El disidente Chen Guancheng avisa que los ciudadanos de su país han despertado en lo que llama la ‘primavera tibetana’ y que se están movilizando para vencer el cóctel de manipulación y violencia del partido comunista en el poder

primavera tibetana

El Col·legi de Periodistes de Barcelona ha acogido esta mañana un desayuno informativo con el disidente chino Chen Guancheng en el marco del Festival del Tibet y de los Derechos Humanos. La fecha no es precisamente casual sino muy señalada por una triple efeméride: el acto se ha llevado a cabo coincidiendo con el Día de los Derechos Humanos, el vigésimo aniversario de la Fundació Casa del Tibet y los 25 años de la concesión del Premio Nobel de la Paz al Dalai Lama. El Ayuntamiento de Barcelona ha contribuido a organizar este encuentro ante los medios.

Abogado autodidacta, invidente y activista por los derechos humanos, es miembro del The Witherspoon Institut, profesor visitante del Institute for Policy Research and Catholic Studies y asesor de la Lantos Foundation. Chen estuvo encarcelado entre el 2006 y el 2010 por denunciar la práctica de abortos forzados con los que el gobierno chino castigaba a las mujeres que desafiaban la política del hijo único. Una vez liberado, estuvo dos años bajo arresto domiciliario en su pueblo natal de la provincia de Shangdhong, del que se fugó en abril del 2012 para refugiarse en la embajada americana de Pekín. Su huida provocó una de las mayores crisis diplomáticas de la historia entre ambos países.

Hasta mediados del 2013, fue becario en la Universidad de Nueva York, que no le renovó la beca por presiones del gobierno chino. Posteriormente se trasladó a Washington, donde prosigue su lucha en medio de una constante presión y asedio: el pasado junio hizo pública una lista con el nombre de 44 funcionarios chinos a los que acusa de perseguirle, tiene un primo en la cárcel y su hermano mayor fue detenido y torturado por huir de Pekín pidiendo ayudar a entidades pro-derechos humanos para su hijo encarcelado. Asimismo, figura en la lista negra del exembajador chino en Estados Unidos, que todavía no entiende quién le financia para que venga a Europa a desenmascarar la verdad. Está en el punto de mira pero no se esconde. Como Saviano o Assange.

Guancheng ha reconocido que la sociedad china necesita programas informáticos ilegales para acceder a la información real y, de esta manera, evitar “la manipulación y la propaganda del gobierno, que quiere controlar la ideología de la gente”. La distorsión del partido comunista en el poder abarca todos los ámbitos, desde la ausencia de garantías legales, “ya que te pueden enviar a la cárcel sin explicaciones”, pasando por el maquillaje de las cifras económicas “para parecer fuertes”, hasta el dominio absoluto de todos los Ministerios a la situación del Tibet y la figura del Dalai Lama, que califica como una persona “amable, cercana, humana y con mucha bondad”.

La censura llega a límites surrealistas, como por ejemplo la existencia de un “presupuesto anual de estabilidad social” (superior al militar), eufemismo bajo el que se oculta una política represiva aplicada “a cualquier opinión en contra del gobierno” con la finalidad de “poner el país bajo vigilancia”.

Transformación de abajo hacia arriba

Pese al clima de amenazas, aunque los policías acechen con armas los movimientos de los monjes alrededor de los templos, la gente no se amedrenta ni se atrinchera en el silencio. Al contrario, según él ya está en marcha una especie de “primavera tibetana”, -con unas 20.000 manifestaciones al año, una cada 20 minutos -, que a largo plazo ha de convertir a China en “un país democrático que respete los derechos de los ciudadanos”.

A juicio del disidente, este proceso será una transformación “de abajo hacia arriba”, propiciada por la mejora de las condiciones económicas, que a su vez eleva las demandas sociales más allá de la pura supervivencia. “Aparte de comer, ahora la gente busca una vida con dignidad”. Guancheng explica que la incertidumbre sobre el cambio se compensa con la “inquietud” de la calle. Ante la estrategia “diabólica” basada en la manipulación ideológica, el uso de la violencia y la corrupción de los funcionarios, Guancheng hace un llamamiento mundial para desafiar el orden preestablecido a través de la democracia y la transparencia periodística, antes que las cosas “sucedan o empeoren”.

Como muestras aberrantes de la falta de imparcialidad y seguridad jurídica, ha constatado la vigencia de los abortos forzados (prohibidos por ley) para las mujeres que se atrevan a cuestionar la política del hijo único; las torturas a cualquier persona que esté de acuerdo con las políticas de Honk Kong y la imposición de sentencias a los jueces sin observar la ley. En este sentido, el caso más flagrante es el de la detención de su primo: 30 personas entraron en su casa para agredirle, él defendió a su familia con un cuchillo, la reyerta se saldó con algunos heridos y la legítima defensa fue interpretada como un ataque merecedor de cárcel. “Yo soy la ley”, repite con jactancia el secretario del partido comunista.

Sobre los métodos de la administración americana en materia de derechos humanos, el disidente chino acusa Obama de “perjudicar seriamente los valores universales”, con acciones “insuficientes” y de arruinar el prestigio de un país que consideraba un ejemplo “de respeto y esperanza”.  Por otro lado, también ha criticado la eficacia de las presiones del gobierno chino sobre Francia y Alemania y ha pedido “perseverancia y persistencia” a las potencias occidentales para terminar con este régimen del miedo.

Guancheng mantiene la esperanza de volver algún día a su país y aspira a que la historia pase cuentas con “la dictadura del gobierno chino”. Mientras, difunde su mensaje y organiza actos para remover conciencias. Esta tarde liderará una manifestación pacífica entre la sede de la Fundació Casa del Tibet hasta la Plaça Sant Jaume. Y el jueves participará en la conferencia “Derechos humanos en el Tibet y la China” al lado de José Elías Esteve Moltó, jurista internacional y redactor de las querellas presentadas ante la Audiencia Nacional por genocidio y crímenes contra la humanidad cometidos contra el pueblo tibetano.

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