Javier Pérez es psicólogo y presidente de la Asociación NACE contra el acoso escolar, que tiene como misión ayudar a las personas que sufren o han sufrido bullying ya que “si se ha padecido de una forma intensa y prolongada, las consecuencias te pueden acompañar toda la vida”. La Asociación lleva a cabo y participa de varios proyectos a nivel nacional e internacional para intentar erradicar el acoso en las aulas. Entre sus iniciativas, destacan el proyecto A.M.O.R (Apoyo Mutuo y Organización en Red), un lugar de encuentro entre personas que han vivido experiencias de acoso en el pasado y otras que las están padeciendo actualmente. También participan en el programa T.E.I (Tutoría entre Iguales), que lleva 15 años en funcionamiento y actúa como método de prevención, en el que un alumno de un curso superior asume la tutela de otro recién llegado al centro escolar, para así ayudar en su integración. La Asociación NACE trabaja para dejar atrás el bullying siguiendo estos principios: el acoso tiene solución, se puede evitar y es cosa de todos.

El bullying se reproduce en edades muy tempranas, incluso antes de la adolescencia. ¿Cree que el acoso y la violencia son inherentes al ser humano o que durante la infancia se repiten patrones de comportamiento y conducta de los adultos?

Por naturaleza, somos seres sociales. Pensemos en la última vez que ayudamos a alguien, ¿cómo nos sentimos? ¡seguro que muy bien! A maltratar se aprende. El hecho de hacer daño a los demás es algo que se reproduce según el entorno en el que el niño se mueva. Los niños copian lo que ven, por ejemplo, en el núcleo familiar. Ningún niño que maltrata es feliz.  Desafortunadamente, la ley del silencio está muy presente en el acoso escolar. El acosador se alimenta de las risas y de los silencios de los testigos. Sin público, no hay acoso. Hay que enseñar a los niños y adolescentes a posicionarse ante las injusticias y los maltratos. Si nadie se ríe y nadie se calla, el acoso desaparece.

Muchos de los acosadores han declarado que tenían envidia de la víctima y por eso le hacían bullying. ¿Qué papel tiene la competitividad −muy presente en el sistema educativo− como desencadenante del acoso escolar?

La competitividad ayuda a que se produzca el acoso. El bullying es la tiranía de la mediocridad: si destacas, te tienen envidia, si no, te desprecian. Cuando los mediocres se instalan en el aula, los que se distinguen serán señalados y castigados. Precisamente, uno de los ámbitos en los que se genera bullying es en el deporte. Según el ambiente de la escuela, la influencia de la competición puede ayudar a que se produzcan situaciones de acoso. Por ejemplo, se acostumbra a importunar a los niños a los que no se les da bien o no les gusta jugar al fútbol en el patio del colegio. La tarea de la escuela es crear un clima de aceptación y de inclusión.

Muchos de los chavales han sido víctimas y después han pasado a ser acosadores. ¿Es habitual hacer daño a los demás cuando previamente te lo han hecho a ti?

Tristemente, la solución más frecuente en España en un caso de acoso escolar es el cambio de centro de la víctima. Esto supone un fracaso de la justicia y del sistema educativo porque quien vence es el acosador. La víctima, cuando llega a otro colegio o instituto, teme que su experiencia se repita y empieza a acosar a otros para sentirse respetada. Alrededor del 27% de víctimas, más tarde se convierten en acosadores.

Los niños y niñas que soportan el acoso muchas veces callan y no se lo cuentan a sus familias, las cuales permanecen ajenas al sufrimiento de sus hijos. ¿Estamos suspendidos en educación emocional? ¿Hemos construido una sociedad que no tolera las emociones porque muestran debilidad?

Muchas víctimas nos explican que en sus casas no lo cuentan porque no quieren hacer daño a sus madres, concretamente. Prefieren sufrirlo solos y en silencio. Pero es la propia escuela el lugar donde es menos probable que un alumno confiese su situación. Según las estadísticas, el 60% de los chavales se lo comunica a otros compañeros, el 14% a sus familias y solo el 10% a los profesores. En los colegios, los “chivatos” lo pagan caro. Cuando los profesores conocen algún caso de bullying, se limitan a castigar al acosador y eso, si no se trabaja con toda la clase, provoca que éste se ensañe aún más con la víctima. En la escuela pública, sobre todo, el mecanismo de selección del profesorado es aprobar una oposición. Deben aprender determinados temas y saber exponerlos. No importa si se comunican bien con los alumnos, si tienen autoridad sobre ellos o si están preparados para dar clase en un barrio marginal. Hay muchos profesores que están de baja psicológica porque no pueden soportar la presión. Sabrán muy bien los temas que deben impartir, pero se han olvidado de proporcionar educación emocional.

La autoestima de las víctimas queda prácticamente aniquilada en las situaciones de bullying. Los acosados, muchas veces, se culpan a ellos mismos de la situación que están viviendo. ¿Cuál es el razonamiento que les lleva a sentirse culpables?

Cuando alguien se siente culpable es porque ya tiene el grado de víctima. Si te atacan reiteradas veces, llega un momento en que te crees lo que te están diciendo. Lo mismo sucede con la violencia de género. Sobre todo, en la adolescencia, importa mucho lo que los demás compañeros o el grupo en general digan u opinen de ti. El grupo es la referencia porque si no formas parte de él, no eres nadie y lo puedes pasar muy mal. En un grupo de adolescentes, quien tiene el poder puede machacar a cualquiera. Las víctimas consideran que ellos son el problema y se culpabilizan.

¿Cuáles son las asignaturas pendientes de los profesores frente al acoso escolar?

Tanto los maestros como los psicólogos y los pedagogos, cuando acaban la carrera, no saben nada sobre acoso escolar. Los profesores no están preparados para afrontar estos casos. Sigue siendo una asignatura ausente. Debido a la falta de formación, no saben distinguir las señales que identifican el acoso y actúan de forma incorrecta, por ejemplo, llevando a cabo una mediación. Está contraindicado juntar en la misma mesa al acosador y al acosado porque, después, se encontrarán fuera y las consecuencias pueden ser graves. La mediación siempre debe ser entre iguales. Desde la asociación, realizamos cursos a profesores para que sepan identificar los casos de acoso. Cuando terminan el curso, entienden ciertas situaciones o actitudes que veían cada día en el colegio, pero que no sabían distinguir. Las señales que identifican el bullying son muy variadas. Nosotros hablamos de la “geografía del acoso”. Normalmente, el acosador se instala en medio del patio y la víctima acostumbra a estar en los rincones, cerca de la sala de profesores o directamente en la biblioteca, donde no hay exposición al peligro. El bullying sucede cada día en los colegios e institutos y constituye una violencia cotidiana, normalizada. El ataque a los demás compañeros no se ve como un acto de maldad, sino como una broma. Cuando la violencia se normaliza, desaparece la sensibilidad y no se piensa en el dolor que se puede estar produciendo.

El bullying es una experiencia personal que marca para toda la vida y puede acarrear consecuencias emocionales graves y también en la interacción en sociedad. ¿Es común que, incluso habiendo pasado varios años del acoso, se aíslen del mundo y tengan miedo de relacionarse con los demás?  

El principal cuadro que se desarrolla en estos casos es el estrés postraumático. Esto provoca fobia social, es decir, la persona afectada no se fía de nadie, tiene miedo que le vuelvan a atacar y se convierte en alguien huraño. Estas personas están a la defensiva porque la vida les ha maltratado en una edad en la que las relaciones humanas son muy importantes. Al final, quedan faltos de habilidades sociales. Reducen sus amistades, los vínculos sentimentales son complicados y en el trabajo no se relacionan. Por eso, llevamos a cabo el proyecto A.M.O.R, que es muy efectivo porque precisamente se crean grupos de autoayuda y de apoyo emocional. Entre todos se ayudan para conseguir superar las heridas del acoso.

¿Las personas que han sufrido acoso escolar son más reacias, con el paso del tiempo, a acatar demostraciones de afecto por parte de los demás?

Sí, según el grado de acoso que hayan sufrido, su desconfianza puede ser extrema. Tienen muchos altibajos emocionales, dudan de sí mismos y su nivel de autoestima es muy bajo. Mucha gente piensa que la persona que sufre acoso es porque tiene la autoestima baja, y no es así. Quien la tiene baja es el acosador, porque una persona que es feliz no necesita atacar al otro. A la víctima, la autoestima se la han robado.

En este caso, ¿cuál sería una buena manera de tratar con una persona que reúna estas características? ¿Considera que es mejor ayudarla a salir de su aislamiento -aunque se niegue- o dejar que siga en su zona de confort, alejado de un mundo que le asusta?

Únicamente se puede ayudar a quien quiere recibir ayuda. Son personas vulnerables y no se les puede pedir lo mismo que a otra persona en circunstancias normales. Tienen una dificultad emocional, por eso, hay que tener paciencia y tender la mano. Hay que trabajar mucho para estabilizar las emociones, ya que se pueden conseguir grandes resultados. Nosotros trabajamos con Iñaki Zubizarreta, ex jugador de baloncesto. Iñaki sufrió acoso escolar y estuvo dos días en la UVI a causa de una paliza. Con él, organizamos charlas con alumnos de varios colegios. Iñaki explica su experiencia que va directa al corazón de los chavales, aflorando sentimientos y emociones, abrazos y lágrimas. Ha luchado mucho para superar situaciones adversas y eso lo ha convertido en la gran persona que es hoy.

Para ocupar su pensamiento, es habitual que las víctimas recurran, por ejemplo, a los videojuegos para crear así un mundo virtual donde refugiarse. ¿Es frecuente este comportamiento?

Para muchas personas, los videojuegos pueden ser una evasión en la que buscan aquello que no tienen en el mundo real. Esto provoca una descompensación absoluta entre estas dos realidades porque es en el mundo virtual donde encuentran su satisfacción vital y personal. Si hablamos de las redes sociales, en ellas se reproducen las mejores imágenes del mejor mundo posible, y la realidad es otra cosa. Nadie sube fotos de sus peores momentos. Además, hay un dato curioso sobre el bullying virtual: muchas víctimas de acoso en las aulas se convierten en ciberacosadores, porque detrás de la pantalla se sienten seguros y con poder.

 ¿El acoso escolar está penado?

El bullying no existe como figura en el Código Penal. Lo que nosotros reivindicamos no son mejores leyes, sino mejores personas para que éstas no sean necesarias. No vamos contra el acosador, vamos contra lo que hace. Se trata de un niño equivocado y tenemos que hacerle reflexionar para cambiar su manera de hacer, por su propio bien y el de los demás. Si conseguimos que deje de atacar, el acoso habrá llegado a su fin y, a lo mejor, hasta evitamos a la sociedad un futuro maltratador.

 

 

 

 

 

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