Seminci 2015 (primera sesión)

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¿Hacia dónde se dirige este festival?, ¿Cuál es su sentido y su perspectiva de futuro?, ¿Puede sostenerse de espaldas al público?, ¿Puede sobrevivir con la simple exhibición de lo ya comprado por las distribuidoras pequeñas españolas?. El festival lleva una década intentando encontrar su sitio y no lo consigue, por izquierda y derecha, festivales antaño menos importantes o inexistentes le han superado, Sitges, Gijón, Sevilla, de entrada. resultan más atractivos para el público pese a colgarse etiquetas de cine de autor igualmente, Sitges y San Sebastián protagonizan colas kilométricas y llenos de más de mil espectadores por sesión, algo que desapareció hace mucho en Valladoli. ¿Cuál es la diferencia? ¿Haberse creído mejor que San Sebastián un par de ediciones adocenó a la organización?. La Seminci ha renunciado a descubrir y opta por lo seguro. Al menos este año es de agradecer que se hayan escogido nombres como Audiard, Kawase, películas como Rams, Tikkun, 45 years, Elser… pero estas películas no atraen al público y la prensa de los grandes medios ya las ha visto en los festivales internacionales. Al festival, los medios nacionales siguen haciéndole luz de gas, sin mandar a sus primeros cronistas y críticos, la 60ª edición no ha revertido la tendencia, pases de prensa medio vacíos invitan a un cambio de dirección en el rumbo del festival. Llevamos así una docena de años, pensando que el festival se muere poco a poco, que se mantiene para consumo local y que en ese espectro los responsables se consideran satisfechos, mala cosa para el futuro.

 

Los pases de la sección oficial del primer y segundo día no dejan de ser prometedores acerca del nivel medio de lo que se va a exhibir. Si las 16 películas restantes se mueven en esta órbita resultaría evidente que esta edición rozaría el calificativo de sobresaliente en la selección de películas. A me vuelve a resultar sospechoso que muchas ten ya distribución en España, como si a los programadores del festival se acercaran los distribuidores con su catálogo para que escogieran. Hace años las distribuidoras se acercaban a Valladolid para comprar, no para vender lo ya comprado, pero ahí está la evolución del propio festival.

 

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La inauguración de la Seminci ha correspondido a “Dheepan”, la última película de Jacques Audiard, ganadora en Cannes. Una metáfora de cómo la violencia se puede encontrar en tu país de origen y a 8000 kilómetros de distancia, que huir de un país en guerra y con crímenes de estado no te garantiza seguridad ni bienestar cuando procedes de la marginalidad, de los desterrados de este mundo. Audiard presenta su película como si el resultado justificara todo, quiere llegar a una explicación y por el camino puede perder credibilidad y la paciencia del espectador. Algo similar le pasó en “De óxido y huesos”, donde el poderoso relato se carcomía en un final para todos los públicos, así sucede con el retrato de un tigre dormido, un elefante asiático dispuesto a abandonar la violencia para huir de Sri Lanka pero que se da de bruces con ella en los suburbios de París. Al final Audiard parecería renegar de su país y señalar el Reino Unido y a la familia como bálsamos de los problemas. Potente historia pero irregular tratamiento cinematográfico, con tres o cuatro escenas de lirismo embriagador que juegan a retratar la personalidad del protagonista (64/100).

 

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Poderosa construcción de los últimos años de un matrimonio “45 years” de Andrew Haigh  sitúa su acción en menos de una semana, la previa a que los personajes soberbiamente encarnados por Charlotte Rampling y Tom Courtenay celebren su 45º aniversario de matrimonio. Un detonante se incrusta en la pareja como la carcoma que no se ve pero todo lo destruye. 50 años atrás Geoff estaba de excursión por los Alpes suizos con su novia de entonces, un accidente acabó con la vida de ella y su cuerpo no fue recuperado. Pasados todos esos años las autoridades suizas comunican a Geoff que el cuerpo de la joven es visible en el interior de un glaciar. Ese episodio, la reacción del anciano, la sospecha creciente de Kate sobre cuál fue la realidad de aquella relación del pasado y cuál ha sido realmente su valor para Geoff va horadando lo que parecía una sólida relación acomodada a la costumbre. Una historia en la que la información va llegando poco a poco complicando la cotidianeidad, las revelaciones van  haciendo un progresivo e irreversible daño a Kate hasta el desenlace arrasador a ritmo de un baile de aniversario cuando tomamos conocimiento de la letra de la canción que suena (83/100).

 

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“An” (ojo a la traducción en España en su inminente estreno, “Una pastelería de Tokyo”, el “an” es el relleno de un postre típico japonés, el dorayaki) es la última película de Naomi Kawase. Personalmente creo que no alcanza la altura de “El bosque del luto” o “Aguas profundas”, pero eso no indica que deje de ser una notable película en la que encontramos las referencias habituales en el cine de la directora japonesa. La vida, la muerte, las generaciones incompatibles, los espacios cerrados que se abren a una naturaleza fecunda y amistosa, y que en esta ocasión presenta a tres personajes faltos de libertad, no por la restricción de movimiento sino por las cadenas que impiden su libre desarrollo. Un hombre maduro, una anciana y una joven misteriosa que conecta inmediatamente con ambos. En la película abunda la sonrisa de la vida diaria, pero también la emoción contenida que se desborda en dos o tres ocasiones y la amenaza latente de un pasado terrible en el pastelero y su eficiente anciana ayudante cocinera. Veremos los bosques, los árboles, las hojas susurrantes, las aguas que circulan puras, las flores, y también el daño irreversible que unos nos podemos hacer a los otros. Kawase vuelve a demostrar que está sobrada de sensibilidad, es capaz de hacernos ver durante 15 minutos el proceso de creación de la famosa crema de alubias como un ejemplo de relato cinematográfico en el que Sentaro y la anciana se complementan y se necesitan como las tortitas de los dorayaki necesitan un relleno de “anko” a su altura. (73/100).

 

La otrora imprescindible sección Tiempo de historia ha ido quedando relegada, los grandes nombres han ido desapareciendo y son sustituidos por muchos reportajes de actualidad que parecen documentales para televisión. A la par, el propio festival se hace competencia con la segunda temporada en la que se proyecta la sección “DOC España”, de tal manera que el documental se desdobla y al espectador le crea enormes problemas para compatibilizar sesiones. Kent Jones con su “Hitchcock-Truffaut” rememora, y homenajea, a dos colosos del cine mundial (si, ya se que la figura de Truffaut es discutida, pero para mí, quien ha hecho “Les 400 coups” no merece discusión alguna sobre el alcance de su obra) y recuerda la famosa entrevista-diálogo de ambos directores que cualquier cinéfilo tiene en su casa. Para el cinéfilo es puro deleite, pero poco, o nada, le resultará nuevo o asombroso, eso no quita calidad ni mérito a la propuesta, siempre es agradable saber qué pensaba Hitchcock de sus “rubias”, qué pensaba de sus actores, qué le hubiera recomendado el británico cambiar a Truffaut en los 400 golpes… ver en pantalla a Scorsese, Assayas, Anderson, Fincher, Kiyoshi Kurosawa, Gray, Schrader… hablar de ambos, sobre todo de Hitchcock, y analizar algún detalle, alguna escena, un lujo. Pero quizás le falte algo, algo de originalidad para escapar del relato lineal que acaba a los 80 minutos como podía haber durado 120. 

 

Una novedad de este año, en el que la SEMINCI se ha olvidado por completo del cine clásico (hace tiempo que no hay una retrospectiva de alguno de los grandes bajo la excusa de que el DVD y internet han hecho innecesarias esas experiencias de antaño) es el ciclo “Inéditos, talentos del siglo XXI”, en el que reconocidos autores de ahora verán exhibidas sus primeras películas no estrenadas en España, desfilarán Weerashetakul, Ceylan, Petzold, Mungiu, Sorrentino, Donzelli, Vinterberg… siempre resulta interesante descubrir cómo eran antes de que la crítica empezara a hablar bien, o muy bien, de ellos. 

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