Sucedió en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, una noche de Halloween en una consulta de urgencias. Después de atender a más de setenta pacientes, entró alguien extravagante. En efecto, tenía su rostro pintado, se trataba de una hermosa mujer vestida completamente de rojo, con cuernos y un tridente en la mano.

¿Es usted el doctor Fausto?

Sí, en efecto.

Su cara me suena.

¿Nos conocemos? dijo el doctor.

Quiero que examine mi corazón, creo que tengo una arritmia.

Siéntese en la camilla y levántese la camiseta.

Entonces el médico colocó el estetoscopio entre sus enormes senos y comprobó su ritmo cardíaco.

Su corazón está bien.

No es culpa suya. Sé que hacen lo que pueden con los medios que tienen, pero admita que eso es lo que diría un médico del siglo XIX. He tenido una vida amorosa muy complicada. Hoy mismo me ha dejado mi amante. Le digo que tengo una arritmia y hoy en día tienen mejores medios para detectarla.

Como le dije antes. Su corazón está bien. Puede ir a un especialista o volver si no se encuentra bien, o si siente un fuerte dolor en el pecho.

Está bien.

Al día siguiente, los titulares de los periódicos contaban que un hombre falleció de infarto mientras realizaba labores de carga y descarga en el centro de Zaragoza. Mientras tanto, el doctor fue a ver a una amiga que llevaba mucho tiempo sin ver. Cuando encontró la dirección fue recibido con un fuerte abrazo. La casa estaba decorada de forma muy elegante. Cada detalle estaba pensado para seducir. Ella era de ojos azules, y tenía dos rubias trenzas. Saltaban a la vista sus ubérrimos encantos. Una verdadera beldad. Su atuendo era una sencilla camiseta y falda corta, estaba preciosa.

¿Te apetece una copa de vino?

Claro.

Mientras tomaban el vino ella le contó sus novedades. Aparte de ir a las fiestas de Halloween, le dijo que trabajaba para devolver la magia a la raza humana. Se había sentado enfrente. A pesar de que el doctor estaba ya convencido de que no iba tener nunca más relaciones sexuales en su vida, cada vez que ella cruzaba sus extremidades, con sus medias de media pierna, tenía que reconocer que se excitaba mucho en lo más íntimo de su ser. Entonces ella soltó una bomba.

Ahora que ya nos hemos puesto al día, quería proponerte algo: quiero que nos acostemos, pero que sepas que no voy a enamorarte de ti.

¿Ángel o diablo? Me estás tentando. Eres mi momento de dolor y duda. Pensé que ya no iba a tener nunca más estas tentaciones.

Quiero tener sexo contigo.

Para ti será solo sexo, pero para mí será amor. Seguro que tienes otros amantes. El sexo es competencia. No me interesa competir con nadie.

Quiero hacer realidad una fantasía sexual que tengo contigo hace muchos años, ahora.

Todavía no sabes lo que he estado haciendo en el tiempo que llevamos sin vernos.

¿Qué has estado haciendo?

No tengo arreglo. Primero estudié la lógica de Aristóteles, pero no me satisfizo, porque solo servía discutir. Luego estudié medicina y me gané una gran reputación como médico. Pero como la medicina no puede dar la inmortalidad, a pesar de que la sigo practicando, también me decepcionó. A continuación, me dediqué a estudiar leyes. Pero como solo trataba asuntos sin importancia también las descarté. Entonces me incliné por la teología. Pero como la Biblia dice que los hombres pecan y su castigo es la muerte tampoco encontré allí lo que estaba buscando. Por eso al final opté por la magia y la nigromancia, y para tener ese conocimiento vendí mi alma al diablo. Por eso ni siquiera un ángel como tú ya puede salvarme.

Entonces la mujer le dijo que ella era la respuesta a sus plegarias. Es más, le ató las manos a la espalda y le puso una venda en los ojos. Allí en aquella silla, le hizo gozar primero, casi involuntariamente, y luego consiguió que se entregara a ella con todas sus fuerzas. Al final llegaron juntos hasta el orgasmo varias veces. Sin embargo, después de haber conocido el bien y el mal, lo divino y lo humano, el doctor Fausto, todavía no consiguió estar satisfecho, incluso aquella misma mañana al despertar a su lado, le dijo al oído:

Tras conocerte mejor he tenido una idea. Tal vez sea cierto lo de la arritmia. Querido Lucifer, creo que las empresas que contratan a profesiones de riesgo, como la tuya, deberían ofrecer un seguro privado para hacerte un hotler de arritmias y una prueba de esfuerzo, y así ayudar a salvar vidas y a no saturar en particular, a los doctores de urgencias, y en general, a descongestionar la Seguridad Social.

Articulista en Revista Rambla | Otros artículos del autor

Escritor sevillano finalista del premio Azorín 2014. Ha publicado en diferentes revistas como Culturamas, Eñe, Visor, etc. Sus libros son: 'La invención de los gigantes' (Bucéfalo 2016); 'Literatura tridimensional' (Adarve 2018); 'Sócrates no vino a España' (Samarcanda 2018); 'La república del fin del mundo' (Tandaia 2018) y 'La bodeguita de Hemingway'.

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