EL CARICATURISTA OLVIDADO

Dicen los críticos que fue uno de los más vanguardistas y mejores caricaturistas del siglo XX. Y los autores del libro que les presento, Jaume Capdevila –Kap– y Lluís Solà, aseveran que su hubiera nacido en, EE.UU., por ejemplo, hoy su obra y recuerdo llenaría cientos de libros y exposiciones. No les falta razón.

 

 

 

 

 

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Dicen los críticos que fue uno de los más vanguardistas y mejores caricaturistas del siglo XX. Y los autores del libro que les presento, Jaume Capdevila –Kap– y Lluís Solà, aseveran que su hubiera nacido en, EE.UU., por ejemplo, hoy su obra y recuerdo llenaría cientos de libros y exposiciones. No les falta razón.

 

Andreu Dameson. Geni de la caricatura repasa la vida de un artista singular, tocado por la genialidad, cuyos dibujos son el ejemplo más lúcido de las vanguardias europeas. Andreu Dameson Aspa (1897-1968) nació en La Garriga (Barcelona) y murió en Buenos Aires (Argentina), después de una vida rocambolesca trufada de episodios tan curiosos como su primer viaje a la Argentina (1923), que lo hizo como polizón en un barco y dejando, como cuentan las malas lenguas, una novia compuesta y sin novio en el mismísimo altar de la iglesia.

 

Fogueado en las revistas satíricas y anticlericales de la época, estudió dibujo en Barcelona y París, ciudad donde conoció a Picasso. Además de la caricatura y el dibujo humorístico, también ejerció el dibujo del natural, la pintura, el periodismo y la literatura. Fue colaborador de las míticas revistas satíricas catalanas L’Esquella de la Torratxa y La Campana de Gràcia. En el año 1932 participó en un concurso internacional en Nueva York, su caricatura del President de la Generalitat de Catalunya, Francesc Macià, se llevó el primer premio ante la aclamación de los artistas llegados de todo el mundo. Ese mismo año volvió a Cataluña siendo agasajado en su ciudad natal que lo nombró hijo predilecto.

 

Fueron famosas sus caricaturas del citado Macià y de otros dirigentes político catalanes como Francesc Cambó. Mahatma Gandhi y Bernard Shaw, también pasaron por el mágico lápiz de Dameson, éste último le compró la caricatura.

 

Durante la Guerra Civil, el artista defendió la legalidad republicana. En Barcelona organizó una exposición con dibujos y caricaturas de los jefes de Estado de la época para recaudar fondos para los huérfanos de la guerra. En 1939 partió al exilio y cruzó los Pirineos, pero Francia fue injusta con los refugiados republicanos españoles, no me cansaré de decirlo, esos refugiados que luego formarían las partidas de maquis que liberaron París. Dameson fue a parar, como tantos, a un campo de concentración. Las penalidades, como se pueden imaginar, fueron horribles y, para vergüenza de la Cruz Roja francesa, nunca pisaron uno de estos campos para dar asistencia humanitaria, sí lo hicieron los cuáqueros y otras organizaciones, así como personas a título individual, como en el caso heroico de Elisabeth Eidenbenz (Elna), que en la maternidad que dirigía salvó la vida de 597 niños, hijos de los refugiados republicanos. Nuestro artista consiguió huir del campo y se exilió en su querida Argentina. Allí trabajó en revistas como Crítica, Ressorgiment y Catalunya. En noviembre de 1940, cuando el régimen franquista ejecutó al Presidente de la Generalitat Republicana, Lluís Companys, Dameson dibujó una alegoría de la ejecución en la portada de Catalunya, revista que se editaba en Buenos Aires. Dicha portada se convirtió en un símbolo de la resistencia democrática y la imagen recorrió el mundo. Luego, su autor cayó en el olvido, y murió en 1968 en el exilio. Exposiciones conmemorativas, documentales y demás honores llegaron, sí, pero, como casi siempre, tarde…

© JAVIER CORIA

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