JORDI CALVO “ESPAÑA SÍ ESTÁ EN EL G-8 EN CUANTO A EXPORTACIÓN DE ARMAS”

 

altLograr el progresivo desarme del mundo. Este objetivo, que muchos calificaríamos impulsivamente como quimera, es lo que mueve diariamente a Jordi Calvo, investigador del Centro de Estudios para la Paz. Con Arcadi Oliveres como referente y estímulo cercano, este joven valenciano no pone la otra mejilla sino que lucha con los medios más sensatos a su alcance: el diálogo, la comprensión, la empatía,

 

 

 

 

 

Texto: Carles Batalla Fotos:Francesc Sans

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Lograr el progresivo desarme del mundo. Este objetivo, que muchos calificaríamos impulsivamente como quimera, es lo que mueve diariamente a Jordi Calvo, investigador del Centro de Estudios para la Paz. Con Arcadi Oliveres como referente y estímulo cercano, este joven valenciano no pone la otra mejilla sino que lucha con los medios más sensatos a su alcance: el diálogo, la comprensión, la empatía, la sensibilidad, la paz, el respeto al prójimo…Unas armas que deberían ser de construcción masiva en una sociedad global que ha incorporado la violencia como realidad cotidiana y normalizada.

 

Hace poco usted intervino en el programa Latituds de TV3 para denunciar que España es uno de los países líderes en la venta de armas. ¿Cuáles son las cifras concretas y hasta qué punto es grave esa realidad?

 

“España se ha convertido en uno de los primeros exportadores de armas del mundo y en relación al 2000 la cifra se ha multiplicado por diez: ahora ya se han superado los mil millones de euros anuales. España el sexto país que más armas exporta al mundo, en este ámbito sí es del G-8. Y son armas de todo tipo: pistolas, granadas, misiles, tanques, blindados, todo lo que te puedas imaginar. Si hay guerras, una de las razones es porque se están preparando, y se preparan con un ejército que responde a la orden del político de turno pero también porque tienen armas para disparar contra otro ejército. En caso contrario, las guerras serían distintas o no serían tan fáciles de hacer. El desarme es la opción que nosotros proponemos, cuántas menos armas haya menos violencia habrá en el mundo. Todas las ventas pasan por un filtro del gobierno, que es quién autoriza o no que se hagan, porque el mercado ilegal dicen que es grande pero no lo es tanto. Hay una junta interministerial que decide qué armas se exportan y a qué países, hay unos acuerdos con los gobernantes, que normalmente son los que compran”.

¿Se venden armas a cualquier país que las compre o se analizan los países?

 

“Se lo miran pero no sabemos muy bien qué es lo que miran porque se vende a casi todo los países del mundo y la mayoría de los países no son democracias, violan los derechos humanos o hay sospechas de que hay represión contra la población. Hay una ley de comercio de armas aprobada a finales del 2007  que dice que no se pueden vender a países que no cumplan algunos requisitos básicos de convivencia y libertad, a países que no den garantías de democracia. España vende habitualmente a Ghana pero como es un país pequeño en relación a las armas que compra, la sospecha es que sea suministrador de conflictos de su alrededor: Costa de Marfil, Malí, Nigeria…Se vende a países de la Unión Europea y de la OTAN”.

 

Y a Gadafi le hemos vendido algunas, ¿todavía lo estamos haciendo?

 

“Ahora no porque hay un embargo internacional y si se hiciera sería contrabando”.

 

¿Cuál es el mejor cliente de España en este sector?

 

“Pues el que más gasta, los Estados Unidos pero también el Reino Unido, Francia, Alemania, Portugal…”

 

¿Hay algún producto estrella?

 

“Eso depende del año porque por ejemplo España tiene una industria potente de barcos de guerra y cuando vende una fragata a Noruega, como pasó hace poco, pues claro, Noruega sale el primero en el ranking porque es carísima. A los países europeos y a los Estados Unidos se les vende cosas caras. Son armas que la gente no tiene la sensación de que son las peores, comparadas con un misil, una bomba o una pistola. El comercio que hay en los países africanos o de Asia o América Latina va más ligado a las armas cortas, que son las que se usan en las guerras: a lo mejor la cantidad de dinero es baja pero son armas que matan mucho. Y es muy poco probable que la fragata de Noruega se use para matar a alguien. Algunos dicen que si se eliminase este industria iría mucha gente a la calle pero no sería ningún desastre, estamos hablando de unos miles de personas”.

 

Hay países como Japón o Alemania que desde la Segunda Guerra Mundial iniciaron un proceso de reindustrialización, y empresas que hacían escopetas de pronto empezaron a hacer transistores, se reciclaron y esto se podría hacer…

 

“Estamos seguros que la reconversión es tan fácil como tener voluntad de hacerla. En España hay un caso muy claro: Gamesa es ahora una empresa líder que fabrica molinos de viento, es una multinacional, y antes de hacer estas estructuras metálicas hacía tanques y blindados. La industria armamentística en España involucra a unas 20.000 personas, no es una cantidad muy alta, y el 70% de lo que se fabrica es autoconsumo, pero eso es una trampa porque estamos manteniendo empresas que tienen garantizada la venta de lo que hacen, no tienen una competencia clara. Si el 70% ya te lo compra el ejército para los próximos años, eso encarece el producto. Hoy en día estamos pagando un coste adicional para mantener una industria muy parasitaria del Estado que recibe, además de los presupuestos, ayudas directas a la investigación, un auténtico dineral para crear nuevas armas. Hubo un año, por cierto en la época Aznar, en el que la aportación a la investigación y el desarrollo militar era más alta que lo que se destinaba al I+D civil y a partir de allí la investigación civil ha subido pero la militar se ha mantenido, cada año son unos mil millones de euros, algo que pagamos todos nosotros”.

 

¿Ya no se hacen ni se venden bombas de racimo?

 

“Desde el 2008 ya no se puede hacer por ley, están prohibidas y no se pueden ni vender, ni almacenar ni exportar pero el problema es que se habían vendido muchas anteriormente. Nosotros sospechamos que las dos empresas que las fabricaban, una en Zaragoza y la otra en Cáceres, pueden haber transferido esa tecnología a otras empresas. Llegaron a acuerdos con empresas similares en Brasil, un país que no ha firmado ese tratado, y como su objetivo es convertirse en potencia mundial y uno de los componentes para conseguirlo es la producción militar… Es así de triste pero es así en el contexto actual. Estados Unidos ha conseguido ser la potencia hegemónica gracias a esto. En el tema de las bombas de racimo, cuando se incorpore la legislación internacional a la ley nacional, que tiene que hacerse este año y ya hay una propuesta encima de la mesa, quieren que se incorpore también la financiación de las empresas que las fabrican porque nosotros podemos estar colaborando a través de las entidades financieras de aquí, dando créditos y facilitando las cosas a otras empresas de Estados Unidos que fabrican esas bombas y que no han firmado ese tratado.”.

 

Entonces, estamos ante un caso flagrante de hipocresía y de falta de ética, porque por un lado, de cara a la galería los políticos hacen alegatos a favor de la paz y condenan guerras y conflictos armados que por otro lado financian. El propio Zapatero llegó al poder, en buena medida, gracias a abanderar el no a Irak…

 

“La hipocresía forma parte de las relaciones internacionales, los gobiernos tienen que decir a su población que están a favor de la paz…Zapatero dijo no a Irak pero dio el sí a Afganistán y ahora el sí a Libia. Es una hipocresía que hay que denunciar. Desde que existe la democracia, la cosa no ha cambiado sino que la tendencia es la misma, de aumentar la producción, venta de armamento y la participación en conflictos armados, esté el PP o el PSOE. La política de defensa no ha cambiado, hay cosas que están bien amarradas, es lo que llamamos el complejo militar-industrial, la relación que hay entre los militares de carrera y las industrias que hacen las armas y hay casos de personas con mucho poder en el Ministerio de Defensa que después han tenido mucho poder en alguna empresa de armas. Desde que Serra se fue a La Caixa, también encontramos algo de financiación de armas, está todo ligado”.

 

Precisamente La Caixa se ha comprometido recientemente a no participar en operaciones de financiación o exportación de material de uso bélico. ¿Qué le parece?

 

“En este momento de posicionamiento, quizás es una parte de su estrategia, pero dicen que no invertirán en ciertas armas, que no financiarán armas de uso bélico y esa afirmación es muy abstracta. Son normativas que no sabes muy bien cómo se aplican y quién las controla. Es un paso, eso significa que se preocupan del tema y quizás dentro de unos años los bancos se vean obligados a no financiar armas y la gente lo verá normal”.

 

alt¿Es realmente posible vivir en un mundo sin armas o es una utopía?

 

“Es una utopía y nos sirve para acercarnos a ella. Sería posible si quisiéramos. Si haces esta pregunta a los Estados Unidos te dirían que es impensable, que sería un caos, y en cambio hay países que no tienen ejército, aunque sí policía. Es un tema cultural, vivimos en una cultura de la violencia y el arma forma parte de eso y a través de la televisión o los videojuegos la vamos normalizando. Si hay más armas hay más violencia, es algo automático”.

 

Desde las ONG’s, asociaciones para la paz y demás entidades sociales y culturales relacionadas, ¿qué se puede hacer para combatir esta lacra, aparte de estudios, campañas y advertencias, que casi nunca son vinculantes y que no tienen suficiente repercusión mediática?

 

“Nosotros tenemos una lista de campañas contra el desarme: desde las que intentan prohibir armas, como las minas antipersonas o las bombas de dispersión…La iniciativa es una mezcla de sociedad civil y algunos aliados en los gobiernos. Lo de las minas antipersonas lo empezaron tres o cuatro personas a finales de los 80 y después de muchos años la cosa fructificó”.

 

Pero es una lucha muy desigual, ellos tienen más poder y las armas y vosotros sólo las palabras.

 

“Pero nosotros tenemos la razón, y cuando te sientas en alguna mesa a hablar del tema con los políticos, no te pueden decir que no. Claro que los industriales hacen su lobby. A la hora de hablar, el entendimiento en cuanto a valores y contenido es total, pero el problema es que te dicen: ‘esto no se puede hacer’, y claro, tenemos que presionar más. La presión tiene que venir desde fuera, nuestra fuerza es tener muchos socios, el respaldo de la opinión pública”.

 

¿Qué cuota de responsabilidad tienen los medios de comunicación, especialmente la televisión, en el fomento de la violencia? En los informativos hay una tendencia a la alarma social y a hacer énfasis en hechos negativos o morbosos, acompañadas de una cuantiosa ración de sangre…

 

“El análisis que hacemos estaría más relacionado con la generación de una cultura de la violencia. Nosotros trabajamos para la cultura de la paz, basada en unos valores y una manera de comunicar y de tratar a los demás…La cultura de la violencia está por todos los sitios. Esto también es consecuencia de los valores del sistema en el que estamos, muy competitivo, de ganar al otro…y esa violencia también está alimentada por los videojuegos: juegas a matar, te dan puntos, es muy sanguinario. Y las películas que vemos están muy basadas en las armas. Nosotros nos hemos educado en eso y es difícil luchar en contra pero es importante decirlo y denunciarlo y aplicarnos el cuento en casa, haciendo la tarea adecuada en casa, con la familia. Si ves que el arma mata, te quedas con la copla. Ver violencia te la normaliza”.

 

Desde una perspectiva occidental, nos han inculcado que la violencia era la reacción típica de la gente primaria e instintiva, algo propio de culturas menos desarrolladas, pero desde los atentados a las torres gemelas algunos nos dimos cuenta de que, si analizas el contexto, ves que la violencia a veces es el último recurso ante la desesperación, la única respuesta a una situación de pobreza y desigualdad profunda e injusta porque las otras vías se han agotado, la única forma de llamar la atención ante una indiferencia crónica por parte de países que directa o indirectamente han provocado esta situación de miseria…

 

“Éste es el marco de la violencia estructural, que sería la pobreza: recibes violencia del sistema y de la sociedad y normalmente respondes con violencia. Eso te lleva a la violencia cultural, que forma parte de la normalidad, y a la violencia directa, que es la que conocemos: disparar el arma o dañar a alguien”.

 

¿La presencia constante de guerras por todo el mundo es la prueba de que los humanos no hemos aprendido todavía la lección? Lo digo porque parecía que después de Hiroshima y Nagasaki habíamos llegado a un cierto compromiso moral y a una cierta conciencia de no repetir determinados actos y hechos…

 

“La tendencia no es buena y desde hace décadas podemos decir que hay unos 30 o 40 conflictos armados en el mundo continuamente, ahora mismo. Quizás son conflictos más internos, pero eso no significa que no participen los de fuera, pero no son entre Estados, como antes. Eso ha cambiado aunque los actores tradicionales suelen ser los mismos porque tienen unos intereses y unos empresas allí…La cosa no va a mejor, queda mucho por hacer”.

 

La violencia engendra más violencia pero el diálogo no siempre genera más diálogo. ¿Está de acuerdo?

 

“Pues te diría que no. Hay espacios que han ido ganando, hace 500 años era habitual una guerra entre Barcelona y Tarragona por decir algo. Si lo miramos en positivo, han habido marcos de diálogo entre Estados a nivel de la Unión Europea, ahora mismo sería impensable que existiera una guerra entre Estados. Ahora deberíamos ir un paso más allá, profundizar en eso, para que no haya esas otras guerras internas o que los países no se salten ciertas normativas en cuánto a armas”.

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