En un mundo cada vez más polarizado, donde las narrativas de odio se entretejen con las dinámicas políticas cotidianas, un informe reciente del Global Project Against Hate and Extremism (GPAHE) ha encendido las alarmas sobre el resurgimiento del extremismo de ultraderecha. Publicado a finales de julio de 2025, el documento titulado «Extensive Network of Far-Right Hate and Extremist Groups in Spain» revela un ecosistema de grupos cada vez más sofisticados, coordinados y legitimados por la normalización de partidos de extrema derecha. España, que durante décadas se consideraba una excepción en Europa por su aparente inmunidad al auge ultraderechista, emerge ahora como un epicentro de esta tendencia transnacional.
El GPAHE, una organización no gubernamental fundada en 2020 por expertas como Heidi Beirich y Wendy Via, se dedica a monitorear y combatir el odio y el extremismo a nivel global. Su misión incluye exponer redes transnacionales de racismo, supremacismo blanco y discriminación, así como presionar a plataformas tecnológicas para que asuman responsabilidad. El informe en cuestión forma parte de una serie de reportes por país, que abarcan desde México hasta Europa, y destaca cómo el extremismo de derechas no es un fenómeno aislado, sino un movimiento interconectado que amenaza instituciones democráticas en múltiples naciones. Según Beirich, «en España está emergiendo una escena ultraderechista sofisticada, desde neonazis y supremacistas blancos hasta movimientos anti-LGBTQ+ con poder e influencia».
El Contexto Histórico y el Cambio en España
Desde la Transición democrática de los años 70, España ha lidiado con el legado del franquismo, un régimen autoritario que promovió el nacionalismo exacerbado y la represión de minorías. Sin embargo, hasta 2018, el país parecía resistir el avance de la extrema derecha que azotaba a vecinos como Francia o Italia. La irrupción de Vox, liderado por Santiago Abascal, marcó un punto de inflexión. Con un discurso antiinmigración, antifeminista y nostálgico del pasado imperial, Vox obtuvo representación en el Parlamento y se convirtió en socio clave para gobiernos autonómicos del Partido Popular (PP). El informe del GPAHE argumenta que esta normalización ha abierto las puertas a grupos más radicales, creando un «efecto dominó» donde el odio se legitima en el debate público.
Sociológicamente, este auge se explica por factores como la crisis económica de 2008, que exacerbó desigualdades y generó resentimiento hacia inmigrantes; la globalización cultural, percibida como una amenaza a la identidad nacional; y el rol de las redes sociales en la amplificación de narrativas conspirativas. Teorías como la del «Gran Reemplazo» –que alega un plan para sustituir a la población blanca europea por inmigrantes– han calado hondo, fomentando un clima de xenofobia. En España, esto se manifiesta en un aumento de crímenes de odio: según datos del Ministerio del Interior, los incidentes por racismo y xenofobia crecieron un 15% en 2024, con picos en regiones como Cataluña y Andalucía.
Los Nuevos Actores del Odio: Un Mapa de la Extremidad
El informe identifica al menos 18 grupos activos en España, desde organizaciones políticas hasta colectivos juveniles y culturales, muchos de ellos emergentes en los últimos años. Estos «nuevos actores del odio» combinan ideologías tradicionales como el neonazismo con tácticas modernas, como el uso de influencers y campañas virales en redes sociales.
Entre los más destacados se encuentran:
– Vox y CitizenGO: Aunque Vox es un partido político establecido, el GPAHE lo incluye por su rol en la legitimación del extremismo. CitizenGO, ligada a la plataforma HazteOir, promueve campañas anti-LGBTQ+, antiaborto y antifeministas, con influencia en países hispanohablantes. Ambas organizaciones exportan su modelo a América Latina, donde coordinan con aliados en México y Argentina.
– Democracia Nacional (DN) y España2000: Grupos veteranos con raíces en el neofascismo, promueven el «remigración» –un eufemismo para la expulsión masiva de inmigrantes– y la teoría del Gran Reemplazo. DN ha organizado protestas contra mezquitas y centros de acogida.
– Falange Española de las JONS y La Falange: Herederos directos del franquismo, reviven símbolos fascistas y llaman a la unidad nacional contra «el separatismo y la inmigración». Han participado en actos violentos, como el asalto a sedes independentistas en Cataluña.
– Núcleo Nacional y Se Acabó La Fiesta: Jóvenes y dinámicos, estos grupos surgieron de protestas en 2023 contra el PSOE en Madrid. Núcleo Nacional adopta símbolos neonazis y antisemitas, mientras Se Acabó La Fiesta moviliza manifestaciones antiinmigrantes con rapidez, usando TikTok y Telegram para reclutar. Un ejemplo reciente es la violencia en Torre-Pacheco, donde el grupo Deport Them Now –cuyo líder fue encarcelado por incitar «cacerías» contra magrebíes– refleja esta radicalización callejera.
– Frente Obrero, Aliança Catalana y Partido Feminista: Menos convencionales, estos incluyen un colectivo obrero con tintes nacionalistas, un partido catalán independentista pero xenófobo, y el Partido Feminista de Lidia Falcón, criticado por sus posturas trans-excluyentes. Estos ilustran cómo el odio se infiltra en movimientos progresistas o regionales.
Desde una lente sociológica, estos actores representan una fragmentación del extremismo: ya no son monolitos ideológicos, sino redes híbridas que atraen a jóvenes descontentos con el sistema. La teoría de la movilización de recursos (Tilly, 1978) explica su éxito: acceso a fondos internacionales, como donaciones de fundaciones conservadoras en EE.UU., y el uso de plataformas digitales para coordinar acciones.
Sofisticación y Coordinación: De lo Local a lo Transnacional
Lo que hace a esta ultraderecha «cada vez más sofisticada», según el GPAHE, es su evolución táctica. Wendy Via advierte: «Muchos de estos grupos no solo están rescatando los símbolos y el lenguaje del fascismo, sino que además están forjando alianzas internacionales que amenazan las instituciones democráticas no solo en Europa, también en el resto del mundo». En España, esto se ve en la integración de pseudo medios e influencers que difunden desinformación, como campañas islamófobas que celebran incidentes como el incendio de una mezquita en Piera, Cataluña.
La coordinación es evidente en conexiones con redes globales: inspiración en figuras como Tucker Carlson o Viktor Orbán, y lazos con grupos en Hungría, EE.UU. y Latinoamérica. Por ejemplo, CitizenGO y la Political Network for Values (PNfV) –con miembros como el exministro del PP Jaime Mayor Oreja– operan en 14 países, promoviendo agendas anti-progresistas. Esta transnacionalidad refleja un «efecto red» sociológico, donde el odio se propaga como un virus social, amplificado por algoritmos de redes que priorizan contenido polarizante.
El informe alerta sobre cómo esta coordinación fomenta violencia organizada: crímenes de odio en aumento, con un 20% atribuibles a grupos organizados en 2024. En un contexto global, patrones similares se observan en el Reino Unido (disturbios antiinmigrantes) y Francia (avance del Rassemblement National), sugiriendo un «contagio» ideológico.
Legitimación por Normalización: El Rol de los Partidos Políticos
Un aspecto clave del informe es cómo la normalización de partidos como Vox legitima el extremismo. El PP, para gobernar en regiones como Valencia o Andalucía, ha cedido terreno ideológico, adoptando posturas más duras en inmigración y género. Esto crea un «efecto halo»: lo que antes era marginal ahora parece aceptable. Sociológicamente, esto se alinea con la teoría de la ventana de Overton, donde ideas extremas se desplazan al centro del debate.
El GPAHE señala que «un fenómeno que no solo ocurre en España, sino que es una tendencia global de las derechas, cada vez más indistinguibles de sus competidores de extrema derecha». En Latinoamérica, Vox actúa como puente, exportando estrategias a aliados en Bolivia o Chile, donde el autoritarismo gana terreno.
Las implicaciones sociales son profundas: erosión de la cohesión, con minorías (inmigrantes, LGBTQ+, gitanos) enfrentando mayor discriminación. Estudios sociológicos como los de Putnam (2000) sobre capital social advierten que el odio fragmenta comunidades, reduciendo la confianza interpersonal y fomentando guetos ideológicos.
Impactos Sociológicos y Alertas para el Futuro
Desde una perspectiva sociológica, el auge de estos grupos responde a anomía durkheimiana: en tiempos de cambio rápido (migración, crisis climática), individuos buscan identidades fuertes en narrativas excluyentes. Factores como la precariedad juvenil –con un 40% de desempleo sub-25 en España– y la desinformación en redes agravan esto. El informe destaca el rol de mitos nacionales: el racismo histórico contra moriscos y judíos se traduce en antigitanismo e islamofobia modernos.
El GPAHE urge a acciones: monitoreo gubernamental, regulación de plataformas y educación cívica. En España, esto implica confrontar el legado franquista en la educación y promover integración multicultural.
En conclusión, el informe del GPAHE no es solo un diagnóstico, sino un llamado a la acción contra un extremismo que amenaza la tela social. Como sociedad, España –y el mundo– debe elegir entre la polarización y la solidaridad. Ignorar estas alertas podría llevar a una erosión irreversible de la democracia, donde el odio se convierte en norma.
