CONCENTRACIÓN EN DEFENSA DE LA INMERSIÓN LINGÜÍSTICA EN CATALÁN

¿Está realmente perseguido el castellano en Catalunya? ¿Existe una imposición del catalán sobre el castellano? ¿Viven los castellanoparlantes como forajidos, ocultos en la clandestinidad? Y por contra, ¿es posible hacer vida normal durante 24 horas en Barcelona únicamente en lengua catalana? 

 

 

 

 

Texto: Jordi Navarro  Fotos: Francesc Sans

 

La interlocutoria del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) conminando a que la lengua castellana sea considerada -junto a la catalana- lengua vehicular en las escuelas de Catalunya, ha supuesto una defensa firme de la inmersión lingüística en catalán, a cargo de diversas entidades cívicas y educativas bajo la iniciativa de SomEscola. Concentraciones frente los ayuntamientos de las ciudades y pueblos de Catalunya apoyan el modelo educativo vigente.

 

 

¿Está realmente perseguido el castellano en Catalunya? ¿Existe una imposición del catalán sobre el castellano? ¿Viven los castellanoparlantes como forajidos, ocultos en la clandestinidad? Y por contra, ¿es posible hacer vida normal durante 24 horas en Barcelona únicamente en lengua catalana? Son estas preguntas absurdas; quizá a alguien les interese, por ejemplo en Buenos Aires o México D.F., pero no por ello restan incongruencia. Resultan cuestiones sin sentido, impulsadas principalmente por cierto nacionalismo español de corte filoserbio, que desde el propio lugar de los presuntos hechos -nos referimos a Catalunya– se hacen complicadas de refutar, precisamente, por la falta de realidad que comportan; ¿a qué huelen las nubes? “¡Y yo qué sé!”.

 

Treinta años de educación bajo el modelo de inmersión lingüística han permitido que, en la actualidad, más personas que nunca en la historia de Catalunya hablen y entiendan la lengua catalana. En números absolutos, no hay discusión posible. Hay quién piensa que la inmersión lingüística ha beneficiado a generaciones descendientes de inmigrantes castellanoparlantes, pero se equivocan por cortos de miras: ¿cuántas madres y padres de habla catalana desconocen la gramática básica de su propia lengua? Crecieron en un régimen españolista y uniformizador, que eliminó de las escuelas toda referencia a su lengua materna; fueron sujetos pasivos de la inmersión lingüística en el idioma del imperio nacionalcatólico. Algunas formaciones políticas (secundadas por medios de comunicación afines) que buscan el beneficio electoral -con grandes réditos en el Estado Español- atisbando el terror de la “amenaza separatista” y el sentimiento xenófobo (la cuestión económica no les diferenciaría en absoluto de los conservadores catalanes), defienden el bilingüismo radical entre el catalán y el castellano, que tanto éxito -para sus intereses- ha obtenido en el País Valencià. Se les podría objetar, no obstante, que la realidad catalana se aproxima más a la disglosia con predominio hegemónico del castellano que al bilingüismo que promueven.

 

La Plaça de Sant Jaume, en Barcelona, concentró a unos pocos de miles de personas bajo la convocatoria de SomEscola. Asistieron personas de todas las edades. La plaza, en un primer momento, estaba tomada en su flanco derecho -cercano a la Via Laietana– por las banderas de las Joventuts Nacionalistes de Catalunya(JNC); en su parte central, por una gran pancarta -de alrededor de 15 metros- de la Candidatura de Unitat Popular(CUP); y en su flanco izquierdo, cerca de la desembocadura al carrer Ferran, por las banderas de Esquerra Republicana de Catalunya(ERC). También se observó alguna solitaria bandera de Solidaritat Catalana per la Independència(SI) y un pequeño grupúsculo de banderas de Revolta Global. El Sindicat d’Estudiantsrepartió panfletos, así como el sindicato USTEC. ¿Dónde estaban el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) y la gente de Iniciativa per Catalunya-Els Verds? Ciertamente, en algún lugar poco visible… No como Oriol Pujol, que por alguna razón se encontraba junto a las banderas de ERC, lo cuál obligó que, al poco de dar inicio la concentración, las banderas de JNC y las republicanas se entremezclaran; eso sí, bajo un clamor unánime de In-Inde-Independència!!”.

 

Francesc, vecino del barrio de Horta y simpatizante de las CUP -de hecho, sostenía en su mano un extremo de la pancarta de esta formación política-, juzgaba que en el Estado Español “ni se nos quiere, ni se nos respeta [a los catalanes]”. Francesc, de padres catalanoparlantes. cursaba sexto de primaria cuando se iniciaron las primeras clases de catalán en la escuela. “He venido a defender el catalán, que es nuestra lengua, y para decir basta al atropello de estos españoles integristas que tienen muy malas entrañas y muy mala fe”, afirmaba, más entusiasta que enfadado, Roc Llorenç, un hombre que pasaba los sesenta años. A pocos metros de él, Isabel y Rosa charlaban amistosamente. “¿Que por qué hemos venido? Por las mismas razones que hace veinte y hace treinta años: a luchar por el catalán. Defendemos el modelo de inmersión lingüística, que se ha demostrado que no ha creado conflictos y ha proporcionado condiciones de igualdad de oportunidades, aumentando la cohesión social. Es un modelo con las máximas garantías”, explica Isabel, que remata: “Yo tengo un hijo de 35 años, que cuando era pequeño, le preguntaban “¿A qué juegas?” y él respondía “A manifestaciones”. ¡Imagínate si he ido a manifestaciones!”. Errante entre la multitud, un hombre con cara de andar perdido (quizás por la miopía), al ser preguntado sobre por qué había asistido a la manifestación, dejó ir un desconcertante: “¿Qué me importa a mí el catalán o el castellano? Lo que me interesa es que la plusvalía se reparta entre el pueblo trabajador, y no se la lleven los Millets de turno”. Y sí, su respuesta fue en catalán. 

 

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