Tanto tiempo leyendo, escuchando, debatiendo, aprendiendo, acudiendo a terapias que nos graven a fuego eso del Here and Now.

Tanta cultura y prácticas ancestrales que nos recalcan la importancia de estar presentes, algo que parece tan simple y obvio como el ser consciente de lo que estás viviendo en este preciso momento. Cientos de vías posibles y disponibles hacia una misma meta y con idéntica moraleja: Acotar expectativas, disfrutar del camino, psicología a priori simplista que nos invita a frenar en seco nuestras prisas diarias y nos insta a enfrentarnos a nuestro espejo.

El caos diario, cotidiano, gris y mediocre nos empuja justo a lo contrario; A que no nos dé tiempo a pensar, a la inmediatez, al mínimo esfuerzo para con nosotros mismos a no regalarnos ni media para que podamos disfrutar de cada acto que nos dediquemos con total plenitud.

Parar la mente y sentir.

No parar, no leer, no pensar. Se ocupan y nos ocupamos de que no pase, les interesa y nos interesa, dejamos que nos manipulen por no desafiarnos. Como ratones de prueba en una rueda y rendidos a los pies de la cultura capitalista, comprando sin parar para rellenar vacíos emocionales aquello que ni siquiera necesitamos, incapaces ya de discernir entre lo urgente y lo importante. Además, con la ilusoria creencia de la eternidad. Miramos de soslayo cuando alguien o algo nos dice que estamos de paso que en cualquier momento, nosotros que nos creemos tan importantes e indispensables, nosotros que hemos alzado la vanidad a valor, nosotros que con la excusa de la falta de autoestima hemos transmutado el ego en una metodología para la supervivencia, decimos hipócritamente frases hechas en voz alta que ni pensamos ni comulgamos porque en nuestro foro interno está arraigada la idea de que las desgracias únicamente les suceden a los demás.

Nosotros… que ni una pandemia con más de 5.760.000 fallecidos a día de hoy, ha logrado convencernos de que todo eso, importa una mierda. De que la vida se va y que debemos reprogramar lo aprendido, agradecer cada segundo que la vida nos regala y si nos sobra medio, regalarlo a otros, que no hemos venido aquí a trabajar sin descanso o a consumir compulsivamente para engordar nuestro engreimiento para alcanzar eso que nos dictan que debemos alcanzar. Y pasa un fin de semana y otro y un mes y otro más y se vuelven a dilatar las jornadas y se aproxima nuevamente el verano y no te das cuenta y ya es Navidad y lo que en realidad te está pasando es la vida.

Los días te arrollan entre un ya la llamaré, ya te contaré, a ver si quedamosSer conscientes del Aquí y ahora es también saber lo que ya crees saber, que no eres perpetuo, que un día no datado ya no estarás y ese día por mucho que hayas comprado, por muchas cosas que acumules, por más que lo hayas intentado, llegará, dentro de una o mil noches.

Que nadie te marque como debes vivir tu vida, que es tuya y a veces se nos olvida.

Haz esa llamada, regálale tu tiempo, ves a esa visita, pronuncia esa palabra, no dejes que el miedo te paralice, que el Aquí y ahora es lo único cierto y lo demás… espuma de mar.

Redactora en Revista Rambla | Otros artículos del autor

Especializada en temas de feminismo, sociedad y cultura.

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