El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), la principal fuerza política de la izquierda española y partido gobernante desde 2018, atraviesa una de las peores crisis internas de su historia reciente. En plena campaña para varias elecciones autonómicas clave —en Extremadura, Aragón, Castilla-La Mancha y Andalucía— las tensiones internas se han disparado a raíz de una serie de casos de presunto acoso sexual y abuso dentro de la organización, que han terminado provocando una lucha abierta entre dirigencias regionales y federaciones del partido. Esta crisis se suma a un clima orgánico ya debilitado por múltiples escándalos de corrupción que han dañado gravemente la cohesión y la imagen pública del PSOE.
El origen de la crisis: denuncias de acoso sexual dentro del PSOE
Los problemas internos del PSOE se remontan a la aparición de varios casos de presunto acoso sexual protagonizados por antiguos altos cargos y colaboradores cercanos al núcleo de poder del partido. Entre los casos más sonados está el del exalto cargo Paco Salazar, figura cercana al presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que fue acusado por varias trabajadoras de su equipo en la Moncloa de comportamientos impropios y abuso de poder.
Aunque Salazar presentó su dimisión en julio de 2025 y se dio de baja en la formación, las acusaciones resurgieron públicamente en diciembre, con testimonios que describieron conductas extremadamente inapropiadas y denunciaron que las denuncias internas no fueron tramitadas con diligencia ni con sensibilidad hacia las víctimas, generando indignación en sectores internos del partido.
Esta combinación de acusaciones —algunas de las cuales se remontan a meses atrás— ha encendido profundamente las tensiones internas en varios territorios socialistas, especialmente en aquellas federaciones donde figuras locales han tomado posturas públicas o han exigido respuestas claras sobre la gestión interna de estos casos.
Federaciones enfrentadas: cómo ha estallado la discordia interna
La publicación de ABC subraya que al menos tres federaciones regionales del PSOE se encuentran en guerra interna por la gestión de estos casos de acoso sexual, con dirigentes que se acusan mutuamente de incompetencia, encubrimiento o utilización política del asunto para desgastar a rivales internos del partido.
Estas tensiones han tenido varias manifestaciones:
1. Enfrentamientos entre órganos territoriales y la dirección federal
En varias federaciones, los líderes regionales socialistas han cuestionado abiertamente cómo Ferraz —la sede federal del PSOE— ha manejado la comunicación interna y externa sobre las denuncias. Algunos cargos territoriales afirman que la dirección federal ha minimizado el problema o ha actuado con excesiva cautela para no perjudicar la imagen del partido, algo que consideran insensible y contraproducente. Otros, en cambio, defienden la cautela como necesaria para preservar la presunción de inocencia y evitar juicios mediáticos sobre hechos todavía bajo investigación.
2. Dudas sobre la imparcialidad en la tramitación de denuncias
Algunos socialistas de base y dirigentes regionales han expresado su descontento con la manera en que el PSOE ha tratado las denuncias internamente, acusando a las estructuras orgánicas de «seguir priorizando la disciplina de partido sobre la justicia para las víctimas». Esta percepción ha generado malestar en sectores feministas dentro de la formación, que consideran que el partido debería haber actuado con más firmeza y transparencia desde el primer momento.
3. Peleas por posicionamientos estratégicos de cara al futuro
La crisis no solo es moral y judicial: también se ha transformado en un problema estratégico para el PSOE. Algunos líderes territoriales consideran que la gestión realizada hasta ahora perjudica la confianza del electorado, amenaza la cohesión interna y puede traducirse en pérdidas electorales significativas en las próximas citas regionales. En varias federaciones, dirigentes provinciales han planteado debates internos sobre si se debe renovar el liderazgo orgánico o incluso replantear la estrategia del partido a corto y medio plazo, generando más fricciones entre sectores tradicionales y emergentes.
Contexto adicional: el PSOE entre escándalos y pérdidas de apoyo
La crisis por los casos de acoso se produce en un momento en el que el PSOE ya estaba muy debilitado por otros frentes internos y judiciales.
Investigaciones por corrupción
El partido gobernante enfrenta múltiples investigaciones judiciales por presuntos casos de corrupción que han salpicado a figuras muy prominentes y cercanas al liderazgo nacional. Investigaciones centradas en contratos públicos, adjudicaciones irregulares durante la pandemia de COVID-19 (el llamado Caso Koldo/Ábalos/Cerdán), y otras piezas judiciales en diferentes partes del país han alimentado la percepción de una agenda judicial intensa alrededor del PSOE.
Estas investigaciones han implicado a exsecretarios de Organización del partido, como José Luis Ábalos y Santos Cerdán, y han generado críticas de la oposición y del propio entorno socialista ante lo que consideran un desgaste institucional sin precedentes, tanto para el partido como para el Gobierno.
Pérdida de apoyo electoral
Las tensiones internas y los escándalos han tenido también repercusiones electorales. Encuestas recientes sitúan al PSOE en retroceso frente a otras fuerzas políticas, con descensos en estimaciones de voto y preocupaciones internas sobre la capacidad del partido para mantener su presencia en gobiernos autonómicos y locales clave. En Andalucía, por ejemplo, las predicciones apuntan a un descenso considerable del apoyo al PSOE-A, lo que podría traducirse en uno de sus peores resultados históricos en autonómicas.
Reacciones desde Ferraz y Moncloa
Ante la presión interna y externa, las declaraciones oficiales han buscado transmitir firmeza y control:
Pedro Sánchez: defensa institucional y compromiso contra el acoso
El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha defendido públicamente la actuación del partido frente a las acusaciones, subrayando que la lucha contra el acoso y el abuso debe ser una prioridad y que el PSOE ha actuado con «contundencia y transparencia». Sánchez ha enfatizado que no aceptará «lecciones» de la oposición en estos ámbitos, defendiendo los avances en políticas de igualdad y lucha contra la violencia de género.
Sin embargo, esta posición no ha logrado satisfacer plenamente a todos dentro de su propio partido, donde existen críticas a la prisa por cerrar filas antes de abordar reformas estructurales que garanticen una respuesta más eficaz ante casos de acoso.
Líderes regionales y federales: demandas de claridad
Algunas federaciones han reclamado que Ferraz emita directrices más claras y que se establezcan protocolos internos con mayor participación de las bases socialistas para evitar que situaciones similares vuelvan a generar fracturas significativas. Estas exigencias se han convertido en elementos de confrontación interna entre quienes defienden una línea orgánica más centralizada y quienes piden mayor autonomía para las federaciones territoriales.
Críticas de la oposición y efectos en el debate público
La oposición política ha aprovechado la crisis interna del PSOE para reforzar su posición política y criticar tanto al Gobierno como al partido por supuestas deficiencias éticas y de liderazgo:
El PP y Vox: ataques frontales
El Partido Popular (PP) ha calificado la situación como una demostración de la falta de control y credibilidad del PSOE, acusando a Sánchez de encubrir o minimizar cuestiones internas graves. Figuras del PP han acusado al presidente de ser «cínico» o de haber perdido legitimidad moral para liderar el país dado el cúmulo de escándalos y tensiones.
Vox y otras formaciones de derecha también han intensificado sus críticas, presentando los casos como evidencia de una cultura de impunidad y corrupción dentro del progresismo español, con el objetivo de capitalizar electoralmente el desgaste del PSOE y atraer a votantes desencantados.
El impacto en la militancia y el futuro del PSOE
Para muchos militantes socialistas, la actual crisis ha generado una reflexión profunda sobre la salud institucional del partido. Sectores tradicionalmente progresistas dentro del PSOE han expresado su preocupación porque la gestión de estos casos dañe no sólo la reputación política del partido, sino también sus credenciales ideológicas en temas como igualdad de género y defensa de los derechos humanos.
Además, algunos analistas y voces internas hablan ya de un posible «ciclo de renovación» que podría derivar en cambios significativos en el liderazgo y en las estructuras de toma de decisiones del partido en el próximo congreso federal, previsto o no para situaciones extremas como esta.
Un PSOE fracturado entre casos, estrategia y credibilidad
La crisis actual del PSOE, marcada por la guerra interna en varias federaciones a cuenta de casos de acoso sexual, refleja una combinación de tensiones orgánicas, fallos en la gestión de la comunicación interna y presiones externas que han puesto en tela de juicio la capacidad del partido para autoorganizarse y responder con eficacia a situaciones de crisis.
Lo que empezó como una serie de denuncias individuales ha terminado por desencadenar conflictos territoriales, debates estratégicos sobre el futuro de la dirección nacional y una fuerte crítica pública desde la oposición, en un contexto en el que la legitimidad del PSOE ya estaba debilitada por otros frentes judiciales y electorales.
De cara a 2026, la capacidad del PSOE para superar estas tensiones internas y presentar un mensaje coherente y sólido tanto a sus militantes como al electorado será clave no sólo para su supervivencia como fuerza política dominante de la izquierda, sino también para la estabilidad del propio Gobierno y del sistema político español en su conjunto.
Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.






