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Ilustra Evelio Gómez.

Los libros son más caros. Está afirmación viene sustanciada por los datos que ofrece la Federación de Gremio de Editores. En el año 2008 el precio medio de los libros era de 13,26 euros. Mientras que en el año 2012 la cuantía ascendía a 14,53 euros. Según Nielsen –empresa norteamericana fundada en 1923 por Arthur C. Nielsen, pionero, junto a otros, en la moderna investigación de mercados-  la venta de libros sufre un descenso del 13 por ciento. Mientras otros productos han bajado sus precios debido a la ausencia significativa del consumo. Aquellos que Borges calificara como prolongación de la memoria y la imaginación, “De los descubrimientos del hombre, el más asombroso, sin duda, es el libro (…) el libro es una extensión de la memoria y la imaginación”, a pesar de que los costes se han reducido por mor de los avances tecnológicos, lo cierto es que los libros son más caros. Tal vez en esta conjunción de términos –economía y cultura- pueda entenderse las circunstancias que han jalonado la censura impuesta a machamartillo en la revista satírica El jueves y el periódico El Mundo. Y es que la cultura aun siendo, como otros contextos humanos, hijo de un dios menor, revela el ruin hallazgo de su carencia en quienes vertebran el vacuo y amenazador pensamiento de secuestrar la palabra. José Manuel Caballero Bonald, en su discurso con motivo de la ceremonia de entrega del Premio Cervantes 2012, lo definió desde el compromiso del autor, “Siempre hay que defenderse con la palabra de quienes pretenden quitárnosla. Siempre hay que esgrimir esa palabra contra los desahucios de la razón”. Memoria e imaginación, o Loca de la casa como la llamara Teresa de Jesús, para principiar la defensa, mantener la vigilancia y no rendirse ante la pasmosa incertidumbre de estos hechos tan lamentables como inquietantes.

Bipartidismo y abdicación, la culminación del Estado. En la jornada electoral del 25 de mayo, la localidad castellana de Castrillo Matajudíos, cuyo censo es de 55 habitantes, votaba no sólo las candidaturas europeas. También lo hacían en una consulta con el fin de modificar su topónimo. Los vecinos votaron a favor de la opción de Castrillo Mota de Judíos. El detalle no es menor. No sólo por la denominación antisemita. El gesto debe entenderse como una fractura con las inicuas resonancias del pasado, pero aún vigentes a tenor del suceso, y cuyo origen se remonta a mediados del siglo XVII. Dramática coincidencia la de horas antes de este plebiscito municipal y paralelo al europeo con el asesinato de tres personas en el Museo Judío de Bruselas. El suceso aparentemente anecdótico del pequeño pueblo burgalés, bien pudiera servirnos para aproximarnos al fenómeno político que venimos experimentando desde la comunicación de la abdicación de Juan Carlos I –que curiosamente mantendrá el título real tras la proclamación de Felipe VI-. Por un lado la soflama bipartidista y la consideración de los medios de comunicación para consumar la sucesión. Por otro la visceralidad y el arranque del ideal republicano, sin contrapartidas intelectuales. Es decir, los argumentos tremolados como banderas al igual que la legitimidad que se alza contestataria pero apenas esbozada como pudimos observar en la Cámara baja, con motivo de la aprobación de la abdicación. Flaco favor y oportunidad perdida de articular discursos serenos y meditados, con fundamento y reflexión para construir en ese sentir. El desencanto estuvo alimentado por actitudes más próximas al escaparatismo que a la argumentación razonada.

El planteamiento es otro. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas -CIS-, en abril de 2014 la monarquía obtuvo una valoración del 3,7 por parte de los ciudadanos. A pesar de ello, más que la mayoría de los líderes políticos, aunque con la sintonía mediática de fondo cantándole la serenata permanentemente y los partidos mayoritarios entonando en coro las bienaventuranzas de la institución monárquica. La pequeña hendidura abierta en el núcleo bipartidista por los resultados electorales europeos, es el primer síntoma de debilidad. La ley electoral no impulsa otros espacios políticos por ser en su concepción inherente a la naturaleza bipartidista y favorecer ese interés dual que revisten de proporcionalidad y llegados el caso, de consenso. Desde voces autorizadas o con cierto influjo, han venido a calificar de extrema izquierda a  Podemos, en el caso del Partido Popular –PP- a través de Carlos Floriano, director de la campaña en las elecciones europeas, o proponer un gobierno de concentración, desde el Partido Socialista Obrero Español –PSOE, a través del expresidente del gobierno Felipe González, como forma de atenuar la crisis económica y social. En realidad es la manifestación de la impotencia e  imposibilidad de revertir las circunstancias actuales. De ahí esa operación relámpago de abdicación, que más bien da a entender la corta mira política: una especie de medida urgente y prioritaria, a modo de respiración boca a boca para oxigenar el sistema.

La idealizada transición democrática arrastró consigo coyunturas arraigadas en la dictadura. Con la proclamación del nuevo rey, se vuelve a respaldar a los poderes económicos que sustentan, entre otros, a los partidos políticos que les rinden pleitesía. En unas recientes declaraciones la periodista Pilar Urbano afirmaba, “Las monarquías tranquilizan a los poderosos porque dan estabilidad. Todas estas cosas se discuten en Bildelberg. Un rey en una España en crisis da más garantía de estabilidad que una república, donde puede venir una persona distinta”. La autora de la biografía autorizada de la Reina Sofía, anuncia también la adaptación regia a los nuevos tiempos, tal como lo hizo tras la muerte de Franco, “El rey trajo la democracia a España. A lo mejor Felipe tiene que traer la monarquía federal y hacer que la Casa Real sea más transparente. Porque el rey no puede ser un misterio divino. Tenemos que saber dónde ésta”.

El Club Bildelberg reúne anualmente a la flor y nata del mundo financiero, industrial, político y mediático. Entre sus miembros se encuentra la reina española. Según documentación desclasificada de la CIA –Agencia Central de Inteligencia-, esta organización tuvo cierta influencia para que Juan Carlos fuera designado por Franco su sucesor. La iniciativa regeneradora del Jefe del Estado es una anécdota comparada con la degeneración en la que nos encontramos. La corrupción ha arraigado en la cotidianidad de las relaciones y es en parte reproducción y vestigio del periodo que emergió con el sobredimensionado periodo de bonanza y especuladora burbuja financiera. Los propios ciudadanos hemos sufragado la permisiva desfachatez bursátil y timadora de las entidades bancarias que han impuesto su ley. Entretanto el gobierno timorato se limita a aprobar una nueva reforma laboral como panacea para refrenar el desempleo. La precariedad del empleo y la tasa de pobreza han aumentado considerablemente. Son políticas auspiciadas por el Fondo Monetario Internacional -FMI- El filósofo esloveno Slajov Zizek analiza y critica estas medidas tan frívolas como lesivas, que se imponen en Europa “la austeridad, sin un proyecto positivo, no basta. Hay algo de pura superstición en esa medida, hemos hecho algo mal, hagamos lo contrario. Por eso digo que en las élites europeas no hay nadie con la menor visión. La crisis de 2008 no se produjo porque algún gobierno lunático de izquierdas estuviera gastando de más, fue la crisis de sistemas bancarios liberalizados. Y puede repetirse en cualquier momento”.

Releo a Octavio Paz. Independientemente de monarquía parlamentaria o república, o cualesquiera otra forma de gobierno, la amplitud de lo humano se reserva la disidencia del poder o, al menos, de los signos inasibles que lo elevan espiritualmente, “Una de las heterodoxias del mundo moderno, desde hace dos siglos, ha sido la poesía. La poesía y el arte sucesivamente expulsados y, después, hipócritamente consagrados por los poderes sociales. Otra de las transgresiones de las sociedades modernas ha sido el amor. Ambos, amor y poesía son experiencias no productivas, son antiproductivas, y han sido y son negaciones del mundo moderno”. Los libros contienen la palabra que es construcción del pensamiento libre. Sin sometimientos ni licencias. En la justa correspondencia que seamos capaces de pronunciar y ejercer desde el compromiso de la palabra, por más que el creciente murmullo se convierta en grito o la integridad sea una pose pasajera: forma y fondo antítesis de lo verdadero. “No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca, o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo” Quevedo siempre nos rescata de la hiriente mediocridad.

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