El Zoo de Barcelona ha cerrado una etapa histórica con la desaparición definitiva de los tigres de sus instalaciones. Durante la segunda mitad de 2025, los dos últimos ejemplares que habitaban el parque, Tibor y Pertama, fallecieron a causa de problemas de salud asociados a su avanzada edad. Con su muerte, el zoológico pone fin a décadas de presencia de una de las especies más emblemáticas y carismáticas del reino animal, una decisión que no responde únicamente a una circunstancia puntual, sino que se enmarca dentro de un profundo cambio de modelo y de misión de la institución.

La noticia ha generado una fuerte carga simbólica tanto entre los trabajadores del Zoo como entre los visitantes habituales de la ciudad. Los tigres han sido, durante generaciones, uno de los grandes reclamos de los zoológicos de todo el mundo y Barcelona no fue una excepción. Sin embargo, la dirección del parque ha subrayado que no está prevista la llegada de nuevos ejemplares y que el espacio que hasta ahora ocupaban estos grandes felinos será reconvertido de acuerdo con los nuevos objetivos estratégicos del centro.

El adiós a Tibor y Pertama

Tibor y Pertama llegaron al Zoo de Barcelona hace años, en el marco de programas de cooperación entre zoológicos europeos. Ambos superaron con creces la esperanza de vida media de los tigres en cautividad, gracias a cuidados veterinarios constantes, una alimentación controlada y un seguimiento exhaustivo de su estado físico y emocional. En los últimos años, sin embargo, comenzaron a mostrar signos claros de deterioro propios de la edad: problemas articulares, disminución de la movilidad y patologías crónicas que, pese al tratamiento, fueron mermando progresivamente su calidad de vida.

Desde el Zoo se ha explicado que la decisión de no introducir nuevos tigres estaba tomada con anterioridad a su fallecimiento. “La muerte de Tibor y Pertama no ha sido el detonante, sino el punto final de un proceso de reflexión que llevábamos tiempo desarrollando”, señalan fuentes del parque. Durante sus últimos meses, ambos animales recibieron cuidados paliativos y seguimiento permanente por parte del equipo veterinario, priorizando en todo momento su bienestar.

Un cambio de paradigma en los zoológicos urbanos

El caso del Zoo de Barcelona no es aislado. En los últimos años, numerosos zoológicos europeos han iniciado una transformación profunda de su papel en la sociedad. Lejos de la imagen tradicional de espacios dedicados principalmente a la exhibición de animales exóticos, muchos centros están redefiniendo su misión para centrarse en la conservación, la investigación científica y la educación ambiental.

En este contexto, el mantenimiento de grandes especies como los tigres plantea importantes desafíos éticos, económicos y logísticos. Se trata de animales con enormes necesidades de espacio, estimulación y cuidados especializados, cuya conservación efectiva depende en gran medida de programas internacionales complejos y costosos. Además, su hábitat natural se encuentra a miles de kilómetros de Barcelona, lo que dificulta establecer un vínculo directo entre su presencia en el zoo y la sensibilización sobre los ecosistemas locales.

La dirección del Zoo ha reconocido que, si bien los tigres siguen siendo una especie en grave peligro de extinción a nivel global, existen otras formas más eficaces de contribuir a su protección, como el apoyo a proyectos de conservación in situ en Asia o la colaboración con organizaciones internacionales especializadas.

Prioridad a las especies autóctonas y amenazadas

El nuevo enfoque estratégico del Zoo de Barcelona pone el acento en la conservación de especies autóctonas y en peligro de extinción del entorno mediterráneo y europeo. Esta línea de actuación busca reforzar el papel del zoo como agente activo en la protección de la biodiversidad más cercana, aquella que a menudo pasa desapercibida para el gran público.

Anfibios, reptiles, aves y pequeños mamíferos amenazados por la pérdida de hábitat, la contaminación o el cambio climático ocupan ahora un lugar central en los programas del parque. Especies como el tritón del Montseny, el quebrantahuesos o diversas tortugas mediterráneas se han convertido en protagonistas de proyectos de cría en cautividad, investigación y reintroducción en la naturaleza.

Según explican desde el Zoo, este cambio permite un impacto más directo y medible en la conservación real de la fauna. “Trabajar con especies locales nos permite cerrar el círculo: investigación, educación y conservación se refuerzan mutuamente y tienen un efecto tangible en nuestro entorno”, señalan responsables del área científica.

Educación ambiental y conciencia ciudadana

Uno de los pilares fundamentales del nuevo modelo del Zoo de Barcelona es la educación ambiental. La institución busca convertirse en un espacio de aprendizaje activo, donde los visitantes no solo observen animales, sino que comprendan los ecosistemas de los que forman parte y los retos que afrontan.

La desaparición de los tigres obliga también a replantear los discursos educativos tradicionales, centrados durante décadas en grandes especies exóticas. En su lugar, el Zoo apuesta por explicar la importancia de los ecosistemas locales, la interdependencia entre especies y el papel del ser humano en la conservación o destrucción del medio natural.

Las áreas que anteriormente albergaban animales emblemáticos serán transformadas en espacios didácticos, instalaciones dedicadas a especies autóctonas o zonas verdes que recrean hábitats mediterráneos. El objetivo es ofrecer una experiencia más coherente con los valores de sostenibilidad, respeto ambiental y responsabilidad colectiva.

Reacciones del público y del sector

La noticia del adiós definitivo a los tigres ha generado reacciones diversas entre la ciudadanía. Para muchos barceloneses, el Zoo está ligado a recuerdos de infancia en los que los grandes felinos ocupaban un lugar destacado. En redes sociales y foros de opinión, algunos visitantes han expresado tristeza y nostalgia, mientras que otros han mostrado comprensión e incluso apoyo a la decisión.

Desde organizaciones ecologistas y expertos en conservación, el paso dado por el Zoo de Barcelona ha sido valorado de forma mayoritariamente positiva. Consideran que reducir la presencia de grandes animales exóticos en zoológicos urbanos es coherente con las nuevas sensibilidades sociales y con los avances en el conocimiento del bienestar animal.

No obstante, también se advierte de la necesidad de mantener una comunicación clara y transparente con el público. “Es fundamental explicar por qué se toman estas decisiones y qué beneficios reales tienen para la conservación”, señalan especialistas en educación ambiental.

Un futuro sin tigres, pero con más biodiversidad

La ausencia de tigres marca un antes y un después en la historia del Zoo de Barcelona. Lejos de interpretarse como una pérdida, desde la institución se insiste en que se trata de una oportunidad para redefinir su identidad y su relación con la ciudad.

El plan estratégico contempla ampliar los programas de conservación, reforzar la colaboración con universidades y centros de investigación, y consolidar al Zoo como un referente en divulgación ambiental. Todo ello, alineado con las políticas municipales y europeas de sostenibilidad y protección de la biodiversidad.

En este nuevo escenario, el Zoo aspira a ser un espacio más integrado en el tejido urbano, un lugar donde la naturaleza no se presenta como algo exótico y lejano, sino como una realidad cercana que requiere cuidado y compromiso.

Memoria y legado de una especie emblemática

Aunque ya no haya tigres en sus instalaciones, el Zoo de Barcelona no olvida el papel que estos animales han tenido en su historia. Tibor y Pertama forman parte de la memoria colectiva del parque y de las generaciones de visitantes que aprendieron a admirar y respetar la fauna salvaje gracias a ellos.

El Zoo estudia la posibilidad de dedicar espacios expositivos y contenidos educativos que expliquen la historia de los tigres en la institución, su situación actual en la naturaleza y los esfuerzos internacionales para evitar su desaparición. De este modo, su legado continuará vivo, no a través de la exhibición directa, sino del conocimiento y la conciencia.

Una decisión alineada con los tiempos

El adiós a los tigres simboliza, en última instancia, la adaptación del Zoo de Barcelona a los nuevos tiempos. En una sociedad cada vez más sensibilizada con el bienestar animal y la crisis ambiental, los zoológicos se enfrentan al reto de reinventarse para seguir siendo relevantes y útiles.

La apuesta por las especies autóctonas, la conservación efectiva y la educación ambiental sitúa al Zoo en una posición coherente con estos desafíos. La desaparición de una especie tan icónica puede resultar impactante, pero también abre la puerta a un modelo más sostenible, responsable y conectado con la realidad ecológica del entorno.

Así, mientras Tibor y Pertama se despiden definitivamente, el Zoo de Barcelona inicia una nueva etapa, marcada no por la espectacularidad de los grandes felinos, sino por el compromiso con la biodiversidad, el conocimiento y el futuro del planeta.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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