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Ilustra Evelio Gómez.

Ante un conflicto como el que se ha generado a raíz del desalojo y derribo del centro social auto gestionado de Can Vies, en el barrio de Sants de Barcelona, uno puede decidir ponerse de un lado o del otro, o incluso no tomar partido a la espera de que el tiempo o la policía lo solucione. Y cualquiera de las dos salidas es un error. Hay una tercera. Y consiste en evitar maximalismos, prejuicios y a priori e intentar entender las causas para construir espacios de diálogo y pacto.

Vaya por delante que los actos de violencia radical y de vandalismo no son aceptables . Pero no me esperéis por la vía de criminalizar todo lo que hace frente al sistema  y sus derivadas legales , porque además de ser injusto y superficial tampoco nos coloca en el camino de entender que Can Vies no deja de ser un síntoma de la rabia expresada por una sociedad abocada a la desesperanza y dañada por la desigualdad, la injusticia, la precariedad laboral y la pobreza creciente. Y no hay cambios, vendrán más y más fuertes.

Estoy seguro de que ha habido voluntad de negociar por parte de los diferentes equipos de gobierno del Ayuntamiento para encontrar una salida viable a la actividad social que se desarrollaba en el centro de Can Vies. Pero no había otra que seguir negociando. El gobernante, aparte de aplicar la ley, deben tener suficiente sensibilidad para interpretar la realidad que vive la sociedad que representan y administran. Y en este contexto de crisis económica y crisis de credibilidad institucional, más que nunca, deben saber crear las condiciones de flexibilidad para el pacto y aceptar la otra parte como es y no como quisieran que fuera.

No es buena cosa poner contra las cuerdas a nadie y menos si éste incorpora una legitimidad -no la única- derivada de haber mantenido una actividad alternativa, pacífica, complementaria cultural y socialmente integrada en el barrio durante casi dos décadas . Era previsible que aquellos que han dado vida al proyecto Can Vies durante tanto tiempo no se resignaran a ver como una máquina derribaba todos sus esfuerzos y sus ilusiones pocas horas después de haber sido desalojados.

Dejar sin margen los colectivos que daban vida a Can Vies, en el fondo, ha significado agotar el propio margen de la administración de Barcelona. El conflicto estaba servido. Por ello, creo que es absolutamente imprescindible que el Ayuntamiento desarrolle toda su capacidad de negociación y construya las bases para un acuerdo que sirva no sólo para Can Vies, sino que sea de aplicación a todos los casos de centros autogestionados que hay en la ciudad. Porque los modelos alternativos de organización y participación social no son el enemigo. Son parte de la diversidad que una ciudad compleja y dinámica como Barcelona genera.

El diálogo es el camino y el pacto la solución. Ni los vecinos de Sants ni los de ninguna parte pueden asumir que esta situación de violencia se mantenga mucho más ni tampoco más policía persiguiendo manifestantes por las calles harán que los disturbios acaben convirtiéndose en la excusa que necesitan los ideólogos de la injustificable ley de seguridad ciudadana, más conocida como ley mordaza.

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