El movimiento vecinal barcelonés reclama la gobernanza ciudadana

altLas asociaciones de vecinos de Barcelona afrontan los nuevos problemas de la ciudad con la convicción de que las instituciones necesitan de la participación popular para un gobierno eficiente de la ciudad.

 

 

Las asociaciones de vecinos de Barcelona cuentan con una dilatada trayectoria de iniciativas en favor de las libertades democráticas y los derechos sociales. Adaptadas a los nuevos tiempos gracias a la combinación de esfuerzos y experiencias entre activistas veteranos y jóvenes profesionales comprometidos con sus principios, las causas prioritarias actuales son el combate contra la pobreza derivada de la crisis económica, y la crítica al modelo de urbanismo especulativo y turismo de masas impulsado por el gobierno municipal de la ciudad.

 

 

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“Nuestras señas de identidad son la transversalidad, la democracia interna y la libertad de crítica ante los poderes públicos, sean del color que sean”. Esa es la tarjeta de presentación de la Federació d’Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB) en palabras de su presidente, Lluís Rabell, un barcelonés de pura cepa, nacido en 1954 en la calle de Joaquín Costa, una de las arterias principales del barrio del Raval (el antiguo Chino). Rabell se formó como traductor, ha trabajado en distintas ocupaciones y hoy es uno de los referentes del movimiento vecinal barcelonés.

 

El turismo es un gran invento… para la especulación

 

El turismo es un gran invento.Así se titulaba una célebre película de la década de 1960, cuando España se lanzó en brazos del turismo para recibir las divisas que le permitieran salir de la pobreza. La Barcelona de hoy hace lo propio para capear la crisis, pero la apuesta le ha salido controvertida al municipio: la Ciudad Condal fue noticia el pasado verano por los problemas derivados de la masiva presencia de visitantes temporales en el menestral barrio de la Barceloneta (aunque la situación es extensible a otras zonas de la ciudad). Y es que el modelo turístico de masas impulsado por la alcaldía barcelonesa evoca los estropicios ya conocidos en las no tan lejanas islas Baleares.

 

“Siempre ha habido turismo y siempre lo habrá, el problema es su gestión –asegura Rabell–. No si podemos hablar de un modelo turístico del gobierno municipal; en verdad se trata de una ausencia de modelo.”

 

“El Ayuntamiento –explica nuestro interlocutor– emplea un discurso idéntico al de los años de euforia del ladrillo. Una apuesta por el crecimiento ilimitado de un vector económico, el turismo, de modo que las políticas municipales están creando un nuevo efecto burbuja. Pero, además, se está demostrando que esa apuesta municipal está determinada por la influencia de lobbys; grupos de presión muy efectivos como el gremio hotelero y algunas grandes corporaciones. Pensemos por ejemplo en el capital catarí, financiador del Fútbol Club Barcelona y presentes en operaciones como la del Hotel Vela, en la fachada marítima de la ciudad. La excusa del turismo está sirviendo de pretexto para una avalancha de inversiones de capital procedente de la especulación financiera, que no encuentra la rentabilidad deseada en la economía real y presiona para ser invertido en la transformación y privatización de determinados sectores urbanos, con la creación de equipamientos de lujo para uso exclusivo de la élite económica. Ejemplos de ello son los proyectos de la nueva Marina del Port Vell y la habilitación del Palau del Mar como hotel de lujo.”

 

De barrios a parques temáticos

 

Estamos hartos de oír que un país no puede recibir un número incontrolado de emigrantes, pero cabría preguntarse lo mismo con respecto al turismo: ¿debería hacerse un estudio de sostenibilidad física y social sobre la capacidad turística de Barcelona? ¿Puede aguantar la ciudad un número indeterminado y creciente de turistas? El presidente de la FAVB indica que hay zonas completamente saturadas, como Ciutat Vella [distrito que abarca el casco histórico barcelonés], donde se concentra el 40 % de la oferta hotelera local; allí “no pueden darse más licencias de establecimientos de hostelería, contrariamente a lo dispuesto por el gobierno municipal. En algunos barrios de Ciutat Vella, como el Gòtic, apenas quedan vecinos; la especulación inmobiliaria los está convirtiendo en parques temáticos”.

 

Políticos complacientes, lobbys agradecidos

 

Las autoridades de este país, sean estatales, autonómicas o locales, temen implicarse en la regulación de los fenómenos económicos emergentes hasta que la falta de normas haya generado un verdadero desaguisado, y ello se explica por “acuerdos entre las élites locales y los inversores internacionales. Sospechas fundadas apuntan a que ciertos partidos políticos son comisionistas de estas tramas, y que actúan como representantes legislativos de las mismas. La exconcejala socialista Itziar González, quien denunció los abusos cometidos en la concesión de licencias de apartamentos turísticos, sufrió intenso acoso, con amenazas de muerte incluidas, y ni siquiera el gobierno municipal la defendió”.

 

A la pregunta de si los macroproyectos impulsados por el Ayuntamiento en connivencia con los citados lobbys se someterán a consulta popular (como hizo el exalcalde Hereu con su plan de transformación de la Avinguda Diagonal, rechazado por los ciudadanos), Rabell indica que el alcalde Trias no está por la labor. Y coincidimos en que la democracia tiene ese riesgo, que la opinión de la gente debería tener poder para deshacer los entuertos de los políticos, porque, en caso contrario, el riesgo es la (falsa) democracia.

 

De cuando se socializan muchos problemas, pero pocos beneficios

 

Por lo expuesto se colige que este crecimiento turístico desbocado está contribuyendo al incremento de la pobreza en la ciudad, a pesar de la propaganda municipal: “Desde luego. La especulación de origen turístico está cronificando y ahondando la pobreza”, con fenómenos como “el incremento del precio de los alquileres, el mobbing inmobiliario –sobre todo hacia las personas mayores que pagan rentas antiguas– y la gentrificación, con la expulsión progresiva de los vecinos de toda la vida y la transformación de los barrios en ciudades-dormitorio. De este modo se fractura social y urbanísticamente la ciudad”. Sin olvidar la pobreza laboral: “Los puestos de trabajo que genera el turismo, de por son estacionales, precarios y mal pagados. Y medidas municipales como la ampliación de los horarios comerciales está profundizando esa precarización, sobre todo por lo referente al empleo femenino, con creciente dificultad de conciliación entre el trabajo y la vida laboral.” Otro factor socialmente disolvente y empobrecedor estriba en la sustitución del comercio tradicional y familiar por franquicias, cadenas comerciales y similares, por partida doble: antiguos comerciantes quedan sin trabajo y los nuevos empleos generados también son precarios.

 

Como conclusión, Rabell sintetiza: “Es cierto que el turismo representa entre un 12 y un 14 % del PIB de la ciudad, pero también es verdad que sus beneficios recaen principalmente en determinados sectores, mientras que sus costes sociales y medioambientales son socializados, soportados por todos los habitantes de la ciudad. Como alternativa, echamos en falta una política seria de reindustrialización; nos gustaría que se fomentara el cooperativismo, que suele crear empleo más estable y de mayor calidad; y que hubiera medidas más decididas en favor de actividades económicas relacionadas con la preservación del medio ambiente y la sostenibilidad.”

 

La renta básica ciudadana, una necesidad perentoria

 

Retomando el tema de la pobreza, el entrevistado destaca su “carácter poliédrico”, puesto que “está relacionada con el paro, pero también con el trabajo precario: crece el número de personas que trabajan pero viven en condiciones de necesidad. Tener trabajo ya no es sinónimo de salir de la pobreza, puede suponer estar instalado en ella, a lo cual se suman los recortes en los servicios sociales y la escasez de viviendas de titularidad pública para el alquiler de que adolece la ciudad. La situación es tan complicada que urge garantizar la subsistencia de capas cada vez más amplias de la sociedad. Por eso ha respaldado la FAVB la Iniciativa Legislativa Popular sobe la Renta Básica de Ciudadanía tramitada en el Parlament de Cataluña”.

 

Este mes de octubre, el Tribunal Constitucional ha admitido un recurso del gobierno central que pretende anular la ley catalana contra la pobreza, al considerar que discrimina a los ciudadanos de las comunidades autónomas donde no se aplicará la medida. Con tal precedente, comento a mi interlocutor que el proyecto de ley de renta básica también podría ser interpretado por el ejecutivo central como inconstitucional, y me responde: “El problema para el gobierno no es la inconstitucionalidad de la ley, sino que otras comunidades autónomas tomen ejemplo, como ocurrió con el decreto sobre vivienda andaluz, recurrido igualmente por el gabinete, fiel valedor de los intereses de los bancos.”

 

Sin embargo, la oposición a la renta básica no solo está fuera, puesto que “el actual gobierno de la Generalitat es muy hostil al proyecto, tanto por las estrecheces presupuestarias como por el consabido temor a que esa renta favorezca la vagancia y desincentive la iniciativa privada. Es decir, los argumentos clasistas de siempre”. Y concluye: “Por supuesto, la renta básica no es la solución definitiva de la pobreza, pero un dique de contención para evitar situaciones de penuria extrema.”

 

altLos otros catalanes

 

Hasta ahora, la rumorología popular de ciertos barrios no achacaba sus problemas a los turistas, sino a otros extranjeros: los emigrantes. Las asociaciones de vecinos han tenido un importante protagonismo en la integración ciudadana de tales personas. ¿Cree nuestro entrevistado que esa acción ha repercutido en una convivencia mejor? ¿Participan los emigrantes activamente en las organizaciones vecinales de sus barrios y distritos? Para contestar, Rabell se remonta a los primeros tiempos del actual movimiento vecinal barcelonés, “que tiene mucho que ver en su origen y ADN con la emigración de las décadas de 1950 y 1960”.

 

Aquellas gentes llegadas de Andalucía, Extremadura, Galicia y tantos otros lugares de la península “lucharon por dignificar sus barrios” como respuesta al caos urbanístico generado por el desarrollismo franquista. Ellos rompieron la primera lanza reivindicativa por una dotación universal de los servicios públicos, “y todo ello con un empeño integrador, como demuestra su apuesta de cohesión social representada por una escuela pública inclusiva en catalán, propósito que aún sigue chocando contra la voluntad del PP de crear en Cataluña cantones lingüísticos”.

 

Con respecto a la última oleada migratoria, procedente del Magreb, América Latina, Europa Oriental, etc., “no podemos alardear de que no haya habido problemas, pero cabe considerar que esta tarea ha sido relativamente exitosa por nuestra parte. Pero nos queda mucho por hacer en la lucha por garantizar los derechos civiles y políticos de los emigrantes.” En este sentido, Rabell se muestra partidario de conceder el derecho al voto –en cualquier tipo de elección– a todos aquellos que no son nacionales de este país, pero “a quienes se considera aptos para trabajar, cumplir con las leyes y pagar impuestos”, dice con sorna. Además, me recuerda que la FAVB está implicada en la campaña de SOS Racisme por el cierre del Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Barcelona, “una vergonzosa zona de no-derecho que amenaza las libertades democráticas de toda la sociedad, puesto que estos territorios legalmente irregulares tienen una extraordinaria capacidad para extenderse, como la historia ha demostrado. Ningún colectivo puede verse privado de derechos por razones arbitrarias”.

 

El asociacionismo revaloriza Barcelona

 

El asociacionismo en todas sus facetas (asociaciones de vecinos, orfeones populares, centros culturales y ateneos, grupos folclóricos…), tanto el subvencionado como el que funciona sin ayudas públicas, constituye todo un valor de la ciudad de Barcelona, además de uno de sus rasgos de identidad. Un verdadero patrimonio ético, civil y cultural. ¿No debería difundirse como tal, tanto dentro de la ciudad como fuera de ella? Muchos pensamos que tan importante es la Sagrada Familia como todo este movimiento social, y Rabell también comparte dicha opinión: “En Barcelona hay unas 5.500 asociaciones de lo más diverso. Ello demuestra la existencia de una riqueza inmensa en la sociedad civil local.”

 

El presidente de la FAVB compara este tejido asociacionista con las neuronas de un gran cerebro que, cuando conectan, dan lugar a “grandes movimientos ciudadanos transformadores”.

 

Rabell es consciente de que, junto al asociacionismo tradicional, existen hoy nuevos movimientos de gran peso social, como los derivados del 15M o las asambleas de barrio. ¿Y cuál es el protagonismo actual de la FAVB, tradicional valedora de las causas ciudadanas?: “Más que como líderes, representantes o coordinadores de nada, por nuestra amplia presencia en los distritos nos vemos como facilitadores, útiles para una red de activismo ciudadano que vaya construyendo un discurso adaptado a los retos actuales.”

 

La cogobernanza como exigencia de futuro

 

Gracias a su larga experiencia y a la formación cualificada de muchos de sus miembros (arquitectos, urbanistas, sociólogos, abogados, médicos, maestros…), el movimiento vecinal y asociativo barcelonés ha alcanzado un grado de elaboración intelectual insólito hasta la fecha. En la actualidad “no solo tiene capacidad de crítica, sino también de análisis y de propuesta; de diseñar alternativas creíbles y factibles”.

 

Esta evolución inquieta a las instituciones, acostumbradas como estaban a aventajar en información y capacidad técnica a las asociaciones populares (“la creatividad de la sociedad civil les incomoda”). Sin embargo, los poderes públicos deberían contemplar este emporaderamiento civil como una oportunidad histórica para profundizar en la democracia: “la posibilidad de cogobernar con la sociedad” a través del intercambio de información y un debate fluido que atendiera las aspiraciones de la mayoría social. “Un cambio prometedor para unos e inquietante para otros.” Todo un reto para el futuro.

 

De la teoría a la práctica electoral

 

Buena parte de los nuevos movimientos ciudadanos que ha mencionado Rabell están participando, a nivel de todo el Estado, en la formación de candidaturas renovadoras para hacer frente a los partidos tradicionales en los comicios municipales de mayo de 2015. Guanyem Barcelona es una de ellas. Como organización, la FAVB no puede comprometerse con ninguna propuesta política concreta, a pesar de que una de los miembros de su junta, Ada Colau, se perfila como candidata a la alcaldía por dicha formación.

 

A título personal, nuestro entrevistado se muestra proclive a Guanyem Barcelona, del que espera “un gobierno cómplice con la causa vecinal, que promueva la participación ciudadana pero respete siempre tanto su independencia como la nuestra, sin pedir que hagamos de palmeros”.

 

En cuanto al posible resultado de las próximas elecciones municipales, nuestro entrevistado espera que la alcaldía se decida en las urnas, no en las negociaciones de camarilla posteriores, y que el escrutinio dé lugar a un cambio de gobierno: “Podemos recogerá la decepción de buena parte del electorado socialista, tras la ruptura del pacto social de la Transición. Ada Colau, gracias a su perfil reivindicativo, concita la simpatía de amplios sectores que están más allá de las capas sociales politizadas, sobre todo en los barrios donde la participación electoral es muy baja (que son, por cierto, los más deprimidos económicamente). Esquerra Republicana tiene buenas expectativas de voto y un candidato sólido, pero a quien le cuesta conectar con ciertas capas populares en Barcelona; actualmente pasa por un debate interno acerca de su actitud hacia Guanyem.”

 

La cuestión soberanista y su vertiente social

 

Lluís Rabell participó en el pasado mes de septiembre en el acto de presentación de la campaña Esquerres pel Sí-Sí. Después de que haya reiterado la independencia de la FAVB, la pregunta es obligada: aun admitiendo que toda persona tiene derecho a manifestar sus ideas y trabajar por llevarlas a la práctica, ¿este posicionamiento no le crea problemas de liderazgo dentro de la organización vecinal, donde habrá de todo, como en botica, y que además no es una entidad estrictamente política?

 

“Como entidad –responde–, la FAVB tiene un compromiso compartido con la celebración de la consulta (desde la convicción de que la ciudadanía catalana es un sujeto de pleno derecho), lo que no implica que como organización apoyemos la independencia. En nuestra junta hay gente para todas las opciones de la doble pregunta. Yo procedo de una tradición de la  izquierda federalista, y sigo siéndolo; mi elección, el Sí+Sí, se debe a que la creación de una República catalana sería, a mi entender, el preludio de una federación libre; de un vínculo fraternal mucho más profundo que el actual. Por supuesto, mi participación en ese acto fue a título privado.”

 

Sin embargo, Rabell no es cualquier particular, puesto que su persona está ligada de modo inextricable a la FAVB. Por eso pregunto: ¿no se le ha quejado nadie dentro de la organización? Y él insiste en que no hay problema, pues “no soy el único cargo del movimiento vecinal que manifiesta con toda sinceridad sus posiciones políticas. Estamos acostumbrados a convivir con la pluralidad interna”.

 

“El movimiento soberanista –prosigue–, que es profundamente democrático, también está vinculado al movimiento contestatario derivado del 15M, con un fuerte componente social; en este proceso, los elementos identitarios clásicos son secundarios. No se pretende la ruptura con España, sino con un régimen de casta. Amplios sectores del soberanismo catalán aspiran a una renovación profunda de la clase política y de sus formas de proceder (al igual que Podemos en el conjunto del Estado), lo cual supone una amenaza para los grandes partidos tradicionales. La casta teme una posible conexión, basada en el reconocimiento y la complicidad, entre los procesos sociales que se están desarrollando a nivel estatal y el proceso democrático en Cataluña. Además, como el nacionalismo español es el dominante, no se ve a sí mismo como tal, sino como el orden natural de las cosas.”

 

Hay, no obstante, un espacio de encuentro entre el nacionalismo español representado principalmente por el PP y el nacionalismo catalán de CiU: “En temas que afectan a la cartera, los vínculos de clase son más potentes que los sentimientos nacionales. Así ocurre en el Ayuntamiento de Barcelona, donde los asuntos presupuestarios se pactan entre CiU y PP.”

 

La FAVB, contra Pujol

 

Uno de los partidos tradicionales que pueden ver amenazada su influencia política en el escenario hipotético de la independencia es CiU, “formación nacida para administrar un contexto político concreto, que tiene muchas posibilidades de disolverse si la situación queda profundamente trastocada”.

 

CiU es la federación política de Fèlix Millet –procesado por el saqueo de las cuentas del Palau de la Música Catalana– y el expresident Jordi Pujol. Contra ambos se ha personado la FAVB como acusación particular… y no suele ser habitual que las asociaciones de vecinos se enfrasquen en este tipo de pleitos: “Nosotros siempre hemos estado comprometidos con los grandes temas políticos, y en la lucha contra la corrupción nos parece imprescindible la intervención de la sociedad civil. Debemos exigir a las instituciones que dejen de ser un universo opaco en el que se entretejen todo tipo de tramas.” 

 

Del caso Pujol, preocupa a Rabell el ámbito real del delito, “si ha sido el delito de un particular o, por el contrario y lo que resulta más grave, un caso de gobernanza mafiosa, consistente en que las altas instancias del Estado, tanto bajo los gobiernos del PSOE como del PP, eran conocedores de la actuación del clan Pujol, pero se guardaban la información en la manga como posible elemento de chantaje sobre la capacidad de autogobierno de Cataluña, del mismo modo que Pujol conocía los movimientos extraños de PSOE y PP. Una vez que CiU,  rebasada por las exigencias de la sociedad civil catalana, se sumó a la causa soberanista, sus compinches de Madrid se sintieron traicionados.”

 

Suspenso a la Alcaldía

 

Antes de acabar, la pregunta del millón: ¿se atrevería a poner nota a la gestión del alcalde Trias? Tras las risas, opta por el suspenso, “aunque, como siempre, las cosas son matizadas. Como persona es muy educado y amable, pero su gestión es profundamente neoliberal, aunque no lo admita (él se considera socialdemócrata). La acción municipal desarrollada a través de las concejalías está dominada por grupos de interés”.

 

Para finalizar, preguntamos a Lluís Rabell qué tres o cuatro medidas le parecen perentorias para la ciudad, y se inclina por estas: “Primera, una actitud seria contra los desahucios: los poderes públicos municipales no deben acompañar ni amparar estos procedimientos, además de impulsar una política que salida a la crisis habitacional (por ejemplo, medidas con los pisos vacíos propiedad de los bancos o los apartamentos turísticos, a fin de reconvertirlos en pisos de alquiler). Esta actuación solo necesita voluntad política… que puede llevarte, es cierto, a pelear con los bancos y otros amigos poco recomendables de la Alcaldía. Segunda: puesto que el Ayuntamiento de Barcelona tiene superávit (160 millones de euros al cierre del último ejercicio) y un nivel de endeudamiento razonable, debería invertir decididamente en políticas sociales para evitar la fragmentación de la ciudad (un ejemplo de desigualdad: la esperanza de vida entre Pedralbes y Ciutat Vella puede ser incluso de ocho años). Y tercera: trabajo común en proyectos con los colectivos y asociaciones, para adecuar las inversiones municipales a las necesidades reales de los barrios, mejorando así su coste y funcionalidad.”

 

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