El insulto como norma

Autor: Jacobo Piñol

Ilustración: José A. Lara Cortés

Si les hablo del Polifemo de Estremera o les nombro a un tal Cocomocho probablemente no sepan a quién me refiero. En cambio, si son ustedes oyentes de Federico Jiménez Losantos habrán identificado rápidamente que el primero es Oriol Junqueras y el segundo Carles Puigdemont. Cada mañana, de lunes a viernes, a partir de las 6:00h, dan inicio los recitales de Losantos caracterizados por la gran cantidad de insultos y metáforas siniestras. El periodista -oriundo de Orihuela del Tremendal-, acompañado de un termo con no se sabe qué brebaje en su interior, lanza los improperios a través de las ondas de una emisora de su propiedad mientras sus subalternos resisten impávidos ante el micrófono. La inventiva del turolense no tiene límites para ofender y habrá quien se ampare en la libertad de expresión para defenderlo, pero este tipo de libertad no es absoluta si se incurre en injurias, calumnias o difamaciones.

Como apuntábamos al principio, en el centro de la diana de Losantos se sitúan los líderes separatistas catalanes. A Junqueras, cuando le llama Polifemo, lo está equiparando con uno de los hijos de Poseidón, un monstruo barbado de un solo ojo. A Puigdemont, en cambio, le saca el mote simplemente por su corte de pelo. Pero la cosa no termina ahí. Con Torra es normal que sus ataques se centren en el tamaño de su nariz y lo clasifica como catanazi. A Elsa Artadi le llama la noia del Cocomocho y la girlfriend del forajido, dejando entrever una extraña relación entre ambos.

Obviamente, las homilías de Losantos también están dirigidas a los miembros del gobierno español porque son unos “mentirosos patológicos”. Sus desprecios más virulentos son para Pedro Sánchez, a quien apoda Falconetti, el personaje perverso de la serie Hombre rico, hombre pobre. No obstante, desde que Sánchez ha publicado su Manual de resistencia, el mote ha mutado a Colchonetti, por aquello de que una de sus primeras medidas como presidente fue la de cambiar el colchón de Moncloa.

Hasta el momento puede parecer ocurrente o ingenioso para el que sepa verlo, pero hará cosa de tres meses Losantos traspasó la frontera de la demencia cuando se pasó semanas llamando esquizosánchez al líder del PSOE. Día tras día, el periodista dedicaba un buen rato de su programa a demostrar que Sánchez “es un esquizofrénico peligroso con tendencias psicopáticas”.

Otros socialistas mortificados verbalmente por Federico Jiménez Losantos son Meritxol, la pelofrito, actual ministra de Administraciones Públicas, Meritxell Batet, o el secretario general del PSC, Miquel Iceta, quien tras los bailoteos en los mitines del partido pasó a llamarse la gogó del Llobregat.

Pero es con los líderes de Unidas Podemos -y sus formaciones afines- con los que más y mejor se explaya. Así, Pablo Iglesias tiene varios motes: Pablenín (en referencia al ideólogo de la revolución soviética), el marqués de Galapagar (municipio donde ahora vive Iglesias) o el marqués de Villatinaja (en referencia al inmueble adquirido por el líder de Podemos). Su compañera, Irene Montero, es “la marquesa” y, aludiendo a una inexistente falta de formación académica (Montero es psicóloga), la tilda de “bachillera”. A Iñigo Errejón lo equipara con un bebé probeta y a su nueva aliada política, Manuela Carmena, la abuelita lobo, aunque siempre recuerda que antes, cuando militaba en el PCE, se hacía llamar Manola. Para Juan Carlos Monedero se reserva el alias Moneydero y para Pablo Echenique, Echeminga Dominga. Todos ellos están ensacados en lo que llama “la patulea infecta”.

Los miembros del PP tampoco se quedan al margen de los dislates de Losantos. De este modo, Mariano Rajoy pasó a llamarse Cobardiano Rajoy, por no actuar con vehemencia ante el separatismo, según el presentador. Cuando habla de Soraya Sáez de Santamaría se refiere a ella como la abobada del estado (la popular es abogada del estado) o bolita de azufre. Y el exministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, recibe el apelativo de siniestro murciégalo o murciélago a secas.

Personajes históricos y periodistas españoles también han sufrido la ira del radiofonista. Así, en su programa ha llegado a decir que La Pasionaria era una “analfabeta funcional”, Antonio Machado un “alcohólico con tendencias pederastas” o que el Che Guevara “nació oliendo”. Asimismo, cuando se refiere al presentador del programa Al Rojo vivo, Antonio G. Ferreras, lo hace como el gorila de la Sexta en alusión a un inexistente antropomorfismo. En cambio, cuando el aludido no goza de mote propio o bien quiere enfatizar por algún motivo, Losantos recurre al ataque directo: payaso, imbécil, basura, lerdo, escoria, etc.

Federico Jiménez Losantos, hombre de reconocida cultura incluso por sus enemigos, puede que saque sus palabras de un resentimiento infinito difícil de precisar. Puede que simplemente sea un desencantado o un mero suicida de la palabra. Sabemos que fue alumno de José Antonio Labordeta en un instituto de Teruel, que militó en la lucha antifascista con Bandera Roja y el PSUC, y que formaba parte del PSOE cuando fue secuestrado y tiroteado en la rodilla por Terra Lliure. A partir de ahí su camino siempre lo ha recorrido a la pata coja.

2 Comments

  1. Como siempre excelente trabajo de investigación aunque en esta ocasión, la investigación era peculiar. Es decir, recopilar todos los insultos de ese “señor”. Los busca él solo o bien tiene un equipo de poligoneros a sus órdenes? He llegado a la conclusión de que la grosería no tiene ingenio ni inteligencia. Pobre José Antonio Labordeta.
    Muy buena la última frase.

  2. No considero un insulto lo de cocomocho. Es una palabra graciosa y en absoluto grosera, que carece de significado lingüístico. Es más, después de meses viendo vídeos del señor Puigdemont con su tremendo flequillo desordenado… hasta la considero divertida. Eso sí, tan divertida que corre el riesgo de convertirse en un apodo, en un alias, que aplicado a otra persona, resultaria ofensivo por comparación…

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