La realidad de una Europa racista

Autor: Willy Acero Peraire

Fotografía: Francesc Sans

Conocemos la vida de dos jóvenes inmigrantes de Barcelona que llevan aquí más de 10 años cada uno. Nos cuentan desde su punto de vida lo que se encontraron al llegar y como ven el futuro

Lamine: con la pantalla de serigrafía ayudado por Mohamed

Hace unos meses que corre por las noticias todas las posiciones de los gobiernos respecto a los barcos de refugiados, posiciones en contra, a favor mostrando como esta de sensibilizada Europa con la problemática de la inmigración, aparentemente la mayoría hablan de acogerles y ayudarles. Al mismo tiempo nos encontramos con las devoluciones en frio en Melilla y Ceuta, aparecen imágenes de inmigrantes maltratados por las autoridades, hablamos de las dos caras de la hipocresía europea. Desde Rambla hemos decidido dar luz a esta problemática conscientes de su magnitud, des de un punto de vista humano. En este artículo hablaremos en base a la conversación que pudimos tener con dos jóvenes inmigrantes de Barcelona.

En primer lugar conocimos la historia de Lamine, procedente de Senegal vino a España hace doce años en 2006. En ese momento era todo un fenómeno viajar hacia Europa y él mismo afirma que la visión que se da de Europa en Senegal es la de un territorio paradisiaco donde hay trabajo estable con unas condiciones de vida buenas y un sistema democrático que asegura los derechos de todos sus habitantes. Lamine viajó junto a otros 97 compañeros y compañeras en un cayuco rumbo a España, el viaje duró una semana y nos asegura que fue muy duro: “Nos encontramos durante unos días unas olas como montañas que casi nos rompen la barca, la desnutrición y deshidratación durante el viaje estaba presente entre todos nosotros, al llegar a España un compañero llego desmayado a punto de morir”.

Su cayuco llego a Tenerife y Lamine nos ha contado sus primeras impresiones al llegar: “No entiendo como en un país democrático a la gente que llega enferma y con hambre en vez de ayudarnos nos tratan como delincuentes, lo primero que hicieron fue ponerme las esposas”. Del calabozo fue enviado a un CIE, un lugar el cual Lamine asegura que es peor que la cárcel. Vivir en un CIE significa no tener derecho a nada, no saber qué van hacer contigo, vivir en unas condiciones pésimas con maltratos y torturas incluidas en muchísimos casos, pueden soltarte o deportarte otra vez en cualquier momento. En su caso Lamine estuvo trece días en el CIE de Tenerife y después lo trasladaron a Lanzarote donde estuvo 23 días. Consiguió salir con la ayuda de un familiar a través de la Cruz Roja y fue hacia Málaga. En este punto Lamine ya se había dado cuenta que Europa no era aquel idílico lugar que le habían descrito, vió con su ojos que la situación de los inmigrantes era muy dura, se fue a trabajar a Lérida en la recogida de la fruta y después llegó a Barcelona.

Le preguntamos a Lamine si todos los esfuerzos que ha tenido que hacer han valido la pena, tanto trabajo, tanto luchar a contracorriente. Su respuesta fue clara y directa: Todo lo que hago no lo hago por mí, sino para ayudar a mi familia. Cuando hablo con ellos no les cuento como me va mi vida aquí, no quiero preocuparles, mi familia es lo que me da fuerza”. Él declaró que uno de los problemas que se ha encontrado es un gran racismo tanto institucional como social: “La gente piensa que los inmigrantes solo sabemos vender, somos incultos no tenemos ninguna capacidad intelectual y todo eso es por culpa de un discurso racista y clasista que nos meten des de pequeños en la cabeza, yo noto el racismo solo al salir de mi casa”. Él afirma que este racismo hace que la búsqueda de empleo sea realmente complicada, para un mismo puesto si hay una plaza siempre cogerán a una persona residente aquí que no a un inmigrante aunque esté más preparado.

Cuando le preguntamos acerca de la hipocresía de Europa respecto a la inmigración Lamine tiene clara la respuesta: “ Europa es maquiavélica, no espero nada porque es la propia Europa la que crea este problema, saben que Senegal y África tienen una gran cantidad de recursos naturales muy valiosos, es un continente muy rico por eso tiene tantos intereses en tenerlo bien controlado, a Europa ya le interesa que haya estos flujos de emigración porque tiene miedo de que un día África sea realmente independiente y no se pueda aprovechar de su riqueza.”. En estos 12 años que lleva Lamine en España su situación no ha cambiado en lo fundamental, en cualquier momento pueden cogerlo y deportarlo si quieren.

A continuación hablamos con otro joven procedente de Senegal, su nombre es Mohamed y aunque procede del mismo país que Lamine su historia es totalmente diferente, él nos asegura que su caso es una excepción, uno de cada mil. Él llegó a España consiguiendo un Visado de seis meses y nos reconoció que tuvo mucha suerte pero que es consciente de que muchísimas personas no pueden conseguir este lujo. Viajo en avión hacia España con la idea de cambiar de país de ver el mundo des de otra perspectiva, solo llegar ya se dio cuenta que las cosas no iban a ser fáciles para él. Eligió Barcelona como destino ya que tenía algunos familiares y conocidos aquí así como por su clima parecido al de Senegal. Al llegar se dio cuenta de la dificultad de sobrevivir “Yo quería estudiar pero me encontré con que tenía que ganarme la vida si quería vivir”, resulta que se encontró con los mismos problemas que Lamine, una discriminación racial severa, Mohamed afirma: “ Aquí tengo que justificar absolutamente todo lo que hago solo por venir de fuera pero además todo el reconocimiento que puedo tener en mi país aquí no vale nade, aunque sea un excelente carpintero en Senegal aquí sino tengo la licencia de España mis conocimientos no sirven de nada, te encuentras apartado, creo que el estado vende un mensaje de no confiar en mi como inmigrante”. En este sentido Lamine y Mohamed comparten la misma percepción. Mohamed nos cuenta como nota el racismo sobre todo en los ambientes más institucionales y burocráticos, para hacer cualquier gestión si ellos van solos encuentran muchísimas dificultades y trabas pero Mohamed nos ha contado que si van acompañados de alguien blanco (aunque este no diga nada, solo este junto a ellos callado) la situación cambia y el tramite es mucho más sencillo. Evidentemente esto les genera una situación de impotencia con la sociedad y el sistema considerable.

Mohamed opina que esto se tiene que arreglar de manera contundente, que lo primero que hay que hacer es que sus países de origen sean coherentes, sean honestos con sus habitantes y no los envíen fuera por presiones políticas o intereses de terceros. Acerca de la situación actual ha reconocido que hay mucho por trabajar pero hay algo que ha cambiado: “ Ahora con el ayuntamiento de Colau por lo menos nos reconocen, saben que hay un problema con nosotros y tenemos un interlocutor con el que hablar cosa que antes no pasaba, otra cosa es que todo lo que se hable se cumpla.. “ Respecto su opinión de Europa Mohamed al igual que Lamine ha sido directo y nos ha contestado sin tapujos: “Yo fui al Parlamento Europeo invitado para hablar sobre la necesidad de un cambio en la Ley de Extranjería, y me di cuenta que en ese sitio lo único que importa es el dinero así que no deposito ninguna esperanza en las instituciones europeas, solo les pido que se dediquen únicamente ha dirigir su propio territorio, que no manden en otros países”. Respecto al futuro él se muestra positivo, apuesta por un cambio de mentalidad, una mayor concienciación para eliminar el racismo y empezar a construir una sociedad realmente justa e igual para todos, hacer un clic.

Así pues nos hemos encontrado con dos jóvenes valientes que nos han contado su vida aparentemente diferente pero que al final se han encontrado con los mismos problemas de discriminación y racismo en una sociedad democrática y “igualitaria”. Hay que tener presente que la inmigración tal y como está concebida y tratada hoy en día es un problema, pero un problema que no hay que apartar y cerrar los ojos como quieren vender algunos discursos políticos, hablamos de un problema que hay que solucionar, encontrar los mecanismos para que estas personas puedan integrarse y conseguir su objetivo que exactamente el mismo que el de cualquier persona: conseguir una vida digna y mejor para él o ella y los suyos.

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