Virar a babor

 

altMientras el IBEX 35 se rasgaba las vestiduras observando caídas porcentuales en pantallas de ordenador y letreros semiluminosos, Carles Puigdemont ha estrenado la conformación del nuevo parlament en esta 11ª legislatura, buscando la complicidad de Catalunya que es pot y tendiendo la mano del diálogo al futuro gobierno español, a la vez que apagaba el primer conato de dificultad con la CUP

 

 

Mientras el IBEX 35 se rasgaba las vestiduras observando caídas porcentuales en pantallas de ordenador y letreros semiluminosos, Carles Puigdemont ha estrenado la conformación del nuevo parlament en esta 11ª legislatura, buscando la complicidad de Catalunya que es pot y tendiendo la mano del diálogo al futuro gobierno español, a la vez que apagaba el primer conato de dificultad con la CUP a golpe de “responsabilidad política” y concediendo una partida presupuestaria para devolver una paga extra atrasada a los funcionarios catalanes. En los próximos iniciará la defensa en el parlament de los presupuestos de la, aún, comunidad autónoma.

 

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El nuevo, y, en principio, último presidente autonómico catalán debutó este 20 de enero de 2016, haciendo su primera aparición de facto como tal en el parlament y ha dirigido sus miras, cual aplicado discípulo de las metáforas marinas del ex-capitán Mas, hacia babor. Toda vez sometida la CUP al pacto de gobernabilidad en pos de la República Catalana y con el sector más izquierdista de Junts pel al alza, tras los nombramientos en consellerias clave de Oriol Junqueras y Raül Romeva, Puigdemont ha lanzado un cariñoso aviso para navegantes a Catalunya que es pot para fomentar el diálogo de ambas formaciones y conseguir su apoyo a los presupuestos catalanes.

 

Y no es de extrañar. La formación de Lluís Rabell se ha mostrado muy crítica con la manera de encauzar el proceso soberanista, pero apoya fielmente el derecho a decidir de los catalanes, previa convocatoria de un referéndum vinculante.Y esta actitud, frente a la obcecación españolista de Ciudadanos y Partido Popular, supone un bálsamo y un punto de partida para suavizar algo las posturas y conseguir legitimidad parlamentaria. Por otro lado, la preponderancia de ERC dentro del equipo de gobierno ha provocado una necesidad evidente de encaminar los postulados sociales hacia un mayor impacto sobre la ciudadanía. CDC no se caracteriza, ni se caracterizará, por su política social, pero ansía tranquilidad tras las duras y pesadas negociaciones con la CUP y si se ha de poner la camisa roja, aunque sea un ratito, no lo dudará un momento.

 

Quedan 18 meses de legislatura por delante, dónde cada propuesta será una batalla. La CUP está atada por un compromiso en firme de apoyo, en la práctica, incondicional a JxSí, pero, a pesar de que se encuentre fragmentada, no va a renunciar a mostrar democrática disconformidad, aunque eso sirva sólo como acto para la galería. Y esta situación, desgasta por pura aritmética psicológica.

 

Mientras tanto, el PSC es educadamente y fríamente obviado por el nuevo govern, debido a su enfervorecido federalismo y su papel como fuerza política sin trascendencia alguna dentro del mapa político actual. Iceta ha declamado en pos de cariño y no ha recibido más que un cortésgracias, pero… no, gracias“. Se vislumbra una legislatura aburrida para él.

 

La falta de acuerdo para la investidura de un presidente en Madrid presenta un escenario imprevisible para el equipo de gobierno de Puigdemont. Rajoy sólo tiene el apoyo de ese partido nuevo que se autodenomina de centro-izquierda y, cada vez, menos, ante la evidente falta de recursos del presidente en funciones que impacienta a Albert Rivera, un punto desesperado por adquirir un poco de poder.

 

Por eso el nuevo Molt Honorable no ha dudado en atacar a Mariano, tachándole de “ridículo internacional“, por su posición intolerante frente a Catalunya, probablemente, rogando, internamente, por un pacto efectivo PSOE-Podemos-PNV/ERC/DiL/Bildu/”táchese el que no procedaque fuerce deudas para con los nacionalistas del futuro presidente.

 

Siguen quedando esos mismos 18 meses, ya nombrados hasta la saciedad, para el fin de la última legislatura de la Catalunya autonómica. Pero comienzan a surgir voces de que este es un plazo aproximado que puede aumentar según las circunstancias y dificultades que se presenten en la instauración y consecución de un estado catalán independiente. Y es una estrategia aconsejable plantar banderas preventivas para los que están por venir.

 

Siempre hay y habrá tiempo y motivos para dilatar el proceso, si se precisa.

 

Y para decidir a quien pasar por la quilla, tras izar la mayor… y virar a estribor.

 

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