altCon la emoción todavía a flor de piel que provocó en todos nosotros el acto solidario y multitudinario del 23 de enero pasado en el Ateneo de Madrid, quería añadir a los testimonios de tantos amigos

 

 

 

LIDIA FALCÓN

altCon la emoción todavía a flor de piel que provocó en todos nosotros el acto solidario y multitudinario del 23 de enero pasado en el Ateneo de Madrid, quería añadir a los testimonios de tantos amigos y camaradas de luchas unas breves reflexiones que en aquel momento no tuve oportunidad de compartir con vosotros.
    

Los problemas económicos a los que se enfrenta Público me conmueven especialmente. En este ya largo camino de mi vida, siempre en batalla constante por defender ideas y publicarlas, he vivido con dolor el final de Vindicación Feminista, la primera revista que se cerró en la democracia, a la que siguieron el largo rosario de cabeceras que todos los profesionales conocemos. Ya no vivíamos bajo el férreo puño de la dictadura. Los periodistas que levantamos y sostuvimos con nuestro solo esfuerzo revistas mensuales y semanales para difundir las informaciones y las ideas que habían sido perseguidas por la censura franquista –tantas veces con riesgo de nuestra libertad e integridad física-, y ocultadas y falseadas más tarde por los mandarines de la cultura democrática, nos convertimos en misioneros del periodismo. Y muchos perdimos en esa misión todos nuestros recursos económicos, y alguno la salud psíquica.
    

A la desaparición de las revistas le siguió, en un goteo constante, ya asentada esta pseudo democracia de la que algunos se encuentran tan satisfechos, el cierre de un periódico tras otro que, muy moderadamente algunos más radicales otros, intentaron ser críticos con los poderes dominantes. Estábamos disfrutando de un régimen de libertades envidiable según los voceros del gobierno y del principal partido de la oposición, por tanto no podíamos temer censuras, cierre de periódicos, detención de periodistas, procesos contra los directores, condenas de cárcel como en tiempos pasados. No son esos los principales riesgos a los que se enfrentan hoy los medios de comunicación independientes de izquierdas –aunque no se puede olvidar el caso de Ekin y la multa de El Jueves– en un sistema capitalista liberal europeo. En el resto del mundo todos los días los periodistas son detenidos, asesinados, desaparecidos. Es la profesión liberal más peligrosa del mundo. Pero hoy mucha experiencia tiene el capitalismo para saber que sólo en momentos de graves conmociones sociales debe recurrir a los fusiles, en los periodos de calma –esta siempre es relativa– le basta con utilizar las armas de que dispone por su propia estructura: ahogar económicamente al que le molesta.
  

 Público se enfrenta hoy a ese gran enemigo: la falta de recursos financieros. Esos no le faltarán a periódicos de derechas que arrastran deudas millonarias desde su fundación. El poder bancario los sostiene porque son sus voceros, sus defensores, sus publicitarios. Mendaces, falseadores de la realidad, intoxicadores de la opinión pública, esos periódicos están sostenidos por las ingentes cantidades de créditos incobrables que algunas entidades bancarias les inyectan continuamente.
    

A Público no. A Público le han negado créditos modestos aunque su balance no es tan desastroso como el de sus competidores, a pesar de que se han tomado medidas de austeridad y restricción de gastos severísimas. Porque lo que únicamente quiere el poder es que desaparezca. Y para lograrlo ya no necesitan recurrir a la Ley de Prensa e Imprenta que comentaba Larra ni a la Ley de Información de Fraga Iribarne. Les basta con negarle el pan y la sal porque el periódico es crítico, es sincero, desvela verdades que el poder quiere tener ocultas, para lo que compra medios y voluntades, y si Público no se deja comprar hay que exterminarlo.
    

Como se dijo el 23 de enero por tantos participantes, los periodistas que fabrican Público cada día no se arredraron en desvelar los crímenes del franquismo y apoyar las reclamaciones de las víctimas, en difundir las demandas del Movimiento de los Indignados, en denunciar el desastre ecológico que provocan las grandes industrias y la desidia de los gobiernos, en desvelar las claves siniestras de la crisis económica que nos está arrasando. Y todo eso no se puede soportar.
    

Y yo quiero añadir con énfasis, que además devolvió una parte de su dignidad a las mujeres, no sólo publicando la violencia que se abate sobre ellas y las carencias que padecen sino sobre todo adoptando una decisión insólita en el mundo de la prensa negándose a publicar anuncios de prostitución. Y ya sólo por eso tiene mi agradecimiento eterno.

 

Agradecimiento que todos los concernidos por el contenido diario de Público y su desarrollo deberíamos demostrar diariamente. Como dice en su portada, la mejor manera de apoyar a Público es comprarlo en su punto de venta. No basta defenderlo y alabarlo con hermosas palabras, no basta hacer actos de homenaje, no basta escribir en su defensa, ni mucho menos leerlo en versión digital, esa que tanto entusiasma a sus seguidores puesto que recibe 5,5 millones de visitas al mes. La supervivencia económica de un periódico depende fundamentalmente de cuanta gente lo compre en papel en el quiosco. En el número de ejemplares vendidos se basan las empresas para contratar la publicidad, y sin ella un periódico se muere.

 

Como admiradores de la labor que está realizando Público, como lectores comprometidos con un análisis crítico de la realidad, como pensadores de izquierda tenemos el deber de apoyar económicamente al periódico. Ese apoyo que tantas veces le falta a la izquierda porque incluso sus seguidores son más dados a gastar las palabras que el dinero. Me queda la esperanza de que Público sea una excepción.  
 

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Madrid, 24 de enero 2012
(35 Aniversario del asesinato de cinco abogados y un administrativo en el bufete de la calle Atocha 55, de Madrid)
    
 

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