La secuencia arqueológica de la Balma de la Griera de Calafell (Tarragona) muestra uno de los registros de ocupación humana más amplios del Noreste Peninsular, con niveles del Paleolítico superior correspondientes al Epipaleolítico, Magdaleniense y Auriñaciense (entre hace 13.000 y 35.000 años), así como una larga serie de ocupaciones del Paleolítico medio de entre 60.000 y 150.000 años.

La continuación del sondeo durante las excavaciones de 2022 ha permitido constatar la existencia de dos nuevos niveles arqueológicos de una antigüedad aún superior y con presencia de herramientas líticas, abundantes restos de fauna y evidencias de un uso intensivo del fuego.

Además, las excavaciones están permitiendo conocer las dinámicas tecnológicas y económicas de los grupos neandertales de finales del Estadio Isotópico 5 y los inicios del 4, un momento en que las condiciones climáticas cálidas interglaciales, muy similares a las actuales, dieron paso al último ciclo glaciar.

Este gran cambio generó una gran reconfiguración del paisaje, con una bajada muy importante del nivel del mar, así como un cambio en los recursos disponibles. Comprender las estrategias adaptativas de los neandertales frente al cambio climático y ecológico es uno de los principales objetivos de la investigación.

La excavación ha permitido recuperar más de 1.500 restos de industria lítica y huesos de los animales consumidos, poniendo de manifiesto cómo los grupos humanos que habitaban la Griera cazaban de forma sistemática grandes herbívoros como el caballo, el ciervo, el rinoceronte, pero también pequeñas presas como conejos o incluso tortugas terrestres.

La campaña de excavaciones en la Balma de la Griera (o Graiera) de Calafell se ha realizado bajo la dirección de Juan Ignacio Morales, investigador postdoctoral Maria de Maeztu IPHES-CERCA y colaborador del SERP de la Universidat de Barcelona.

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