Fue en un viaje a La Habana cuando conocí aquel singular monje al que todos llamaban «Pater Whisky». Lo conocí en la habitación-museo que ocupó tanto tiempo Hemingway en el Hotel Ambos Mundos. Ya me había advertido Bulgarov sobre no hablar con extraños, pero supongo que debió de ser la elocuente conversación de aquel singular personaje y algo debió de influir la elegancia del restaurante al que me llevó. Lo cierto es que a la tercera copa de vino exquisito le dije lo que realmente pensaba:

―Hemingway escribía muy bien pero era adicto a la ropa elegante y las marcas de lujo.

―Querido amigo, te advierto que a mí no me controla ninguna ventana de Overtón. Si hablamos lo haré sin tapujos.

―No esperaba menos. ¿Qué hay de malo en la libertad de expresión?

―Nada, pero estas revolucionarias ideas que te voy a contar pueden cambiar tu edificante forma de pensar. Lo que te voy a contar ahora parece broma pero si me escuchas con atención te darás cuenta del peligro que corre Europa de convertirse en una colonia deprimida económicamente.

―Voy a correr el riesgo de conocerme a mí mismo.

―En primer lugar Cuba no sufre un bloqueo. En realidad lo que lleva padeciendo tanto tiempo es un embargo de productos y servicios norteamericanos.

―Lo sé. Por eso tiene doble moneda: un peso convertible y una moneda nacional.

―Pues bien, lo cierto es que en Europa, aunque todavía es pronto para que se hable con propiedad lo que acaba de comenzar es un embargo energético ruso.

―¿A dónde quieres llegar?

―Estados Unidos se está aprovechando de Europa. Todos coincidimos que Rusia ha cruzado una línea roja al atacar a Ucrania, pero es la pacata actitud europea la que no es aceptada en ninguna parte. Su dudosa superioridad moral causa en China, en la India, en Brasil e incluso en África más rechazo que la propia guerra.

―Eso en una barbaridad. ¿Está seguro de lo que dice?

―Es la realidad. Y además puedo probarlo. Todas las culturas cuando les interesa tienen comprensión con el diablo. Y eso sin contar que con los europeos iniciamos dos guerras mundiales.

―¿Puede ser más explícito?

―El gas ruso le convenía a Europa y lo ha perdido esa es la verdad. Europa ha perdido también su personalidad propia. ¿Acaso había una razón moral para apoyar a Estados Unidos en la guerra de Irak? Simplemente era realpolitik.

―Eso es verdad.

―Todos queremos sancionar a Putin pero la factura de las sanciones al sátrapa ruso las vamos a pagar los de siempre, la clase media y la clase trabajadora.

―Eso por no hablar de los que sacarán partido. Los más ricos serán todavía más ricos que antes.

―Correcto. Ahora existe una paridad pero no siempre será así. El euro perderá mucho valor porque se debilita ya que todas las grandes fortunas lo cambian por dólares, que todavía es la moneda de reserva mundial. Lo que significa que mientras la inflación se come los ahorros de las clases medias y pobres, a las grandes fortunas le afecta menos porque pueden comprar todo lo que necesitan con los dólares que están atesorando.

―Eso es porque el Banco Central Europeo se niega a subir los tipos.

―Eso es cierto con matices. La verdad es que la inflación tiene lugar en Estados Unidos y la que tiene lugar en Europa no son del mismo tipo, y por lo tanto, no se pueden solucionar de la misma manera. La americana es un shock de oferta y la Europa una crisis de demanda.

―Eso suena muy distinto. Incluso suena a que en Estados Unidos están abusando del consumo y en Europa hay pobreza energética.

―En efecto, además ahora el Banco Central Europeo no debería subir los tipos y se verá obligado a hacerlo (dañando más la maltrecha economía europea) debido a la debilidad del euro ante el dólar. No en balde, necesitamos un euro más fuerte porque compramos el petróleo en dólares.

―¿Y cuál es la solución entonces?

―La solución es un cambio de modelo productivo, pero eso lleva años para conseguirlo, por lo que la espiral inflacionista es inevitable.

―¿Y cómo se te ocurre que el ciudadano de pie puede protestar?

―En España, a partir de ahora, se debería pagar la gasolina en dólares.

―¿Quieres decir que en Europa debería haber dos monedas como en Cuba? Eso puede ser el fin del euro.

―Correcto. Si Europa no puede tener su propia política al menos que se beneficie de la divisa americana. La verdad es que no se puede confiar en esas instituciones políticas europeas. Y si la fuga de capital de los ricos es hacia el dólar yo le aconsejaría a las clases medias que «dolaricen» la economía real.

―Se puede aprender mucho de lo que sucede actualmente en Cuba. En Europa, todos los pobres del continente deberían cambiar al unísono sus euros a dólares. Eso es exactamente lo que estoy diciendo. En efecto, tenemos la experiencia de muchos países latinoamericanos. En ellos ha sido el pueblo el que ha dado lecciones de economía a los Bancos Centrales. Ahí tienes el caso por ejemplo de Venezuela. También está el caso de Argentina. Hay muchos pueblos que se cansaron de que les robaran a través del valor de su divisa, y de forma espontánea comenzaron a comerciar en una divisa extranjera.

Articulista en Revista Rambla | Otros artículos del autor

Escritor sevillano finalista del premio Azorín 2014. Ha publicado en diferentes revistas como Culturamas, Eñe, Visor, etc. Sus libros son: 'La invención de los gigantes' (Bucéfalo 2016); 'Literatura tridimensional' (Adarve 2018); 'Sócrates no vino a España' (Samarcanda 2018); 'La república del fin del mundo' (Tandaia 2018) y 'La bodeguita de Hemingway'.

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