Me gustaría comenzar este breve texto literario hablando de la conciencia y de la consciencia. ¿Podría decirse que el universo es todavía joven? Los científicos han calculado que puede tener sobre unos 13.770 millones de años, pero no sabemos si eso es mucho o poco. De cualquier manera, parece que para la raza humana está llegando el momento que tiene que madurar o extinguirse. Tal vez por eso deberíamos haber aprendido ya a elegir líderes que fueran buenos para todos.

En efecto, tenemos que comportarnos habiendo aprendido las lecciones conforme al desarrollo histórico que tenemos detrás, a menos que queramos caer en los mismos errores y como en la genial novela de Oscar Wilde, nos neguemos a envejecer y en un peligroso engaño adolescente, depositemos toda nuestra conciencia y todas nuestras arrugas en un cuadro escondido en el más apartado baúl de nuestra casa. Al fin y al cabo la ética está relacionada con el karma. Parece obvio que la humanidad necesita un nuevo «cargamento de fe» para creer en ella misma.

Es importante analizar en qué y en quién creemos de forma colectiva, puesto eso determinará en gran medida el destino de la humanidad. No es tan simple, pero dicho de forma sencilla si creemos en cosas y en personas malas pasarán más cosas malas y viceversa. En otras palabras, necesitamos líderes que nos hagan creer en lo increíble, porque eso sacará lo mejor que hay en nosotros mismos.

Por el contrario, los líderes que gobiernan a través del miedo y la violencia, nos llevarán de vuelta al retrógrado pensamiento primitivo. Con el mayor respeto para el islam y para sus creyentes, no puedo evitar condenar el infame ataque que ha sufrido Salman Rusdie. Espero que se ponga bien y que, en sus conferencias, denuncie por el mundo lo que le han hecho. Un oscuro ejemplo que nos habla a las claras del funesto resultado del fanatismo y del uso malintencionado de las creencias personales de cada persona.

Cuestiones religiosas, aparte, está claro que ayatolá que declaró la fatua ni tenía sentido del humor ni entendía de literatura. Yo prefiero con mucho el realismo mágico de García Márquez, de Octavio Paz o de Juan Rulfo. Desde mi modesto punto de vista, lo mejor que podía haber hecho era no haber leído la novela, y si lo hizo no hablar nada más de ella, porque sin perjuicio del más reverente respeto por la libertad de expresión, la novela no me gustó, y ahora a buen seguro se venderán de nuevo miles de ejemplares.

Pero volviendo al tema de la edad del universo, me viene a la cabeza el «experimento de la doble rendija» que se llevó a cabo a principios del siglo XIX. Se trataba de demostrar que la luz puede mostrar características tanto de onda como de partícula y los resultados fueron tan sorprendentes que dejaron atónitos a los científicos. Mi interpretación particular es que los electrones tienen cierto pequeño nivel de consciencia. Porque se comportan de manera diferente cuando se sienten observados.

En realidad, eso no sería tan raro si todo el universo fuera en cierto modo consciente. Lo que nos lleva a pensar que el escenario, para bien y para mal, colabora con los personajes. No quiero pensar, en este caso, que, de nuevo, el universo se haga cómplice de un personaje de la talla de antiguo mandatario americano. Sería muy peligroso pensar que el material que proporcionamos al gran narrador del universo, es que al lado del retrato de Dorian Trump, había también un extraviado maletín nuclear. En lugar de bella novela de realismo mágico, eso parecería una vulgar película de sobremesa.

En efecto, no me gusta el desenlace al que puede llevar el argumento de esa película. Tal vez por eso son tan importantes las creencias, puesto ese gran narrador se nutre de ellas, y son al fin y al cabo, la sustancia de la que están hechos los sueños y la materia prima que nos afecta a todos, puesto que de ella se forman nuestras pequeñas historias personales.

Articulista en Revista Rambla | Otros artículos del autor

Escritor sevillano finalista del premio Azorín 2014. Ha publicado en diferentes revistas como Culturamas, Eñe, Visor, etc. Sus libros son: 'La invención de los gigantes' (Bucéfalo 2016); 'Literatura tridimensional' (Adarve 2018); 'Sócrates no vino a España' (Samarcanda 2018); 'La república del fin del mundo' (Tandaia 2018) y 'La bodeguita de Hemingway'.

Comparte: