El PSOE atraviesa un momento crítico. Cinco de sus figuras más visibles han protagonizado comentarios o están involucradas en episodios que la opinión pública considera abiertamente machistas, un hecho que amenaza con abrir una brecha electoral significativa para el partido y, sobre todo, para el liderazgo de Pedro Sánchez. La polémica no solo cuestiona la coherencia del PSOE con sus compromisos de igualdad de género, sino que además pone en riesgo el apoyo de un sector clave de su electorado: las mujeres, cuya fidelidad fue decisiva en la investidura del presidente.

El respaldo femenino que sostuvo de manera crucial la investidura de Sánchez se ha convertido hoy en su grieta más sensible. La polémica ha adquirido una dimensión más grave tras la citación del hasta ahora director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González, por un presunto caso de agresión sexual. Este escándalo impacta de lleno en la fisura que ya mostraba desgaste por el goteo constante de denuncias y episodios machistas vinculados a las siglas socialistas. La situación irrumpe en el peor momento posible: tras el batacazo en Aragón y el desplome en Extremadura, el margen político de Sánchez se estrecha y cada crisis interna incrementa su coste en votos.

El repóquer de ases machistas: de Tito Berni a José Tomé

El PSOE ha visto cómo episodios de distintos dirigentes han ido erosionando la imagen de un partido que se presenta como baluarte del feminismo. Entre los casos más destacados se encuentran:

  • Tito Berni, exdiputado socialista vinculado al caso Mediador, cuyo presunto ecosistema de fiestas, prostíbulos y favores comprometió la percepción ética del partido.
  • José Luis Ábalos y Koldo García, implicados en la polémica de las comisiones por la compra de mascarillas y un peculiar “casting de prostitutas”, que saltó a los medios nacionales.
  • Paco Salazar, señalado por denuncias de acoso sexual en La Moncloa que permanecieron cinco meses sin respuesta efectiva.
  • José Tomé, expresidente de la Diputación de Lugo, acusado por seis mujeres de conductas inapropiadas que permanecieron en la penumbra hasta ser destapadas por televisión.
  • José Ángel González, cuyo presunto caso de agresión sexual actual refuerza la sensación de un patrón de impunidad o gestión tardía de denuncias dentro del partido.

El patrón que atraviesa estos casos es tan relevante como los propios episodios: en la mayoría de ellos, la primera reacción del partido fue alegar desconocimiento. Días después, se admitía que existían advertencias internas o indicios que circulaban durante semanas o meses sin que se tradujeran en decisiones visibles. La respuesta orgánica llegaba cuando el asunto ya estaba en titulares, y el desgaste era inevitable. Este desfase entre lo que se sabía y lo que se hacía hoy pone en cuestión la solidez de Ferraz y debilita el mensaje de Sánchez de que se había actuado con contundencia.

La erosión del voto femenino

Las encuestas y proyecciones históricas muestran un panorama preocupante. En diciembre, las proyecciones de Sigma Dos para EL MUNDO advertían que, con una participación similar a la de 2023, el PSOE podría perder más de 162.000 votos femeninos. Cabe recordar que fue el único gran partido nacional con mayor proporción de mujeres que de hombres entre su electorado, un 28% frente al 23%.

El segmento que sostuvo la mayoría de Sánchez es precisamente el que ahora muestra mayor volatilidad. La concatenación de escándalos —de Tito Berni a Ábalos, pasando por Koldo, Salazar y Tomé— ha erosionado la credibilidad del discurso feminista que Sánchez defendía hace apenas unos meses, antes del 8-M, cuando se comprometía a consolidar a España como “un baluarte mundial del feminismo”.

“La fidelidad del electorado femenino no se da por sentada”, advierte María López, politóloga especializada en sociología electoral. “Cuando se percibe que las palabras del partido y sus políticas no se traducen en acciones concretas frente al machismo, la respuesta puede ser la abstención o el voto a otras formaciones”.

Una crisis en el peor momento político

El impacto electoral de esta serie de polémicas no puede separarse del contexto político actual. Tras los resultados negativos en Aragón y Extremadura, el PSOE enfrenta un margen político cada vez más estrecho. Cada crisis interna, especialmente vinculada a escándalos de índole machista, incrementa el coste en votos y dificulta la estrategia de consolidación que Sánchez buscaba tras su última legislatura.

Además, la coincidencia temporal de los casos ha amplificado la sensación de descoordinación y falta de reacción efectiva. En varios episodios, las denuncias internas permanecieron meses sin respuesta, solo activándose los protocolos tras presión mediática o filtraciones externas. Este desfase erosiona la percepción de Ferraz como un órgano capaz de gestionar y prevenir este tipo de conflictos, y coloca a Sánchez en una posición delicada frente a la opinión pública.

La dimensión mediática y social

La cobertura mediática ha amplificado el efecto de la polémica. Los casos han ocupado portadas nacionales, espacios de debate y tendencias en redes sociales. La combinación de escándalos recientes con la percepción histórica de episodios machistas genera un efecto acumulativo, que cuestiona no solo la imagen de determinados dirigentes sino la coherencia del proyecto político socialista.

Organizaciones feministas y colectivos de mujeres han criticado que estas actitudes reflejan problemas estructurales, recordando que la política contemporánea exige coherencia entre discurso y comportamiento. La exposición mediática ha hecho que estas cuestiones se perciban como un desafío ético, no solo como un problema interno del partido.

Estrategias de mitigación

Ante la presión, el PSOE ha reaccionado con declaraciones públicas de repudio, reuniones con colectivos feministas y la activación de protocolos internos. Sin embargo, expertos advierten que estas medidas pueden ser insuficientes si no se acompañan de acciones visibles y ejemplares. “La credibilidad se demuestra con hechos, no solo con comunicados”, subraya López.

Algunos analistas consideran que es crucial que el partido revise sus protocolos de gestión de denuncias y cultura interna, garantizando que cualquier indicio de conducta machista o sexualmente inapropiada se aborde de manera inmediata. Solo así podrá contener la erosión del voto femenino y restablecer la confianza de su electorado.

Escenarios electorales posibles

Las encuestas recientes sugieren varios escenarios:

  1. Recuperación parcial: si el PSOE actúa con rapidez y transparencia, podría contener la fuga de votos y reforzar su base femenina.
  2. Erosión sostenida: si los escándalos continúan siendo amplificados o mal gestionados, el partido podría perder apoyo crítico entre mujeres jóvenes y urbanas.
  3. Fragmentación del voto progresista: el descontento podría beneficiar a partidos de izquierda emergentes, debilitando la posición del PSOE frente a la derecha y centro-derecha.

El “repóquer de ases machistas” del PSOE no es solo un incidente aislado, sino un síntoma de un problema estructural que combina la persistencia de actitudes machistas, gestión tardía de denuncias y desgaste mediático acumulado. Para Pedro Sánchez, la gestión de esta crisis no solo determinará la fidelidad del voto femenino, sino la percepción de coherencia y ética de todo su gobierno.

La lección es clara: en la política contemporánea, la coherencia ética y la sensibilidad social son factores decisivos. Ignorar estos elementos puede traducirse en pérdida de votos, debilitamiento del liderazgo y un desafío más profundo para la credibilidad del partido. Para el PSOE, el tiempo para actuar de manera contundente y visible se ha vuelto más limitado que nunca.

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