En Blade Runner, la película de 1982 protagonizada por Harrison Ford, se llamaban replicantes. Fueron creados a imagen y semejanza del ser humano para acabar con la mano de obra esclava: los replicantes serían quienes pasaran a desarrollar las labores arduas que hasta el momento recaían sobre la población humana más desfavorecida. Dicho en otras palabras, los replicantes eran robots esclavos que permitirían que el ser humano no se viera esclavizado nunca más. Por supuesto, éste es un resumen demasiado sintético de los entresijos que en verdad conforman la película, basada a su vez en el libro: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Desconocemos con lo que soñaría un robot a día de hoy, seguramente lo haría con elementos de la realidad versionados por el robot en una edición más mecanizada e industrializada de nuestro entorno. Así pues, el interrogante que Philip K. Dick utilizó como título para su novela parece bastante acertado.

En cualquier caso, nuestra sociedad actual no cuenta -hoy por hoy, al menos- con replicantes que sustituyan la mano humana en la esclavitud. Ahora bien, sí dispone de suficientes avances tecnológicos que han permitido que en la robótica se desarrollen «cobots», o lo que es lo mismo: robots colaborativos: unos robots industriales, articulados, de pequeñas y medianas dimensiones que permiten automatizar ciertas tareas sin suponer necesariamente una amenaza para el puesto de trabajo. Más bien, al contrario, representan una ayuda. La finalidad de los cobots -como su mismo nombre indica- reside precisamente en colaborar; en prestar un servicio auxiliar.

¿En qué consisten?

Estos robots han sido diseñados para interactuar con los trabajadores en el entorno laboral. Favorecen la eficiencia y la productividad de la empresa, pero sin sustituir en su totalidad al empleado. A menudo, los trabajadores que los utilizan en su área profesional los emplean como una herramienta auxiliar, capaz de desarrollar procesos manuales repetitivos y tareas que puedan suponer un riesgo elevado para el trabajador. El primer cobot se desarrolló ya en el año 1996. Evidentemente, desde entonces ha evolucionado hasta adoptar formas tan variadas como la de un brazo robot. Quienes principalmente recurren a esta maquinaria son las industrias: farmacéutica, química, alimentaria y automovilística. En todas ellas, aunque especialmente en la alimentaria y automovilística, se opta por los brazos robóticos, que permiten -por ejemplo, en el caso de empresas de fabricación de vehículos, soldar piezas.

Principales características

Son:

  • Robots fáciles de utilizar, gracias a un software programado de modo que el operario -a pesar de no tener experiencia- pueda manipularlo sin riesgos.
  • Robots reprogramables, de forma que el mismo brazo robótico (por ejemplo) puede desarrollar tareas distintas en función de las necesidades de la empresa en ese momento. Si en un instante se requiere que solde piezas, puede hacerlo de la misma forma en que también puede posteriormente pulirlas.
  • Robots seguros, además de sensitivos: si durante el proceso detectan algo inusual que puede suponer riesgo para el operario, actúan a fin de suprimir esa circunstancia inusual que puede perjudicar al trabajor y a la producción.
  • Su coste, por sus reducidas dimensiones -en comparación a otros robots- los hace ser robots económicos.

¿Qué los diferencia de un robot industrial convencional?

Los robots industriales que no son cobots no están diseñados para trabajar auxiliarmente con personas. Mientras que los cobots son compactos, ligeros, pueden desplazarse por el espacio y desarrollar tareas de distinto tipo (una vez han sido reprogramados para esta o aquella función), los robots industriales cuentan con un software configurado para que el robot realice una única función. Así pues, no son reprogramables y, además, tampoco se desplazan por el espacio, sino que permanecen anquilosados en un sitio fijo. De hecho, los robots industriales sí requieren que, en caso de programación, intervenga un técnico especializado. Esto no sucede con los cobots: el mismo trabajador al que el cobot ayuda puede reprogramar sus funciones desde la interfaz del software del cobot, que suele ser sencilla e intuitiva.

¿Dónde pueden conseguirse?

Empresas como UR ofrecen cobots en España. Aunque su sede principal se ubica en Barcelona, presta servicios a nivel nacional e internacional. En su caso, los brazos robóticos colaborativos que diseña y fabrica disponen de seis ejes. Ha trabajado con empresas como RNB Cosméticos, y colabora en el ámbito educativo de la Formación Profesional en técnicos y operarios capaces de trabajar con los cobots de forma auxiliar.

Ventajas de los brazos colaborativos

Los brazos industriales se quedan cortos en ventajas frente a los brazos colaborativos:

  • Gran versatilidad
  • Reprogramables
  • Económicos
  • Rentables
  • Seguros

Todo ello contrasta con las desventajas de los brazos industriales:

  • Programación limitada sin capacidad de reconfiguración.
  • Alto coste de mantenimiento.
  • Reparación económicamente cara en caso de avería.
  • No pueden desarrollar tareas distintas ni adicionales a aquellas para las que han sido creados expresamente.

Los cobots ofrecen, además, ayuda que favorece la producción de una industria pero sin atentar contra la plantilla de la empresa, ya que son robots que minimizan las bajas laborales al efectuar ellos las tareas más arriesgadas, pero sin que esto suponga el despido del trabajador, porque no trabajan en sustitución del mismo -y esto es clave-, sino en colaboración con el operario.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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