QUE NO NOS JODAN LA JUBILACIÓN

altLa propuesta más firme opta por acabar con la actualización de las pensiones vinculada al IPC, el Índice de precios al Consumo. En su lugar, se ha planteado un sistema de actualización automático en función del presupuesto del Estado.

 

 

 

 

 

Los últimos informes publicados por el Gobierno anuncian nuevas modificaciones en la Seguridad Social. En vistas a la próxima reforma de este sistema,  prevista para finales de septiembre, el Gobierno ha encargado a un grupo de expertos delimitar la línea de actuación. El resultado del estudio de estos expertos ha sido el esperado. Las pensiones no sólo no van a subir, sino que posiblemente disminuyan.

 

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La propuesta más firme opta por acabar con la actualización de las pensiones vinculada al IPC, el Índice de precios al Consumo. En su lugar, se ha planteado un sistema de actualización automático en función del presupuesto del Estado. Pero esta actualización tiene un límite. En el caso de que las cuentas de la Seguridad Social sufran bajadas importantes, las pensiones nunca podrán llegar al punto de ser insuficientes. Habría que entrar en qué es o no suficiente. Por otro lado, en el caso de registrarse una subida importante, las pensiones se regirán por el IPC. Teniendo en cuenta la salud de la economía del país, con un 27% de paro, es poco probable que las pensiones opten al alza. Por el contrario, es posible que vuelvan a bajar, o en el mejor de los casos, se mantengan.

 

Ante este panorama, los jubilados se encuentran en un callejón sin salida. La bajada de las pensiones puede provocar que muchas personas no puedan hacer frente a los gastos que, a duras penas, afrontan actualmente. Son muchos los pensionistas que sólo rozan los 400 euros, y muchas más las mujeres pensionistas que, con esos ingresos, intentan sobrevivir al día a día.

 

Andalucía es una de las Comunidades Autónomas con más población femenina inactiva. La cifra asciende a los 9.165, mientras que el número de hombres inactivos alcanza los 6.245 de la población. Las mujeres representan la mayor tasa de inactividad según los últimos datos del INE, correspondientes al 4º trimestre de 2012. Estos datos, además de hacer evidente la diferencia que aún hoy existe entre hombres y mujeres en cuanto a mercado laboral se refiere, reflejan el gran porcentaje de mujeres andaluzas que cuentan con una pensión como única fuente de ingresos.

 

Si se analizan los motivos de la inactividad laboral, la diferencia entre hombres y mujeres vuelve a ser evidente. Generalmente, las mujeres no se incorporan al mercado de trabajo por dedicarse a las labores del hogar, lo que las convierte en amas de casa con una pensión no contributiva o de viudedad. En el caso de los hombres los motivos son distintos. La mayoría de ellos no trabajan a causa de una incapacidad absoluta, o en el mayor de los casos, por jubilación. El 74% de los hombres inactivos son pensionistas por jubilación y pensionistas por incapacidad laboral absoluta, ambas pensiones derivadas del empleo productivo y sus cotizaciones.  En el caso de las mujeres, esto sólo ocurre en un 14%. El porcentaje restante corresponde a mujeres con una prestación no contributiva, muy inferior al salario mínimo interprofesional, o a mujeres que cuentan con una pensión de viudedad.

 

Esto hace que multitud de mujeres, tanto en Andalucía como en otra Comunidades Autónomas, dependan de una pensión para subsistir. El Estado del Bienestar garantiza prestaciones a este tipo de personas, asegurándoles una situación económica medianamente estable. El problema viene cuando dicha pensión es mínima.

 

Son muchas las mujeres que sólo cuentan con 400 euros para pasar el mes. Este dinero proviene generalmente de una prestación no contributiva que el Estado les concede. Una prestación mínima que sube y baja en función de los cambios de Gobierno y las Arcas del Estado. En otros muchos casos, estas mujeres son beneficiarias de una pensión de viudedad que se ajusta según los años trabajados de su difunto esposo; generalmente, una cuantía no mucho mayor a la prestación no contributiva. En el mejor de los casos, algunas de ellas han trabajado durante años y hoy pueden contar con una prestación más alta, correspondiente a esos años cotizados. Siempre y cuando estuvieran contratadas de forma regular y aseguradas, cosa que hace algunos años no era muy frecuente.

 

Si se echa la vista atrás unos 50 o 60 años, podrá contemplarse una España agropecuaria. Sus habitantes trabajan las tierras, dedican su vida al campo, el cultivo y la ganadería, y la industria prolifera poco. La situación actualmente ha cambiado, pero no lo suficiente como para que las tierras hayan pasado a un segundo plano y la industria se haya convertido en el motor económico de la comunidad. Este panorama era el que se encontraban las mujeres a la hora de acceder al mundo laboral. Unas mujeres que hoy rondan los 70 años y que recuerdan con nostalgia aquel tiempo pasado.

 

La mayoría de ellas han trabajado toda su vida en el campo, en talleres o en casa, de forma irregular y a la sombra. Otras han formado parte de la plantilla de alguna que otra fábrica que se instaló por la zona. El resto, simplemente no ha trabajado nunca, y ha dedicado su vida a su casa, su marido y sus hijos.

 

Ahora, pasados los años, llega el momento de hacer balance, y cuentas, para poder llegar a fin de mes. Muchas de ellas han perdido a sus maridos. Otras deben cuidarlos por su delicado estado de salud. Muchas tienen hijos y nietos de los que aún hoy, en estos tiempos de crisis, deben hacerse cargo. Otras no han tenido descendencia y carecen de esa ayuda que, llegados a cierta edad, tan necesaria es.

 

Todas ellas, madres, esposas, viudas, abuelas y, en definitiva, mujeres, que hoy se ven con serios problemas para hacer frente a todos los gastos que supone un hogar. Facturas de luz, agua y gas que no dejan de subir, alquileres desorbitados, subidas del IVA o el nuevo pago por medicamento son algunos de obstáculos a los que estas mujeres deben enfrentarse cada mes. Sin contar con aquellos hijos con familia a su cargo que se han quedado en paro y que piden ayuda a sus madres para poder sobrevivir.

 

En definitiva, pequeños retos cotidianos que hacen de estas mujeres unas luchadoras.

 

A sus 77 años, Francisca tiene que “hacer malabares para poder llegar” a fin de mes. Así lo dice esta cordobesa, madre y abuela que aún hoy, después de trabajar toda una vida, sigue luchando para hacer frente a los gastos que supone un hogar.

 

alt¿Cuántos años ha trabajado?

 

Uy, no se decirte los años, pero he trabajado mucho. Desde los 20 años empecé a trabajar asegurada, pero ya llevaba trabajando muchos años. Antes se trabajaba sin seguro y sin nada.  A los 12 empecé a trabajar en el campo. Lo mismo cegaba, que cogía aceitunas o limpiaba los sembrados. Yo tenía hermanas pequeñas y prefería que mi madre se quedara cuidándolas, así que me iba a trabajar yo. No se ganaba mucho, pero había que trabajar.

 

Después, ya casada, estudié Corte y Confección y dejé el campo. A los años puse una droguería en la que estuve trabajando 10 años, y después un quiosco con sus pipas, sus caramelos. De todo, hija. He hecho de todo.

 

¿Su marido también se dedicaba al campo?

 

Si, él ha trabajado mucho. Tanto en el campo, como en los albañiles y en el molino donde hacían el aceite. Ha estado toda la vida trabajando, ganando muy poco, pero trabajando muchísimo. Desde los 5 años empezó a trabajar, haciendo incluso turnos dobles para ganar más dinero y dárselo a su familia, hasta que enfermó de cáncer y murió hace 5 años.

 

¿Qué tipo de pensión cobra usted?

 

Pues cobro 315’19 euros de una paga que me da el Gobierno, porque decían que no tenía bastante cotizado. Y de viudedad cobro 384’50 euros, lo que suman unos 699’69 euros.

 

¿A qué gastos se enfrenta con esa pensión?

 

Pues imagínate, todos los gastos de una casa. Yo pago teléfono, comunidad, agua, luz, la contribución de la vivienda, el seguro, la comida. Todo. Este mes me ha venido una factura de luz de 101 euros, de tanto poner el brasero. Pero es que una no puede estar sin esas cosas, y más con el frío que está haciendo. Así que 100 euros para la luz, y así con todo. Hay que hacer malabares para llegar, porque luego se presentan imprevistos y hay que tener algo guardado.

 

¿Alguna vez ha tenido dificultades para poder pasar el mes?

 

Sin comer no me he quedado todavía, pero hay que hacer esfuerzos. Yo soy una persona que no tiene lujos. No juego a la lotería, no voy al bar, no gasto en compras. Eso sí, el único lujo que tengo es ir a la peluquería una vez a la semana, pero porque no me puedo peinar yo sola. Después, si se presenta una comida familiar o comprar lo que sea para la casa, pues se compra, pero ya está.

 

¿Ha necesitado alguna ayuda económica familiar?

 

No, porque no la he necesitado, ni mis hijos tampoco, pero creo que el día que me hiciera falta me ayudarían, igual que yo a ellos. Por ahora me apaño bien con mi pensión, voy justa pero puedo. Mis hijos me insisten en que me vaya con ellos, pero yo aún me puedo valer, así que prefiero quedarme en mi casa.

 

Ahora los jubilados y pensionistas también deben pagar por los medicamentos, ¿qué opina de esto?

 

Eso lleva unos 6 meses en funcionamiento, porque antes era gratis. A mí no me parece bien que tengamos que pagar por los medicamentos. Porque dicen que nos suben la pensión, sí. Pero si me hacen pagar por los medicamentos, me la están bajando, porque el dinero que me dan por un lado, me lo quitan por el otro.

 

Yo estoy mala del hígado, del estómago, tengo dolores en las piernas y en los hombros, y para eso necesito un tratamiento. Yo tomo al día pastillas para el azúcar, el colesterol y la tensión, y ahora tengo que pagar un porcentaje por ellas. Así que imagínate. Yo creo que las personas mayores no deberían pagar por los medicamentos, porque los necesitan y se va un buen dinero en ellos.

 

Pero después de todo, al menos puede llegar a fin de mes. Es usted una superviviente.

 

Sí, por lo menos una no se queda sin comer ni tiene que pedir dinero a nadie. Yo lo digo siempre, Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy.

 

Lo mismo pide Manoli, otra luchadora incansable. Manoli tiene 78 años y es ‘viuda. A diferencia de otras mujeres, esta ciudadana de Camas, una de las ciudades dormitorio de Sevilla, es una mujer separada. Cuando aún no estaban del todo aceptados los divorcios, Manoli reunió el valor y se separó de su marido. Actualmente, esta abuela sevillana vive sola, aunque pasa algunas temporadas con sus hijos para disfrutar de sus nietos.

 

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¿Ha trabajado alguna vez?

 

Yo no he trabajado nunca. Como se decía antiguamente, me lo tenían prohibido. Yo he trabajado mucho en mi casa, haciendo las labores del hogar que se le llama ahora. He sido ama de casa toda mi vida, así que no he cotizado nada.

 

Entonces sólo cuenta con la pensión de viudedad, ¿no?

 

Sí, yo tengo una paga de 618 euros de viudedad, por lo que mi ex marido cotizó en su momento. Él era mecánico de mantenimiento del Hospital Virgen del Rocío, y allí trabajó muchos años, por lo que cotizó lo suficiente.

 

Y con esa pensión, ¿a qué gastos puede hacer frente?

 

Pues con esa pensión, imagínate. Tengo que pagar 50 euros de comunidad todos lo meses, más unos 40 euros o así de luz, el seguro, el butano, la comida. Dime tú a mí qué me queda de los 618 euros después de pagar todas las facturas. Nada. Con ese dinero no tengo para nada. Sólo se puede mal vivir.

 

¿Cómo hace para llegar a fin de mes?

 

Con la paga doble que nos dan en Navidad y en verano, ahorro un poquito, lo que puedo, y voy tirando de ahí cuando me falta para pasar algunos meses. Pero mal, hija. Yo estoy mala del corazón y el médico me dice que me tengo que relajar y llevar una vida tranquila, pero con ese dinero no se puede relajar una, porque nunca sabe si va a tener suficiente un mes. Yo soy de comer poco, no bebo, no fumo, no tengo vicios, así que más o menos me las puedo arreglar.

 

¿Ha necesitado ayuda económica de sus familiares?

 

Gracias a Dios no. Ni yo su ayuda ni ellos la mía. Mis hijos tienen dinero para poder ir tirando, no son ricos pero al menos pueden vivir con lo que ganan, y yo pues me apaño con lo poquito que tengo y voy ahorrando lo que puedo. Espero que sigamos así. Hay que tocar madera.

 

¿Cómo le ha afectado el nuevo pago por medicamentos?

 

A mí todavía no me han hecho pagar por los medicamentos, no se por qué será, pero cuando paso la tarjeta en la farmacia no me sale que tenga que pagar nada. Yo supongo que es porque los medicamentos que tengo son los mismos desde hace muchos años, que son para mis enfermedades crónicas. No se, pero el caso es que yo no pago, pero mis amigas sí que pagan, ¿eh? Y fíjate tú qué panorama, cuando no se puede tirar con la paguita que nos dan y encima les hacen pagar por las medicinas que necesitan.

 

Clementina, a la que todos conocen como Clemen, es viuda desde hace tres años. Como tantas otras mujeres, esta sevillana basa sus ingresos en una pensión que el Estado le proporciona cada mes. La diferencia entre Clemen y la casi totalidad del resto de mujeres andaluzas de su edad es que ella ha contado con un contrato laboral estable durante 40 años. Un caso excepcional que contrarresta con la delicada situación económica a la que deben hacer frente la mayoría de mujeres en Andalucía.

 

alt¿A qué edad empezó a trabajar?

 

Era muy joven. No recuerdo muy bien la edad, pero fue pronto. Mis padres murieron cuando yo tenía 7 años, y fui criada por mis tíos. Ellos no querían que trabajara, pero yo insistía. Sabía que conocían a los dueños de una fábrica de envases que estaba cerca de donde vivíamos, y les propuse hablar con ellos. Como las familias eran amigas, entré a trabajar con un contrato fijo, y ahí estuve durante 40 años.

 

¿Su marido también trabajaba?

 

Él se dedicaba a la construcción. Era autónomo, y siempre tuvo trabajo, pero no de forma fija.

 

Entonces, la pensión que cobra por viudedad debe ser mínima, ¿no?

 

Si. Yo cobro la pensión de jubilada, lo correspondiente a mis 40 años trabajados. Que tampoco creas que es mucho, ¿eh?

 

¿Cuál es el total de su pensión?

 

El Gobierno me da en total 795,40 euros al mes, en bruto. A parte va lo del IRPF, y las subidas y bajadas que hacen cada dos por tres. Esta última vez nos han subido la pensión un 2%. Ya ves tú lo que es un 2%. Yo porque puedo vivir con lo que cobro, porque no tengo hijos y para mi sola tengo bastante, aunque de tanto pagar facturas llego justa; pero tengo algunas vecinas, hija, que pobrecitas mías.

 

¿Recibe o proporcionar alguna ayuda a algún familiar que este pasando por un mal momento económico?

 

Ayudo a mi hermano, que tuvo problemas con una obra y necesitaba el dinero. Y bueno, si una puede tirar con poco y a él le hace más falta, pues se lo doy y ya está.

 

¿A qué gastos debe hacer frente con su pensión?

 

Pues por suerte el piso ya lo tengo pagado, pero el agua y la luz no deja de subir. Las facturas cada vez son más grandes, y no se por qué, porque si una vive sola, tú me dirás qué luz y qué agua gasto yo. Pero nada, cada mes pagamos más. Además tengo que pagar la comunidad y mantener el coche de mi marido, el seguro, los arreglos. Yo no lo cojo, me da miedo, pero mis sobrinos si que lo usan, y a mí me da cosa decirles que lo paguen ellos.

 

¿Qué opina del pago por los medicamentos?

 

Yo entiendo que estamos en crisis y que hay que ajustarse un poquito más, y por eso antes no se tenían que pagar los medicamentos y ahora si. Algunos son muy caros, y una parte la pasa la Seguridad Social y la otra la tenemos que pagar nosotros. Pero cuando una tiene tantos males y tiene que comprar tantos medicamentos, el dinero que se va en la farmacia se nota.

 

Usted puede presumir de llegar a fin de mes con la pensión que cobra, pero otras muchas personas no.

 

Hay personas que viven con los 400 euros de su paga y tienen que pagar el piso además de las facturas. Y el dinero que una gaste para comer, porque de eso no hemos hablado. Cuando llega mediados de mes y pagan todo lo que tienen que pagar se quedan sin dinero, y ahora a ver qué hacen. Desde luego, la situación es inaguantable y como no hagan algo pronto, esto va a explotar por algún sitio.

 

La situación precaria que sufren algunas mujeres no sólo se da en Andalucía. Barcelona también cuenta con un alto índice de mujeres con una pensión excesivamente baja que se enfrentan mes a mes a la lucha cotidiana de sobrevivir.

 

Consuelo González, de 87 años, es una de ellas. Nacida en Barcelona, esta mujer ha pasado toda su vida trabajando. Ahora es viuda y según ella, cobra la mitad de lo que le pertenecería.

 

-¿A qué edad comenzó a trabajar?

 

Desde los 14 años llevo trabajando. Anda que no he trabajado yo nada. Siendo una niña tenía que ir hasta Gracia desde Horta, imagínate la aventura que era eso en aquellos tiempos. Los hombres se te arrimaban más de la cuenta, sólo algunos, y claro, una tenía que defenderse de alguna manera. Era muy común llevar un alfiler, para que mantuvieran las distancias. En el momento que uno se acercaba más de la cuenta, sacaba el alfiler y se lo clavaba (risas). En Gracia trabajaba de soldadora en el torno, y así estuve muchos años, sin contrato, claro. Después me busqué un trabajo más cerca de mi casa, porque me daba miedo ir a las 5 h de la mañana hasta Gracia. Trabajaba haciendo alpargatas, pero tampoco tenía contrato. Eso de los seguros y los contratos no se llevaba entonces.

 

-Y después de tantos años trabajados, ¿qué pensión tiene usted?

 

Pues si te digo la verdad, no sé ni cuanto cobro, pero te digo yo a ti que muy poco. No cobro ni la mitad de lo que me pertenecería. Estoy como quien dice muerta de hambre, y tengo un hijo enfermo. Le dio una embolia hace tiempo y desde entonces tengo que mantener a una persona que lo cuide, porque yo ya no puedo. Eso es un dinero más que se gasta, y con esa pensión no puede una tirar para adelante.

 

-Entonces, ¿cómo hace frente a los gastos?

 

Pues tirando un poco de la poca pensión de viudedad que tengo. Mi marido era cristalero, y el pobre tuvo muchos problemas con los cobros. La gente le pagaba con pagarés, y se murió hace 17 años y aún seguían debiéndole los pagarés. La verdad es que llego a pasarlo mal. Con las dos pensiones apenas puedo llegar a fin de mes, entre una cosa y otra, y encima ahora con eso de que hay que pagar los medicamentos, ya me dirás a mí. Con 87 años, imagina cuántos medicamentos puedo necesitar, y ahora, otro gasto más. Esto ya es inaguantable. Estamos jodidos.

 

 

Al igual que Consuelo, Carmen ha pasado toda una vida trabajando y ahora se encuentra en la situación de mantener una casa sola y con una pensión de apenas 600 euros.

 

-¿Ha trabajado usted alguna vez?

 

Uy que si he trabajado. Desde muy joven empecé a trabajar en la fábrica de Philips. Estuve muchos años allí, pero claro, llegó el momento de casarme y ya dejé de trabajar. Pero no porque yo quisiera, sino porque allí, en cuanto te casabas te echaban a la calle, y ahora búscate la vida. Eso nos pasó a mí y a más de 200 chicas que trabajábamos allí.

 

-Y después de la fábrica, ¿a qué se dedicó usted?

 

Pues como digo, a buscarme la vida. Empecé a trabajar como cajera en una tienda de cosméticos, de pintalabios y eso, pero no estaba contratada ni nada. Me pagaban lo que podían así, en negro, y bueno, una se conformaba y tenía para tirar. Poco después me avisaron para trabajar en una fábrica haciendo botones. Allí estuve 4 años con contrato de trabajo y muy bien, la verdad. Hasta que ya tuve a mis hijos y trabajaba en mi casa como ama de casa.

 

-¿Qué cuantía de pensión tiene?

 

No llega a los 600 euros, pero al menos cuento con la de viudedad de mi marido, que estuvo trabajando 49 años y, por suerte, no está tan mal. Pero vamos, que son muchos gastos a los que hacer frente y a veces una llega justa a fin de mes, sin darse ningún lujo. A veces piensas, yo no tengo para comer y ese que pasea por allí tiene para mantener a un perro. Pero bueno, hay que seguir como se pueda.

 

 

En el contexto de una dictadura, donde los derechos de los trabajadores no se habían contemplado, la contratación era algo casi imposible para una mujer. Así lo entiende Josefina Duch Mansión. Trabajadora desde los 13 años, esta catalana no ha cotizado nunca.

 

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¿Desde cuándo ha trabajado usted?

 

Yo empecé a trabajar a los 12 o 13 años, no recuerdo muy bien. Mis padres tenían una pensión en el pueblo donde vivíamos, y yo me encargaba de limpiar las habitaciones, hacer las camas y todas las tareas relacionadas con la limpieza.

 

Cuando fui un poco más mayor empecé a trabajar en el pueblo haciendo alpargatas, esas típicas de aquí. Ahí estuve durante muchos años, hasta que me casé con mi difunto marido. Después me dediqué al campo, que era lo que más se hacía entonces. Compaginaba el trabajo en el campo con las alpargatas, que las seguía haciendo en mi casa y las vendía como podía.

 

¿Había mucho trabajo en el campo?

 

Sí que había, pero en el 54’ hubo unas heladas que dejaron el campo sin faena. Fue entonces cuando decidimos emigrar a Barcelona. Pero no fui la única, ¿eh? Muchas personas dejaron el campo para irse a la ciudad, porque el tiempo había dejado parado el campo y, claro, de algo había que vivir. Teníamos que buscarnos la vida.

 

Y en Barcelona, ¿a qué se dedicó?

 

Estando en Barcelona empecé a coser corbatas y fundas de gafas en mi casa, igual que hacía antes las alpargatas. No se sacaba mucho dinero, pero al menos, entre lo que yo ganaba y lo que ganaba mi marido podíamos ir tirando. También empecé a trabajar haciendo bolsos, en una trastienda muy pequeña que había detrás de un taller. Y cuando pasaron unos año, trabajé de lo mismo en otro taller, pero en ninguno tuve contrato. Allí no teníamos contrato ni nada. En aquel entonces no existía eso de los contratos, y mucho menos para las mujeres.

 

¿A qué se dedicó su marido?

 

Él trabajó muchos años en el campo, pero por las heladas, cuando nos vinimos a Barcelona, se dedicó al transporte público. Era conductor de autobuses, aquí en Barcelona, y la verdad es que lo ganaba bien, aunque trabajaba mucho.

 

¿Cuál es la cuantía de su pensión?

 

Yo cobro 680 euros al mes, bastante bien, teniendo en cuenta que hay gente que no llega a los 400 euros. La pensión de viudedad que me dejó mi marido es alta, dentro de lo que cabe, así que más o menos tengo para llegar.

 

¿Qué gastos afronta con esa pensión?

 

Pues de ahí tengo que pagar 100 euros del piso, porque es uno de esos pisos de renta antigua y sólo pago eso. Pero a los 100 euros hay que sumarle la comunidad, el agua, la luz, el gas, la contribución y todas las facturas que le llegan a una. Algunos meses, cuando puedo, también le doy algo de dinero a mi nieto. Unos 200 o 300 euros. Lo que pueda. Porque él está en paro, y después de haber estudiado no encuentra trabajo de lo suyo y está de un lado a otro, haciendo lo que le sale.

 

¿Qué opina de la bajada de las pensiones?

 

Yo de eso no quiero ni opinar. Es indignante que jueguen así con las personas mayores. Nos están robando el dinero que nos pertenece y nadie hace nada. Nos están engañando entre una cosa y otra, y eso no se hace.

 

Mujer de 76 años, pensionista, con 8 hijos y seis nietos. En este momento dos de sus hijos viven con ella porque se quedaron en paro, teniendo como únicos ingresos una pensión de aproximadamente 500 euros. Viven en un piso de un barrio humilde de Ourense, Covadonga. Un tercer piso sin ascensor que dificulta mucho la vida a esta mujer que presenta una movilidad reducida, y que recibe habitualmente la ayuda a domicilio de voluntarios y voluntarias de Cruz Roja.

 

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¿Cómo ha cambiado su situación en los últimos cinco años?

 

Mucho, porque uno de mis hijos lleva ya cuatro años en paro y ya no tiene ninguna ayuda, y la otra estaba de interina en Toledo, y también la echaron. Pero no puedo mantener a mis hijos con 500 euros, pagar la casa, todos los gastos, comer… Y dejando aparte mis enfermedades, yo antes podía tomar un café si me apetecía y me llevaban mis hijos, pero ahora no puedo porque tendría que  dejar de comprar una barra de pan. Yo nunca pensé ver lo que veo en la tele. Yo nací en el año de la guerra, pero me parece que ahora va a haber otra guerra. Yo no la veré pero, está muy cerca de nosotros…

 

¿De qué manera depende de su pensión su entorno?¿Cómo les ayuda?

 

Viven conmigo porque no pueden mantenerse, pero yo estoy enferma y ya no puedo más… Es una tristeza. La angustia de una madre es pensar qué va a pasar con sus hijos después de que ella falte. Y en la convivencia siempre hay roces. Cada uno tiene sus preocupaciones, y también tienen que ocuparse de mí…

 

¿Cuál cree que es el sector más afectado por la crisis? Adultos, menores, discapacidad, inmigración… 

 

A todos, porque si tienes a un hijo sin trabajo tienes a unos nietos que no pueden estudiar, y han rebajado el tiempo de paro…  Es increíble, pero hasta los niños se hacen adultos y sufren como sus padres.

 

La familia se está convirtiendo en un sostén vital para la inmensa mayoría. ¿Cómo cree que hacen las personas que no la tienen o están lejos?

 

Pues lo tienen muy difícil… Y ahora los que tienen casa y no pueden pagarla los echan fuera… Es un desastre. Yo que no pedí nunca nada, crié a mis hijos, y ahora estamos así, teniendo que pedir ayuda, porque la pensión que antes era para mí sola ahora es para que vivamos tres, y no tenemos pagas extras y nos la han congelado, mientras que los precios de la luz, del gas sí que suben. Cómo se puso la vida…

 

Qué cree que es lo que más va a costar recuperar? El estado de bienestar, los derechos laborales, la sanidad universal, la calidad de la educación…

 

Ni en la sanidad ni en el trabajo deberían tocar. Porque la gente está ganando el pan para sus hijos, y que se lo quiten así es muy duro. Eso no es vivir.

 

La generación mayor de 70 años ha pasado ya más de una crisis, como la postguerra o la de los 70. ¿Ha cambiado usted el concepto de pobreza?

 

Yo ya pasé hambre cuando era pequeña, Pedíamos en las puertas. Y ahora vamos a Cáritas y a la Cruz Roja. Ahora hay que volver a pedir, pero como quiten las subvenciones no sé qué va a ser de nosotros.

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