Bernie (Richard Linklater, 2011)

altHe de reconocer que la lectura seguida de los nombres de Linklater, Jack Black y Shirley Mc Laine juntos en una misma película me produce cierto temor, no se si reverencial, al espectáculo que puede seguir a continuación. La aparición de Matthew McConaughey me abre las esperanzas de algún momento de relax y de goce.

 

 

 

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He de reconocer que la lectura seguida de los nombres de Linklater, Jack Black y Shirley Mc Laine juntos en una misma película me produce cierto temor, no se si reverencial, al espectáculo que puede seguir a continuación. La aparición de Matthew McConaughey me abre las esperanzas de algún momento de relax y de goce. Tras ver esta película ¡del año 2011 que llega ahora a nuestro país para su explotación en salas! poco me he desviado de mi prejuicio inicial. De este retrato ácido de la sociedad americana del profundo oeste disfrazado de comedia rescato, sobremanera, el punto de vista del director y la interpretación de Mc Conaughey, el resto me parece visto y revisto, nada sorprende ni nada me molesta, como en la inmensa mayoría del cine de Linklater, quizás su excesiva verborrea, agradecería cierto relax sonoro, cierto tiempo de reflexión en vez de tanta palabra y discurso.

 

Conviene apuntar que la historia se cimenta en unos hechos reales, el Bernie Tiede de la película existe, la historia que se cuenta, imagino que con las oportunas licencias cinematográficas, responde a unos hechos documentados y reproducidos en un juicio por asesinato, el arropamiento ciudadano a Bernie tras matar a una anciana está acreditado. Por lo tanto, el halo de comedia que impulsa a la película, una vez se reflexiona sobre lo visto, conduce al pensamiento de lo manipulable y obscenamente permeable que es la sociedad a la mentira, siempre y cuando ésta se encuentre bien vestida y bien vendida. No rehuye Linklater a dotar al conjunto de cierto tono de comedia que se agradece, incluso cuando el asesinato tiene lugar el tono de humor no desaparece. NO hablemos de comedia negra, quizás no sea ese el estilo al que adscribir la película, pero si, al menos, contiene una cierta dosis de humor negro en las reacciones ciudadanas tras conocer el comportamiento de Bernie. Un suceso resume la consideración de Bernie en su comunidad, el sistema judicial americano, basado en el jurado, prevé el cambio de jurisdicción cuando se sospecha que el reo no va a tener un juicio justo como consecuencia de lo brutal de su crimen y del grado de conmoción originado en el condado al que corresponde el enjuiciamiento, sin embargo, como precedente inexistente, el fiscal del caso pidió y consiguió el traslado de la jurisdicción porque el acusado estaba muy bien considerado en su comunidad y era imposible conseguir un jurado imparcial y sin prejuicios.

 

La habilidad de Linklater, director que no me ha conseguido atrapar en ninguna de sus películas, ni su famosa trilogía ni su aclamada Boyhood (aprovecho a decir que tampoco innovadora ni rupturista como se pretende), y que tampoco lo hace con “Bernie” pese a su carácter liviano y , en ocasiones divertido, se concreta en la forma en que consigue retratar a una sociedad muy conservadora, llena de prejuicios, muy fundamentalista en lo religioso, extremadamente cerrada sobre si misma, que reniega de todo aquello que suena a “liberal” dejando hablar a sus vecinos  y confrontando la persona de Bernie con la de la viuda. En la recreación del auge, caída y resurrección de Bernie Tiede, interpretado, sin ninguna sorpresa, por el que dicen actor cómico Jack Black, su éxito en la pequeña comunidad de Carthage, Texas, se basa en una clara vida de dedicación a los demás, una especie de carismático relaciones públicas post mortem con habilidades artísticas que le permiten hacer de mentor en una localidad de apenas 6000 habitantes, convirtiéndose en el vecino modelo. Su trabajo como funerario, en el que desarrolla sus dotes artísticas para hacer aparecer a los cadáveres como bellos durmientes y sus facultades para acompañar y consolar a los que quedan, le llevan a conocer a una viuda millonaria interpretada por Shirley Mc Laine, en un papel a años luz de la angelical Irma, una viuda arisca, dictatorial, posesiva, excluyente, dominante que, tras terminar aceptando a Bernie en su vida, intenta transformarle en una posesión más de la que disponer siempre y cuando quiera.

 

La ficción se llena de realidad, los personajes de la película, que no dejan de ser reproducciones de los reales, se mezclan con los testimonios de los vecinos de la localidad, testimonios trufados de admiración por Bernie y de odio y desprecio hacia la vecina millonaria y déspota. De esta manera, arte y realidad se mezclan llegando a dudar sobre si nos encontramos ante una docuficción o, directamente, ante un documental con recreaciones y reproducciones de situaciones a partir de actores. En etse punto he de pararme a destacar la interpretación del tejano Mc Conaughey, pero ser tejano no supone que haya de interpretar excepcionalmente al prototipo de tejano, un pequeño papel secundario haciendo de fiscal “trepa”, de modales bastante toscos y de cultura muy paleta, aunque quizás el hecho de que Black esté omnipresente en la historia hace más agradecido el papel del fiscal, las limitaciones de uno quedan empequeñecidas ante cada aparición de un actor en evidente estado de gracia desde el año 2010.

 

Para quien vea la película conviene que, posteriormente, revise en internet las noticias sobre lo sucedido tras ser condenado Bernie a cadena perpetua no revisable hasta que transcurran 50 años de prisión (si éste es el mejor modelo penitenciario al que aspiramos en España cualquier día volverá la inquisición). El extraño comportamiento de Bernie ocultaba una justificación psiquiátrica que no se desveló en el juicio, ni la película lo recoge porque fue a raíz de la difusión de la historia cuando el mecanismo legal se puso en marcha nuevamente. Al final, realidad y ficción vuelven a darse la mano, la mezcla que Linklater propone en la película sigue desarrollándose tras la finalización de ésta, la excusa del film reabre el caso de Bernie Tiede, quien tenía un pasado lleno de abusos sexuales sobre su persona siendo menor de edad. El abuso de su juventud se vió reproducido en la progresiva dominación sufrida a manos de la viuda y actuó como desencadenante de un crimen cuya voluntad de comisión venía determinado por un sustrato de quebranto psicológico notable. La paradoja final de esta película es que el verdadero Bernie Tiede terminó viviendo una temporada, por orden judicial, en la casa del propio Richard Linklater al obtener la libertad condicional. Paradojas de mezclar ficción y documental, al final no sabes donde termina una y empieza otra. Tan diluida es la frontera que hasta una sociedad es capaz de perdonar lo más grave porque previamente todo fue perfecto y envidiable. En el fondo Bernie hizo lo que toda la comunidad deseaba hacer con la viuda pero nadie se atrevió, eso terminó de convertir a Bernie en un héroe, mensaje que Linklater trasmite a la perfección y en el que se oculta su verdadera carga de profundidad detrás de una comedia.

 

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