La Policía Nacional española vive uno de sus momentos más sombríos en lo que va de año. En tan solo ocho meses de 2025, diez agentes han decidido poner fin a sus vidas, tres de ellos ayer. Estos hechos, ocurridos en Madrid, Jaén y Las Palmas de Gran Canaria, han sacudido al cuerpo policial y han reavivado el debate sobre la salud mental en las fuerzas de seguridad. Sindicatos como JUPOL, el mayoritario en la Policía Nacional, alertan de un «grave problema» que se agrava por la falta de recursos y la indiferencia institucional. Mientras el Día Mundial para la Prevención del Suicidio se acerca el 10 de septiembre, expertos y representantes sindicales exigen medidas urgentes para evitar que esta lacra siga cobrándose vidas.
Jornada negra para la Policía Nacional
El lunes 1 de septiembre de 2025 quedará marcado en la historia de la Policía Nacional como uno de los días más oscuros. Tres agentes, en diferentes puntos de la geografía española, optaron por el suicidio. El primero se registró en Madrid, donde un policía destinado en la capital puso fin a su vida en circunstancias que aún se investigan, pero que, fuentes sindicales, se atribuyen a un cúmulo de estrés laboral acumulado. Horas después, en Jaén, otro agente hizo lo propio, causando consternación en la comisaría local y en la comunidad andaluza. Finalmente, en Las Palmas de Gran Canaria, un tercer policía completó esta cadena de tragedias, elevando el contador anual a diez suicidios en el cuerpo.
Estos incidentes no son aislados. Según datos recopilados por sindicatos y organizaciones, los suicidios en la Policía Nacional han mostrado una tendencia al alza en los últimos años. En 2025, los diez casos superan ya los registrados en todo 2024, cuando se contabilizaron diez, y los seis de 2023. Esta escalada preocupa a los expertos, que señalan que detrás de cada número hay una historia de sufrimiento silencioso.
JUPOL, en un comunicado emitido este martes, lamentó profundamente las pérdidas y subrayó que «detrás de cada cifra hay una familia destrozada, compañeros en shock y un sistema que falla en proteger a sus propios miembros». El sindicato, que representa a miles de agentes, denuncia que los recursos actuales son «totalmente insuficientes» para una plantilla que supera los 75.000 policías en activo.
Una tendencia preocupante
Para entender la magnitud del problema, es necesario mirar hacia atrás. En España, los suicidios en las fuerzas de seguridad –incluyendo Policía Nacional y Guardia Civil– han sido una «lacra» constante, con una media de unos 20 casos al año en la última década. Específicamente en la Policía Nacional, las cifras oscilan entre 8 y 13 anuales. Por ejemplo, en 2017 se registraron 13 suicidios, el año más negro hasta entonces, mientras que en 2020, en plena pandemia, la cifra bajó a 9, posiblemente influida por el confinamiento y los cambios en las dinámicas laborales.
Según un informe del Gobierno español de 2020, entre 2001 y 2020 se produjeron 160 suicidios en la Policía Nacional y 235 en la Guardia Civil, cifras que se mantienen como «materia reservada» por su sensibilidad. En comparación con la población general, los agentes de policía tienen un riesgo de suicidio hasta un 54% mayor, según estudios de años anteriores. La tasa media de edad de los afectados ronda los 42-47 años, con un predominio de hombres, aunque las mujeres, que representan alrededor del 15% de la plantilla, también están expuestas.
En 2023, el Instituto Nacional de Estadística (INE) reportó 4.116 suicidios en toda España, un incremento del 1,6% respecto al año anterior. Sin embargo, en el ámbito policial, las cifras no bajan. Durante el mandato de Pedro Sánchez, la media anual ha superado las históricas, alcanzando 21,88 suicidios combinados entre Policía y Guardia Civil. Estos datos, aunque alarmantes, podrían subestimar la realidad, ya que muchos casos se clasifican como «accidentes» para evitar estigmas.
Estrés, presión y silencio
¿Qué lleva a un agente de policía a tomar una decisión tan drástica? Los expertos coinciden en que el suicidio en este colectivo es multifactorial. El estrés crónico es el principal culpable: exposición diaria a violencia, delitos graves, turnos irregulares y la responsabilidad de proteger a la sociedad generan un desgaste emocional inmenso. «Los policías no son superhéroes; son personas que acumulan traumas sin el apoyo necesario», explica un psicólogo especializado en fuerzas de seguridad, que prefiere mantener el anonimato.
A esto se suma la falta de reconocimiento institucional, bajos salarios en comparación con el riesgo asumido y la burocracia asfixiante. En Jaén, por ejemplo, el suicidio reciente ha sido atribuido por compañeros a una combinación de problemas personales agravados por el trabajo. «Es una profesión que te consume por dentro», confiesa un agente en activo de la comisaría jiennense.
Otro factor clave es el estigma alrededor de la salud mental. Muchos policías temen pedir ayuda por miedo a ser apartados de sus puestos o vistos como «débiles». Según JUPOL, la formación inicial en la academia no incluye preparación específica para manejar el estrés emocional, dejando a los agentes desprotegidos ante crisis. Además, la pandemia de COVID-19 y eventos recientes como disturbios sociales han exacerbado el problema, con un aumento del 54% en suicidios policiales desde 2021.
Reacciones sindicales
La respuesta de los sindicatos no se ha hecho esperar. JUPOL ha sido el más vocal, exigiendo al Ministerio del Interior y a la Dirección General de la Policía una «respuesta inmediata». Proponen aumentar el número de psicólogos especializados –actualmente, el Gabinete de Intervención Psicosocial cuenta con recursos limitados–, implementar protocolos de detección temprana de señales de alerta y lanzar campañas de concienciación internas.
La Unión Federal de Policía (UFP) se une al clamor, sugiriendo una mesa de estudio conjunta para analizar patrones comunes y reforzar el apoyo psicológico. «No podemos seguir ignorando esto mientras perdemos compañeros», afirma un portavoz de UFP.
En Jaén, la consternación local ha llevado a JUPOL a reclamar recursos específicos para provincias con menos apoyo, destacando que tragedias como esta podrían evitarse con intervención temprana.
Medidas existentes
La Policía Nacional no parte de cero en la prevención del suicidio. Desde 2018, la Brigada Central de Investigación Tecnológica opera una unidad especializada en monitorear redes sociales para detectar intenciones suicidas. Esta «patrulla virtual» ha intervenido en 259 casos hasta 2024, con 18 más en 2025, salvando vidas al alertar a familias y autoridades. El 36% de los casos involucran menores, pero también se extiende a adultos, incluyendo agentes. Un ejemplo reciente: dos agentes en Marbella evitaron un suicidio mediante una estrategia discreta, demostrando la efectividad de estas iniciativas.
A nivel nacional, el Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027, aprobado por el Ministerio de Sanidad, incluye medidas como líneas de atención 24/7 y campañas públicas. Sin embargo, críticos señalan que no aborda específicamente las necesidades de las fuerzas de seguridad, donde el acceso a armas facilita actos impulsivos.
La Policía ofrece un teléfono de asistencia psicológica (91 582 10 43) y JUPOL su servicio SOS (633 722 848), pero estos son paliativos, no preventivos.
La oleada de suicidios en 2025 debe servir como punto de inflexión. Expertos como los de la Fundación ANAR insisten en la necesidad de destigmatizar la salud mental y proporcionar herramientas desde la formación inicial. «Cada suicidio es un fracaso colectivo», resume un informe sobre el tema.
