21 abril, 2021

Estética española del XVIII

Breve reseña sobre las principales aportaciones estéticas de clérigos y filósofos del XVIII
Marcelino Menéndez Pelayo.

La obra Historia de las ideas estéticas en España (del siglo XVIII), del filólogo e historiador Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912), nos ofrece una visión y un análisis particular de los diferentes estudios y opiniones que tuvieron numerosos clérigos y filósofos sobre la estética o la filosofía del arte durante el siglo XVIII y principios del XIX. En muchos casos esas ideas se nutren del creciente pensamiento ilustrado del XVIII, aunque muchos otros, no sin necesitar un fundamento teórico sólido de las bellas artes, ya representan una antesala muy embrionaria de los pensamientos sobre lo bello. Incluso bastante antes de los estudios estéticos de Alexander Gottlieb Baumgarten entre 1735 y 1750.

El padre Fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), establece una Razón del gusto. Según sus explicaciones, el gusto no depende de lo honesto ni de lo útil. El gusto es deleitable. Este gusto y la belleza los crean Dios y la naturaleza. El gusto también proviene de las mismas cualidades de los objetos, de la música y la pintura en general.

En cuanto al gusto del sujeto, expone un término que se denomina el «no sé qué», que se asocia a la «gracia» de los griegos y renacentistas. El “no sé qué” es no saber lo que te gusta e ignorar por qué te gusta. El «no sé qué» tiene muy establecidas las medidas de la proporción, de la composición y del orden, pero hay algo que se le escapa, y no por eso lo hace feo, sino agradable y hermoso.

Feijoo adora las artes musicales por encima de las otras

Según el escritor Ignacio Luzán (1702-1754), la belleza se funda en la verdad real y en la verdad verosímil, que no es otra cosa que una imitación, una pintura o una copia de algo. Su interés por lo bello se basa en la Poética.

Esteban de Arteaga (1747-1799), es el principal teórico español de la filosofía de las artes, a la altura de Edmund Burke. Arteaga distingue entre la copia y la imitación. La copia no altera el referente, lo reproduce en exactitud. La imitación sufre diversas alteraciones pero sin perder la esencia del referente. Estas disquisiciones van unidas siempre a las artes (música, bellas artes, poesía…). Por otro lado, Arteaga apunta que lo feo no es propio del objeto, sino que es lo que no es capaz de producir deleite.

OBRA NOTABLE: Investigaciones filosóficas sobre la belleza ideal, considerada como objeto de todas las artes de imitación (1789)

Para Jovellanos, que admira a Velázquez, la naturaleza se imita tal y como es, no se debe enmascarar nada.

Félix José Reinoso (1772-1841), cree que la poesía (las bellas letras) está por encima de las bellas artes. Reinoso tiene, por lo tanto, una fuerte influencia de Lessing, y en concreto de su obra Laocoonte. Para él, la poesía no necesita de instrumentos ni mecanismos artificiosos para dar juego a la imaginación. Con la poesía todo es posible, pasan las cosas, pasaron, pueden pasar, pueden ser, etc. La pintura capta algo en concreto, que define las cosas y los objetos desde un solo punto de vista. Con la poesía se pueden definir todas las partes del objeto y prolongar el momento que se describe. Tiene muchas dimensiones.