En estos días y hasta el próximo 20 de marzo, quien deambule por la Riera o la calle Muralla, tendrá la oportunidad de visitar una nueva exposición, otra más, que organiza el M|A|C (Museu d’Art Contemorani de Mataró). En este caso, una exposición conjunta llamada «22 finestres» en la que intervienen artistas de generaciones y propuestas diversas. Un título que reabre una nueva etapa del Museu Contemporani —anteriormente en Can Palauet, donde se encuentra el Arxiu Comarcal del Maresme— , y que no se llama así por azar. Lejos de la casualidad, «22 finestres» hila con el lugar en que se alberga, la antigua prisión de Mataró, que desde 22 de enero en adelante, funcionará como sede permanente de arte contemporáneo de la capital marismeña.

Lo curioso, en cualquier caso, es que lo único que une, a priori, este preámbulo con el edificio, es el nombre que la intitula. Y quien esté adentrado en el mundo de las últimas tendencias artísticas podrá reconocer que contenido y espacio pueden estar más unidos. Pero esto es a priori, porque vale la pena el recorrido pausado por las celas o salas en las que se encuentran las intervenciones de autores o artistas que participan en ella para desentrañar lo que parece fácil relacionar: obra y espacio. Algunas propuestas (no todas) sí nos permiten, en cierto modo y delicadamente, imaginar una conjunción con el espacio. Nos permiten descubrir que podemos estar en un limbo si no atendemos con detenimiento dónde nos encontramos y qué hay dentro. Aunque al final, esas dos veintidós ventanas son el escape para liberar y establecer nuevos vínculos y momentos. Veremos si los nexos se mantienen o si las nuevas etapas no necesariamente deben estar unidas con las anteriores.

Un poco al margen de esto, es destacable reconocer en este recinto la peculiaridad que lo hace distintivo, su diseño semipanóptico, que es claramente visible desde el patio de luces, nos hace recordar las teorías de Bentham y de Foucault sobre el panóptico, y que ávidamente Elies Rogent, guía de la modernidad y precursor de este tipo de distribución en los edificios públicos, supo plasmar. Porque la prisión de Mataró —los planos originales datan de aproximadamente 1850 (1) fue el primer centro penitenciario en todo el Estado español (1863) en tener este sistema de control funcional, corporal y psicológico.

Cuando no se visita el lugar ni la exposición uno puede creer que resulta paradójico que en un sitio donde se produjeron amotinamientos e incendios, entre otros acontecimientos dramáticos, se convierta ahora en museo de arte contemporáneo. Pero esta es una observación vacía, sin fundamento crítico. Podría haberse convertido en el parque temático del preso, ajusticiado o penitente a la manera del entretenedor Museo de la Tortura de Santillana del Mar o manteniendo las formas de la arquitectura defendida por Jencks y Venturi, es decir, atrayente a través de lo funcional. En vez de esto, en esta nueva etapa del M|A|C la sutilidad con la que se restaura la memoria es de admirar. Aunque cueste verlo para el visitante o espectador no familiarizado, se puede entender que existe una dialéctica entre cada uno de los muros con algunos de los 10 trabajos de los artistas (2). Sin necesidad del rastro anecdótico o documental en lugares o no-lugares que podrían ser jugosos (3).

Arxipèlags de la memòria, Adrià Goula (2020)

No en todas las instalaciones la coherencia conceptual con lo que fue este lugar está tan clara. Esta seriedad que imaginamos con lo que fue y con lo que puede ser una propuesta que se relaciona sola con el emplazamiento, y que sirve para mantener conciencia viva sobre nuestra contemporaneidad, está en el manifiesto de autores como Adrià Goula o Daniel G. Andújar, este último parece ser el que mejor ha entendido dónde se encuentra (el edificio, el tiempo y sitio en el que vive).

La visibilidad naturalizada del recuerdo terrible y traumático que ahora, cómodamente, recobra vida y la invisibilidad del dolor verdadero (el psicológico) y el trauma que no sale a relucir en el mismo momento que ocurre, son dos posiciones muy comunes en la producción contemporánea. La prisión y los que estuvieron en ella, con sus anhelos, vivencias y su cuerpo frente al mundo, representan el relevo para tomar, y que claramente se ve en las acciones de Goula y Andújar. Ese peso de la memoria recuperada y la vivencia no ocultada que no se pierde con ellos, se observa en Arxipèlags de la memòria (frottage de grafito sobre papel de seda, 2020). El preso del POUM en la Modelo,
abuelo de Goula, del que no sabemos si su estancia allí fue un recuerdo que se olvidó rápido o se convirtió en un problema para continuar con esa vida dejada atrás. El transcurso y final de la experiencia que transformaron el cuerpo. Goula intenta descubrir mediante las imperfecciones de esas paredes, qué es lo que guardan. Intenta ponerse en la piel de su abuelo, desde la proximidad.

Por otro lado, Andújar critica duramente en Rotonda (escultura de resina plástica impresa en 3D, impresiones digitales Hahnemühle sobre aluminio dibond, vídeo digital y animación 3D, 2021), y tomando como partida el escenario de la prostitución, la virtualidad del cuerpo que se convierte en extremadamente visible por el deseo que conlleva y, paradójicamente, la invisibilidad real de este cuerpo y experiencia. En Arxipèlags y Rotonda, experiencias y cuerpos están o estuvieron aprisionados, como la de aquellos otros de esta prisión.

Rotonda, Daniel G. Andújar (2021) © M|A|C (Eusebi Escarpenter)

Horario: martes a viernes de 18 a 20h. Sábados de 11 a 14 y de 17 a 20h. Domingos de 11 a 14h. Lunes cerrado.

Notas:

  1. Este dato puede consultarse en la publicación a modo de tesis Josep Puig i Cadafalch. Visió, identitats i cosmopolitisme, publicada con motivo del 150 aniversario del nacimiento del arquitecto y político mataronés (2017). Precisamente, con motivo de esta efeméride, en 2018 la prisión se reabrió en una jornada de puertas abiertas.
  2. Antoni Abad, Daniel G. Andújar, Xavier Arenós, Irene Bou, Azahara Cerezo, Adrià Goula, Joana Moll, Tanit Plana, Mireia c. Saladrigues i Marc Salicrú.
  3. Lógicamente sí hay un panel informativo en el que se expone de forma cronológica la historia de la prisión.  Está de forma aislada, al margen de las otras salas pero con el que se refuerza una unión comunicativa con el contenido de estas.

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