Una verbena fascista, tres incidentes y una curiosa reclamación

 

altNo solo al gobierno le molestaban las urnas del 9-N. Varios grupos ultraderechistas reunidos en la plataforma La España en Marcha –Democracia Nacional, Alianza Nacional, Nudo Patriota y La Falange, con diferencias doctrinales presumiblemente nulas y bien hermanados por su cerrilidad– convocaron una concentración ante la Delegación del Gobierno de Barcelona, bajo el lema “El ser rotas es el más noble destino de todas las urnas”, frase original de uno de los grandes teóricos políticos del siglo XX, José Antonio Primo de Rivera.

 

 

 

No solo al gobierno le molestaban las urnas del 9-N. Varios grupos ultraderechistas reunidos en la plataforma La España en Marcha –Democracia Nacional, Alianza Nacional, Nudo Patriota y La Falange, con diferencias doctrinales presumiblemente nulas y bien hermanados por su cerrilidad– convocaron una concentración ante la Delegación del Gobierno de Barcelona, bajo el lema “El ser rotas es el más noble destino de todas las urnas”, frase original de uno de los grandes teóricos políticos del siglo XX, José Antonio Primo de Rivera.

 

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Así, mientras que otras fuerzas de sesgo antisoberanista libraban su particular cruzada de denuncias en el ámbito pulcro y mesurado de los tribunales, la ultraderecha alegre y combativa amenazaba con reventar la consulta a coces. Las autoridades centrales y autonómicas temían las consecuencias de la visita en forma de disturbios o ataques a centros de votación (se había anunciado el flete de varios autocares desde Madrid), así que el despliegue policial de los Mossos d’Esquadra ante la sede gubernativa fue considerable.

 

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A la hora de la verdad (las doce del mediodía), la presencia ultra resultó decepcionante para los amantes de las emociones fuertes, cuando menos a efectos de tropa: no llegaban al centenar los miembros de la hueste presentes en la concentración fascista… ¡Qué chasco para el gremio del transporte discrecional de Madrid! Se supone que la resaca y pereza dominicales vencieron a los sentimientos patrióticos. Eso , los ardorosos defensores de España allí reunidos protagonizaron el espectáculo colorido de siempre, bien arropados de símbolos que son un insulto a la humanidad; con unción en sus bélicas canciones, quemaron un par de estelades y papeletas de voto –eran de libre acceso, podían bajarse desde Internet– y reconocieron e increparon con violencia al fotoperiodista Jordi Borràs, poco amigo de su imperial causa, hasta lograr que prudentemente se retirara del lugar. Podía haber sido mucho peor.

 

Mayor gravedad adquirió el asalto al centro de votación instalado en Escuela de Hostelería y Turismo de la ciudad de Girona, una media hora antes de iniciarse la concentración ante la Delegación barcelonesa. Cinco individuos que lucían símbolos fascistas y gritaban consignas homólogas rompieron una urna, pero la aventura les salió rana, porque voluntarios y votantes les hicieron frente, logrando retener a dos de ellos, entregados luego a los Mossos d’Esquadra. Más tarde, la policía autonómica detuvo a otros dos miembros del grupo. El juez los dejó en libertad con cargos.

 

Hacia las 13 h tuvo lugar el segundo incidente grave de la jornada, esta vez en la localidad barcelonesa de Santa Margarida de Montbui, donde dos hombres intentaron quemar las urnas. No pudieron hacerlo y también fueron detenidos por los Mossos d’Esquadra.

 

Por último, el tercer atentado contra la votación tuvo lugar en Cardedeu (Barcelona). Durante el recuento se halló un sobre relleno de polvo blanco y con una nota mecanografiada con tinta roja y amarilla, cuyo texto asignaba a la sustancia propiedades tóxicas y calificaba a Cataluña de república bananera. Los Mossos d’Esquadra desalojaron el local por precaución, pero el escrutinio pudo reanudarse cuando se comprobó que solo se traba  de una broma pesada.

 

En contraposición a los enemigos del 9-N, la reivindicación más insólita de la jornada fue protagonizada por las presas de la cárcel de mujeres de Barcelona, situada a pocos pasos de la Villa Olímpica del Poble Nou. Las reclusas, apostadas en las ventanas de sus celdas, reclamaron a voz en grito su derecho al voto. El jaleo resultó notorio, perfectamente audible desde la calle.

 

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