18 octubre, 2021

Pablo Neruda de los «20 poemas de amor y una canción desesperada» a «Un Canto para Bolívar»

En este agitado septiembre recordamos con especial reconocimiento al poeta nuestroamericano Pablo Neruda
Salvador Allende y Pablo Neruda. (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile)

De su copiosa biografía rescatamos los siguientes datos: nace el 12 de julio de 1904 en Parral, Chile; en 1906 su familia se radica en Temuco; en 1919 comienza a escribir en la revista Selva Austral; se traslada a Santiago en 1921; desarrolla una amplia carrera diplomática; en 1933 escribe “Residencia en la tierra”; en 1936 escribe en Francia ante la Guerra Civil Española “España en el corazón”; en 1941 en México hace lectura de “Un canto para Bolívar” en 1945 recibe el Premio Nacional de Literatura; en los años cincuenta publica “Los Versos del Capitán”, “Las Uvas y el Viento”, “Odas Elementales”; recibe el Premio Stalin de la Paz. En octubre de 1971 obtiene el Premio Nobel de Literatura. En Venezuela es muy reconocido por “Un canto para Bolívar”. El gran poeta latinoamericano, falleció el 23 de septiembre de 1973.

En el libro “Trinchera de ideas: Pensadores y poetas de Nuestra América”, publicado por la Casa de Nuestra América José Martí (2010), su autor, Luis Navarrete Orta, con las “Seis instancias temáticas” nos orienta en el acercamiento a la grandiosa obra de Neruda y que sintetizaremos en los párrafos siguientes.

El volumen en donde encontramos el principal aporte de Neruda a la poesía erótico-amorosa está en el volumen Todo el amor, allí se vierten obras como Crepusculario (1923) y de Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924). Estos versos llevan a la fama al gran poeta. En su madurez poética, dentro de esa saga encontramos Los Versos del Capitán (“Poemas de amor” 1952 y 1953). El cierre de su obra amorosa culmina con Cien sonetos de amor.

Entre los años 1927 y 1932, la poesía encuentra a Neruda en el lejano oriente, bien alejado de la larga tierra chilena. Neruda era cónsul en Rangún, Colombo, Batavia y Singapur, de allí deviene “la soledad, la angustia existencial, los desgarramientos interiores más profundos le infunden a los poemas de Residencia en la tierra un aliento dramático y sombrío, muchas veces desesperado pero nunca desesperanzado”. En el poema “Solo la muerte” leemos ese sentimiento:

como un naufragio hacia adentro nos morimos

como ahogarnos en el corazón,

como irnos cayendo desde la piel al alma.

Sobre el poema, a su Chile natal y amado, Navarrete refiere que Neruda le cantó “con el ardor y la intensidad del enamorado. Su poesía caminó salares y pampas salitreras, bajó a los socavones de las minas, silbó con el viento entre las alturas nevadas, anduvo por las calles bulliciosas de la gran ciudad y entre los ranchos de las callampas miserables, subió a la altura de cada ola oceánica y se desmoronó sobre la arena de Isla Negra, se empapó de lluvias pertinaces en los bosques del sur, se sumergió en las tierras labrantías de los huasos y renació en cada árbol y en cada hombre de Chile, plena de humanidad, como una presencia familiar. Geografía y hombre, naturaleza e historia se conjugaron en la gran trilogía: tierra, pueblo y poesía”.

A finales de los años treinta del siglo pasado se encuentra Neruda en Europa, siendo conmovido por los crímenes cometidos por los fascistas en la Guerra Civil de ese país. En la obra de Neruda de aquellos años se palpa el significado, la conmoción, los horrores de la guerra: en España en el corazón (1937 y 1938), exclamaba vehementemente, “Venid a ver la sangre por las calles”. Le preocupaba España y manifestó su solidaridad militante contra la agresión nazi a la URSS. España en el corazón y Los cantos de Stalingrado, se incorporan a la parte final de Tercera Residencia.

También en esos años se vuelca a la América Latina, a su patria. En 1938 sienta las bases para el “Canto general de Chile” y con ello el Canto general, publicado en 1950. Navarrete Orta nos explica que “En el Canto general culmina, un largo proceso de maduración estético-ideológico. Allí cuajan, en una relación de complementariedad totalizante, elementos que hasta entonces se habían dado aisladamente: la tierra, el hombre, la historia, el pueblo, la lucha y la poesía”. Agrega nuestra admirado Profesor Navarrete Orta, “En sentido estricto, el Canto General cierra el ciclo de los grandes poemas sinfónicos americanos, cuyos referentes son la naturaleza y la historia del continente y que tienen como antecedentes literarios las dos silvas de Andrés Bello,…”

Hay un hecho en la obra de Neruda y por ello se le brinda un gran reconocimiento: su contribución a la poesía política, su impronta se manifiesta en la dignidad y autonomía de su creación, en el aporte fundamental a la poesía social revolucionaria. La poesía militante de Neruda se fragua en elementos históricos, políticos, en lo popular, en lo nacional.

En los años cuarenta del siglo pasado encontramos la gran obra literaria de Neruda que insurge de grandes temáticas en la creación de los cantos, ello en un tono épico. Allí tenemos: “Canto a Stalingrado”, “Un canto para Bolívar” [1941], “Canto al ejército rojo a su llegada a las puertas de Prusia”, “Canto a las madres de los milicianos muertos”, y de allí se pasa al “Canto General de Chile” y al Canto general.

Neruda escribió casi doscientas odas, dentro de una sencillez tremenda, cantándole a las cosas más sencillas “desde la cuchara y la cebolla hasta la luna y desde la alcachofa y el viento hasta la poesía. Así pues, el canto nerudiano, sea cual fuere su tonalidad o su tesitura, se enseñorea de las cosas, se apropia de las esencias de la vida y nos la devuelve, enaltecida, en cantos y odas, en poemas inmortales”.

«Un canto para Bolívar»

En el tiempo de las odas y los cantos irrumpe brillantemente esta maravillosa creación de Neruda. La escribe en 1941, la época que se desempeñaba como cónsul de Chile en México y se leyó por primera vez en la Escuela Nacional de Preparatoria. El canto se convierte en todo un manifiesto político literario de este gran chileno en el contexto latinoamericano. La trascendencia universal de esta obra quedó marcada en la lectura que de ella hiciera el poeta en París en 1949. Son tiempos de los cantos y de las odas.

“Un canto para Bolívar” pone de manifiesto los ideales más sublimes de la humanidad: la libertad, la justicia y la paz. Se escribe en una época de guerras en Europa. Es la primera vez que un tema americano entra a la obra de Neruda y lo hace con la significación histórica de Simón Bolívar. Esta obra tiene una vigencia latinoamericana y caribeña tremenda, sobre todo cuando evocamos aquello de

¡Alerta!, ¡alerta!

¡alerta, que camina la espada de Bolívar

por América Latina!

I

Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire

de toda nuestra extensa latitud silenciosa,

todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:

tu apellido la caña levanta a la dulzura,

el estaño bolívar tiene un fulgor Bolívar,

el pájaro bolívar sobre el volcán Bolívar,

la patata, el salitre, las sombras especiales,

las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,

todo lo nuestro viene de tu vida apagada,

tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,

tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.

III

De qué color la rosa que junto a tu alma alcemos?

Roja será la rosa que recuerde tu paso.

Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?

Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.

Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?

Es roja la semilla de tu corazón vivo.

V

Capitán, combatiente, donde una boca

grita libertad, donde un oído escucha,

donde un soldado rojo rompe una frente parda,

donde un laurel de libres brota, donde una nueva

bandera se adorna con la sangre de nuestra insigne aurora,

Bolívar, capitán, se divisa tu rostro.

Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo.

Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado.

Los malvados atacan tu semilla de nuevo,

clavado en otra cruz está el hijo del hombre.

VI

Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,

el laurel y la luz de tu ejército rojo

a través de la noche de América con tu mirada mira.

Tus ojos que vigilan más allá de los mares,

más allá de los pueblos oprimidos y heridos,

más allá de las negras ciudades incendiadas,

tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:

tu ejército defiende las banderas sagradas:

la Libertad sacude las campanas sangrientas,

y un sonido terrible de dolores precede

la aurora enrojecida por la sangre del hombre.

Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.

La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,

de nuestra joven sangre venida de tu sangre

saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.

VII

Yo conocí a Bolívar una mañana larga,

en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,

Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?

Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:

«Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo».


Wolfgang R Vicent Vielma. Trabajador de la Casa de Nuestra América José Martí; Profesor de la UNEFA; facilitador de la Misión Rivas.

Fuente: Rebelion.org

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