Una posguerra fría sin progresos visibles hacia la paz

altCuatro especialistas analizan la remilitarización de las relaciones internacionales.

 

 

 

El acto principal de la celebración del decimoquinto aniversario del Centre J. M. Delàs d’Estudis per la Pau, consistió en una mesa redonda que contó con la participación de Arcadi Oliveres, profesor de Economía en la Universitat Autónoma de Catalunya (UAB) y miembro fundador del centro; Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM); Rafael Grasa, profesor de Relaciones Internacionales de la UAB y presidente del Institut Català Internacional per la Pau (ICIP); y Helena Torroja, profesora de Derecho Internacional Público de la Universitat de Barcelona (UB) y jefa de estudios del CEI-International Affairs. Moderó Eduard Sanjuán, periodista de TV3 (la televisión pública catalana).

 

 

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El moderador planteó una situación internacional poco halagüeña: un mundo más proclive al conflicto, en el que la profundización de las desigualdades favorece la adscripción “a ideologías redentoristas violentas”. Como punto de partida para el debate propuso esta cuestión: ¿progresa la humanidad, por lo que a la gestión pacífica de los conflictos se refiere?

 

La OTAN, “organización terrorista”

 

Oliveres achacó a la OTAN una responsabilidad sustancial en la remilitarización de las relaciones internacionales. Negó su condición defensiva recurriendo a detalles históricos –en 1949, año de fundación de la Alianza, no existía el peligro del “enemigo del Este”, puesto que la URSS aún carecía de la bomba atómica– y equiparó su misión a la del extinto Pacto de Varsovia: el control militar de los países que quedaron bajo la influencia de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Y rubricó tales consideraciones con esta acusación: “Sencillamente, la OTAN es una organización de carácter terrorista.”

 

Una vez desaparecido el bloque del Este, prosiguió Oliveres, el gasto militar ha crecido, “prueba de la remilitarización de que hablamos”. Del billón de dólares que sumaba el gasto militar mundial en 1984, año de la caída del Muro de Berlín, se ha pasado en la actualidad a 1,750 billones de dólares.

 

También dedicó algunas palabras a China, de la cual destacó su condición de amenaza económica, “no militar”, para Occidente, desvinculándola del imperialismo militarista tradicional (“China defiende sus intereses mediante el comercio”), y advirtió contra los riesgos inherentes a la posible aprobación del tratado de libre comercio entre Europa y Estados Unidos, puesto que el acuerdo –en sus términos actuales– viola derechos establecidos por los ordenamientos europeos, lo cual puede ser causa de contestación popular y represión estatal.

 

Buenas intenciones con escasos logros

 

Rafael Grasa consideró que la paz de Westfalia (1648), por la cual se puso fin a la Guerra de los Treinta Años, supuso el primer intento de limitación del derecho de la fuerza en las relaciones internacionales. La misma inspiración tuvieron el Pacto Briand-Kellogg (1928) y la Carta de las Naciones Unidas (1945). De todos modos, “las relaciones internacionales siempre han estado militarizadas; no se pueden analizar con los mismos criterios que la política interior de los estados, porque no existe ni la separación de poderes ni un ejecutivo y un legislativo mundiales”. Aunque haya una Corte Internacional de Justicia, “sus sentencias no son vinculantes, a no ser que los estados las acepten previamente como tales”.

 

A continuación se refirió a la “confusión entre militarismo y militarización”. Tras rechazar la hipótesis de unas relaciones internacionales “más militarizadas que antes”, afirmó que está creciendo el militarismo, entendido como “influencia creciente de los principios y valores militares en la política, la economía y la seguridad”.

 

Especialmente preocupante resulta “la pérdida parcial de control de los medios masivos de violencia por parte de los estados”, y Grasa lo ilustró con este dato: medio millón de personas mueren al año por arma de fuego, pero solo dos de cada diez de ellas son víctimas de la violencia bélica o del terrorismo, mientras que el resto perece por otras formas de violencia, como pueden ser la delincuencia común o el narcotráfico. Con frecuencia se buscan soluciones represivas militares a estos problemas, sin éxito en su aplicación.

 

Grasa señaló como germen de futuros conflictos la gran área Asia-Pacífico, que será la más dinámica a efectos económicos dentro de unas pocas décadas; así se colige de la acusada tendencia al alza en los presupuestos de defensa de los países de la zona.

 

La opción por el soft power

 

Los pequeños logros apreciados por Rafael Grassa en la politización de las relaciones internacionales interestatales no le parecen significativos a Helena Torroja, para quien la única nota de mejora y optimismo viene dada por el trabajo y la creciente influencia de las organizaciones no gubernamentales (ONG).

 

Si vistas “desde el paradigma de la interdependencia compleja”, las relaciones internacionales se han complicado por la entrada en escena de una serie de actores no estatales que disputan a los estados su tradicional protagonismo. Así ocurre con diferentes instituciones, que tienden a comportarse de modo autónomo (por ejemplo, la CIA en Estados Unidos), y con grandes corporaciones que influyen en las decisiones políticas.

 

La urdimbre de relaciones así entretejida –prosiguió Torroja– favorece la cooperación y la interdependencia entre los estados, de modo que el “hard power“ (la presión dura, bélica) se pospone en numerosas ocasiones, sustituido por el “soft power“ (la presión suave, manifestada en formas de coacción no militar como las sanciones económicas impuestas a Rusia por su entremetimiento en la crisis ucraniana).

 

Sin embargo, advirtió la profesora que esta respuesta soft también conlleva sus riesgos, pues “no solo importan los hechos, sino cómo son percibidos”. Y refiriéndose de nuevo a Rusia, constató la creciente conciencia victimista de su población, acicatada por el propio gobierno de Vladimir Putin, que achaca las sanciones contra el país a una conjura internacional impulsada por la OTAN para preparar una guerra termonuclear.

 

No hay partido posible

 

Carlos Taibo destacó en primer lugar “las dobleces” de todos los conflictos actuales, que impiden su adhesión a cualquiera que los bandos en liza, como dijo haber hecho el ponente en los casos anteriores de Bosnia, Chechenia o Kosovo. Para ejemplo puso el caso de Ucrania, donde las dos partes allí enfrentadas defienden posicionamientos etnicistas y poco acordes con los principios democráticos. “En conclusión, tenemos que acostumbrarnos a lidiar con conflictos sucios.”

 

En el caso concreto de Rusia (que ayer fue sin duda la estrella del debate), y sin pretender en ningún momento defender las políticas autoritarias y reaccionarias de Vladimir Putin (así lo advirtió), Taibo se remitió a los seis primeros años de mandato del presidente ruso, caracterizados por su colaboración con Occidente, para destacar que ni Estados Unidos ni la OTAN tuvieron en cuenta esa buena predisposición, ni siquiera su colaboración en la guerra de Afganistán: los aliados prosiguieron con el despliegue del escudo antimisiles, respaldaron todas las “revoluciones de colores” de signo antirruso y ni siquiera concedieron a Moscú un trato económico privilegiado. Pero incluso ahora, sostuvo, Rusia ha desistido de hacer valer sus ases energéticos: “¿Por qué no ha tenido lugar una nueva crisis del gas?”

 

No fue el profesor de la UAM menos crítico que Oliveres con respecto al protagonismo internacional de la Alianza Atlántica, aunque eludió los adjetivos para basar su crítica en una cita de G. K. Chesterton: “El matrimonio es una institución ideal para resolver un sinfín de problemas que no existirían si no existiese el propio matrimonio.” La OTAN es como el matrimonio, sentenció.

 

La Guerra Fría está muerta

 

Los cuatro ponentes negaron que el mundo marchase hacia una nueva Guerra Fría. Como advirtió Taibo, el hecho de compartir un mismo sistema económico genera lazos sólidos entre todos los países… Aunque “la pervivencia de lógicas imperiales con sus respectivos intereses”, añadió, constituye un elemento de parentesco y factor de desestabilización. Una de esas lógicas, según el propio Taibo apuntó, atañe a Rusia, aunque en ella “tenga también mucha responsabilidad” la actitud arrogante y belicosa de Occidente.

 

Al respecto, Torroja señaló que el imperialismo ruso es anterior a la propia URSS (el Estado soviético lo heredó de su precedente zarista), pues deriva de un fuerte sentimiento nacionalista “arraigado en la tradición cultural rusa”.

 

Oliveres intervino en este punto para tildar a Putin de autor de maquinaciones terroristas –atentados en el Metro de Moscú, asalto a la escuela de Beslán…– destinadas a fortalecer su poder interno y prestigiar su ideología ultranacionalista.

 

Por su parte, Grasa negó la hipótesis de una nueva Guerra Fría porque no hay situación de incomunicación diplomática entre los adversarios y la lógica de la intervención militar está remitiendo, debido –como había señalado Taibo– a intereses económicos compartidos por todas las partes. También criticó la sumisión diplomática de la Unión Europea ante los Estados Unidos.

 

Problemas de hoy

 

En cuanto a la situación en el Magreb, Oriente Medio y Asia Central, Oliveres achacó los orígenes de conflictos como los de Afganistán y Libia a “intereses económicos que quieren dar lugar a estados fallidos”.

 

Grasa incidió en que Oriente Medio es “probablemente la región más militarizada del mundo”. “Creo –prosiguió– que asistimos a un cambio geopolítico en la zona, ligado a tres factores: la incapacidad de Estados Unidos para resolver el problema por la vía militar; la reaparición de problemas antiguos, relacionados con las fronteras artificiales trazadas por el colonialismo occidental; y la lucha entre facciones del Islam”. Sobre los dos primeros puntos, concluyó: “Una vez más, Occidente crea más problemas de los que resuelve.”

 

Para Taibo, en Oriente Medio merece especial estudio el movimiento libertario kurdo, surgido en la lucha contra poderes de diverso signo (la dictadura laica siria, la teocracia iraní, el nacionalismo turco), “y que ha rechazado la lógica del Estado para construir una sociedad autogestionaria, con importantes avances en economía social, liberación de la mujer y contestación franca ante la violencia étnica y religiosa que sufre la región”.

 

Torroja aprovechó la experiencia de las guerras de Oriente Medio para denunciar la remilitarización privada: los contingentes de mercenarios de compañías privadas que han participado en esos conflictos, allí permanecen tras la salida de las tropas regulares estadounidenses. Y respaldó las críticas a Occidente formuladas por Grasa, al establecer un nexo causal entre violaciones de los derechos humanos como el campo de concentración de Guantánamo y el crecimiento del yihadismo del Estado Islámico.

 

La importancia del narcotráfico

 

A pregunta del autor de estas líneas, que se extrañó de la ausencia de una mención al narcotráfico como factor de desestabilización y remilitarización, Grasa constató el fracaso de la actitud represiva promovida por el aún vigente Régimen Internacional de Control del Comercio de Drogas, creado en 1912 por iniciativa británica, para controlar el mercado del opio chino. A continuación mostró con un ejemplo la influencia del narcotráfico sobre la política: en Colombia, las leyes creadas para eximir de responsabilidades criminales a miembros del ejército consideran que las acciones llevadas a cabo durante la guerra serían “delito político”, y por lo tanto no punibles, figura legal que el presidente Santos sugirió que podía extenderse al narcotráfico. Obama se mostró proclive a meditar sobre esa posibilidad “si el país está de acuerdo”.

 

Para Torroja, “el narcotráfico no se soluciona porque no se quiere. No hay voluntad política por parte de los estados”, debido a que la élite política está imbricada con poderes económicos de intereses poco claros. A lo que añadió Oliveres: “Los beneficios del narcotráfico necesitan de los paraísos fiscales para poder reciclarse. Sin los paraísos fiscales, el narcotráfico no podría existir. En la actualidad, la Comisión Europea está presidida por un señor, Jean-Claude Juncker, que es el máximo valedor mundial de los paraísos fiscales.”

 

Una Cataluña independiente… pero sin Estado propio

 

Finalmente cabe decir que la anécdota jocosa de la jornada se debió a Taibo, cuando recordó su época de articulista “en el diario humorístico El País”.

 

También ensalzó el profesor madrileño la existencia del Centre Delàs, “que implica el compromiso del talento y los sentimientos de personas muy valiosas” y cuyo homólogo echa en falta en la Villa y Corte, y tuvo una peculiar referencia a la consulta catalana del pasado 9 de noviembre de 2014: “Yo soy de las pocas personas que defendieron que en el referéndum malhadado había que responder NO+SÍ. No necesitamos un Estado catalán pero sí una Cataluña independiente. Cuando la institución Estado se cruza por medio, me remito a la frase de Chesterton sobre el matrimonio.”

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