IX IN-EDIT O EL AUGE DE LA SOCIEDAD CELULOIDE-MELODÍA

Es evidente que este crecimiento exponencial ha consolidado un género que en el 2003 se percibía como una rara avis para una minoría. Pero más allá del baremo estadístico, se ha comprobado que intercalar con ritmo anécdotas, imágenes vintage y melodías funciona, especialmente si las obras tienen una trama sustanciosa, plantean interrogantes,

 

 

 

 

Tx: Carles Batalla

 

Más de 30.000 espectadores en 40 proyecciones, 15 sesiones con las localidades agotadas, un récord de asistencia en un mismo día (más de 4.000 personas en 12 películas), maratones nocturnos, master classes, works in progress, el Mercado para profesionales o la iniciativa on-line, que permitirá ver algunas obras por Internet a través de Filmin hasta el 30 de noviembre. Son algunos de los datos y cifras que arroja la novena edición del Beefeater In-Edit, el Festival Internacional de Cine Documental de Barcelona (entre el 27 octubre y el 6 noviembre).

 

 

Es evidente que este crecimiento exponencial ha consolidado un género que en el 2003 se percibía como una rara avis para una minoría. Pero más allá del baremo estadístico, se ha comprobado que intercalar con ritmo anécdotas, imágenes vintage y melodías funciona, especialmente si las obras tienen una trama sustanciosa, plantean interrogantes, revelan experiencias, introducen un nuevo enfoque y lanzan conclusiones que invitan a la reflexión. Es decir, si son capaces de trascender el mero tributo que haría cualquier fan.

 

Este año por los cines Aribau (las Multisalas 5 y el Club 1 y 2 de la Gran Vía) han desfilado artistas influyentes de todas las épocas, estilos y procedencias, desde el virtuosismo de Michael Nyman, con el que se rompió el hielo el jueves 27, hasta la intimidad pura, dura y cruda de Jaime Urrutia pasando por la efervescencia de la movida gallega de los 80 plasmada en “Galicia Caníbal”.

 

En cuanto al palmarés, el premio al Mejor Documental Musical Internacional fue para “Last days here” (la agonía y resurrección del cantante Bobby Liebling, frontman de los heavies Pentagram), mientras que “Next Music station: Morocco”, de Fermín Muguruza, triunfó en la sección nacional. La mención especial del jurado recayó en “O samba que mora em mim” y el Premio Beefeather otorgado por el público correspondió a “Papagordo. En casa de Raimundo Amador”.

 

De entre todos los films, 9 captaron especialmente nuestra atención. Por su calidad humana, “George Harrison: Living in the material world, en el que Martin Scorsese, con un sutil bisturí, disecciona la vertiginosa ascensión a la cima del cuarteto de Liverpool y, al mismo tiempo, zurce y recompone las costuras mediáticas del Beatle más infravalorado. Así, se hace hincapié en la creatividad de Harrison, del que se resalta su altruista espiritualidad, carente de dogmatismo y alejado de la burocracia eclesiástica, y su rol de pacificador y de equilibrista entre los egos equidistantes de Lennon y McCartney. Su carrera en solitario, especialmente fulgurante al principio y marcada por el mítico concierto en Bangladesh, también tiene sitio en este largometraje de 208 minutos.

 

Otro documental destacable fue “Days of our lives” dedicado a Queen que, partiendo de declaraciones recientes de Brian May y Roger Taylor (cuya lucidez mental es inversamente proporcional a su decadencia física) y de un archivo mediático secreto, relata cronológicamente vida, milagros y dificultades de una de las formaciones clave del rock. A pesar del exhaustivo repaso, se echaron en falta algunos aspectos, como el dueto de Mercury con Montserrat Caballé en ocasión de las Olimpiadas de Barcelona’92, la banda sonora de Flash Gordon o el olvido de un personaje tan crucial como Mary Austin, principal heredera, novia y amor platónico de Mercury (también se obviaron otras relaciones del cantante con mujeres, por lo que indirectamente se fortaleció el cliché inexacto de su homosexualidad).

 

“The Sacred Triangle”es una interesante historia sobre el proceso de mutua retroalimentación musical entre tres iconos gigantescos como Iggy Pop, David Bowie y Lou Reed. De cómo se “utilizaron” para tomar impulso, reorientar y potenciar sus respectivas carreras, sorteando de esta manera la tentación de las drogas y su riesgo autodestructivo.

 

“The Libertines: There are no innocent bystanders”refleja la visceralidad del amor-odio entre Carl Barat y Pete Doherty, dos personalidades tan carismáticas como intransigentes que saltaron a la primera línea de la parrilla mediática entre 2001 y 2004. Su post-punk alocado y nihilista, a imagen y semejanza de Sex Pistols y The Clash (no en vano el guitarrista Mick Jones fue el productor de sus dos discos) les convirtió en “the next big thing” para la prensa musical británica, ávida de nuevos mitos que idolatrar. Pero lo cierto es que subieron como la espuma y su eco duró lo mismo que unos fuegos de artificio. El documental se centra en cómo Barat y Doherty gestionaron sus emociones en el efímero retorno de la banda en 2010.

 

También cabe mencionar “Colour me obsessed”, un homenaje a The Replacements, la típica banda de culto sin repercusión comercial que con su rock de garaje y sus shows surrealistas conmovieron la escena independiente americana de los 80 (influyeron a Pixies y Nirvana). Las opiniones incitan a escuchar su discografía, quizás para compensar el hecho de que la película no incluye ningún tema de la banda ni una sola declaración de sus exmiembros.

 

El fin de los hippies

 

Además, “Message to love: Isle of Wight Festival”,o cómo la magia y la ingenuidad de los hippies se desintegraron bruscamente ante la incipiente concepción de la música como negocio rentable. Fue un caos: unas 600.000 personas (algunas sin entrada) se plantaron en 1970 en la Isla de Wight (a la que sólo se podía acceder por mar) para ver en directo a Free, Jimi Hendrix, The Who, The Doors o Leonard Cohen, etc… La locura lo invadió todo y los actos de vandalismo (se rompieron las vallas de seguridad) fueron respondidos con igual violencia por parte de los policías y sus perros. Los organizadores, que intentaron inútilmente apaciguar los ánimos, no recuperaron la inversión, y se fueron con deudas, con la sensación amarga del fin de una época y con la promesa de no volver a montar otro evento de características similares.

 

Por otro lado, “Talihina Sky: The story of Kings of Leon” ahonda en la sencillez de esta formación americana en la que conviven tres hermanos y su primo. Narra la estricta formación religiosa de sus padres, que contrasta radicalmente con el prototipo de vida de una estrella del rock. El carácter informal de su familia, que vive en un pueblo de la América profunda (incluido algún espécimen que bien podría ser catalogado como redneck) dan autenticidad al retrato.

 

Como colofón, “Amazing Journey: The story of The Who”, una retrospectiva pormenorizada sobre Roger Daltrey, Pete Townshend, John Entwistle y Keith Moon. Las excentricidades de este último, considerado el mejor batería de la historia del rock junto a John Bonham (de Led Zeppelin), mantienen en vilo una cinta excepcional, en la que un tocadiscos va introduciendo cada capítulo bajo el epígrafe de una canción.

 

Para rematar la faena, “Ray Davies: Imaginary Man”, un ágil dibujo del líder de The Kinks que, ultrapasada la barrera de los 65 años, nos pasea por su Londres natal rememorando los hits del grupo más importante de la denominada invasión británica de los 60. Sin un leve rastro de añoranza ñoña.

 

Fiel a su perspectiva nómada y cosmopolita, el In-Edit se traslada ahora a Santiago de Chile, cuya octava edición se celebrará en diciembre. Berlín cogerá el relevo en febrero por segunda vez y Sao Paulo acogerá su cuarta edición en marzo. Y en octubre de 2012, Barcelona conmemorará el décimo aniversario, en el que habrá sorpresas. Larga vida al matrimonio entre los fotogramas y los acordes.

 

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